27 enero 2012

MANTO DE NEBLINA


Las islas Malvinas han constituido un problema constante para los argentinos. Al menos desde 1833, cuando fueron finalmente ocupadas por el Imperio Británico y se transformaron en una herencia irresuelta para todos los gobiernos.
Hacia mediados de la década del setenta, la larga usurpación británica languidecía y se decoloraba de una forma que parecía irreversible. Por el propio peso de la cercanía continental, la Argentina había comenzado a "re colonizar" las islas: oficinas de YPF, vuelos regulares de LADE y Aerolíneas, personal de correos y otros muchos rubros de servicios facilitaban la vida diaria de los isleños, olvidados por la lejana metrópoli europea por lejanos, caros y obsoletos en tanto trofeo de conquista demasiado anterior. La reconquista pacífica argentina de los dos islotes en cuestión también parecía algo irreversible. En Inglaterra, se llamaba despectivamente "kelpers" a los isleños, todos de habla inglesa y súbditos de la corona, pero sin ninguna importancia para la política interna de los sucesivos gobiernos ingleses.
En 1976, el golpe cívico-militar, auspiciado por el Departamento de Estado de los EEUU y encabezado por Videla, Massera y Agosti, desató en Argentina un nivel de terror estatal desconocido hasta entonces. Como bien lo explica Naomi Klein en su libro "La Doctrina del Shock", la desaparición forzada de personas, la tortura sistemática y otras violaciones terribles a los derechos humanos, tenían por objetivo, no la derrota de una fracción ideológica rival armada sino la aplicación de una doctrina económica y un plan de ajuste, privatización y vaciamiento del Estado Nacional que hubiera sido imposible de aplicar en democracia.
En Inglaterra, casi de manera simultánea, la crisis económica hacía evidente la necesidad (dentro de la lógica del capitalismo occidental) de un ajuste brutal. En 1980, el gobierno inglés encabezado por Margaret Tatcher, torie y ferozmente conservadora, tambaleaba bajo una creciente impopularidad. Y eso que aún no había perpetrado las medidas de ajuste feroz que demandaba la doctrina monetarista originada en Milton Friedman y la llamada Escuela de Chicago.
Hacia 1982, el régimen que sometía a la Argentina estaba exhausto. El ajuste salvaje y el terror del aparato de seguridad del Estado no habían logrado frenar el reclamo social, encabezado por la CGT por un lado y las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos por el otro. De alguna manera, el pueblo empezaba a mostrar signos claros de que se estaba empezando a  perder el miedo a la dictadura y su aparato represivo.
La guerra fue, en este contexto, una necesidad mutua. Por parte de la dictadura argentina, la necesidad de provocar un shock que explotara el patriotismo natural del pueblo y salvara al "proceso" del desastre político; por el lado inglés, la de distraer con una acción bélica la creciente desocupación, la recesión y las medidas de ajuste que no se harían esperar, entre las que se contaba la pérdida de empleo de decenas de miles de trabajadores.
Esta es la única trastienda real de la guerra de 1982, crudamente expresada: dos gobiernos que adscribían a la misma doctrina económica, encuadrados en un mismo esquema ideológico y dentro de la misma esfera geopolítica; que llegaban a un conflicto armado por conveniencias similares de orden coyuntural.
La justicia del reclamo argentino y los héroes que parió esa guerra insensata, son un tema absolutamente diferente. Lo es también, aunque valga señalarlo aquí, la proverbial cobardía e impericia de los comandantes. Son tópicos de otra discusión.
Hoy, treinta años más tarde, el gobierno británico afronta la certeza de que la crisis económica que recorre Europa será inevitable fronteras dentro. Y la respuesta invariable de de todos los gobiernos está siendo la misma que en 1980: ajuste sobre ajuste. Es decir, friedmanismo. La doctrina del capitalismo salvaje.
Nosotros sabemos de eso.
De ahí que Londres necesite imperativamente "malvinizar" su discurso, cosa que está haciendo con la sutileza de un diente de madera.
Decía Marx que Hegel decía que la historia ocurre como tragedia y se repite como farsa. El primer ministro Cameron fuerza el discurso en la necesidad desesperada de distraer la atención de la población inglesa del tsunami que se viene. El razonamiento es básico: si le funcionó a Maggie, nos funcionará a nosotros. La amenaza "argie" de nuevo en ristre.
La conducta del gobierno argentino ha sido impecable, en gran medida debido a la claridad conceptual que la Presidenta tiene sobre el tema. Una respuesta militar por parte de nuestro país a las constantes provocaciones inglesas está fuera de cuestión y tan sólo existe en las recalentadas cabecitas de los funcionarios ingleses y en el discurso de los medios de comunicación de por aquí, un poco por cipayismo y otro poco por la necesidad de atacar al Gobierno (y al país, de paso) con cualquier piedra que tengan a la mano.
La "malvinización" tramposa que proponen los británicos y sus siervos locales responde a necesidades e intereses que no son los nuestros. Seguiremos reclamando en los foros diplomáticos internacionales y, en el marco del Mercosur, sancionando pacíficamente el crimen colonial que la envejecida Inglaterra continúa perpetrando. Y a su tiempo, con trabajo diplomático y patriotismo, recuperaremos ese territorio usurpado. El manto de neblina se levantará definitivamente. Es inevitable.
Pero no se hagan ilusiones los perros de la guerra. Ni los de allá ni los de acá. No dispararemos un sólo tiro. Que se arregle de otra forma el señor Cameron para distraer a su pueblo de las penurias que les tiene reservadas.
MP


26 enero 2012

ECOFASCISMO


El diario La Nación publica hoy, bajo el título "Dura respuesta de Greenpeace a Cristina", desarrolla este artículo:
Greenpeace no tardó en reaccionar luego de que la presidenta Cristina Kirchner dijera que no había escuchado críticas de ninguna organización ecologista "por lo que están haciendo en Malvinas".
Ayer, en su primera aparición pública tras la operación a la que fue sometida, Cristina habló sobre el conflicto con el Reino Unido por la soberanía de las islas y mencionó "la defensa de los recursos naturales".
"No escuché a ninguna organización ecologista hacer críticas por lo que están haciendo en Malvinas, ni de las nacionales y de las internacionales. Me gustaría que con la misma fuerza con que defienden tantas causas nobles, hablen de la explotación petrolera sin control, la depredación pesquera [que practican los británicos en el Atlántico Sur]", dijo la Presidenta.
La organización Greenpeace contestó enseguida. En su página web , la organización aclaró que en 1998 denunciaron la expansión de las empresas petroleras en aguas profundas para la explotación de los recursos fósiles.
"Greenpeace ha estado manifestándose en contra de esta actividad en todos los mares del mundo. Entre los casos proyectados y denunciados por Greenpeace en ese año se encuentra el de las islas Malvinas", explicaron.
La coordinadora de la unidad política, Eugenia Testa, dijo en diálogo con radio Mitre: "No nos sentimos aludidos porque Greenpeace ha sido una de las ONG que habló sobre explotación petrolera".
Respecto de la pesca ilegal, Testa sostuvo: "Este año denunciamos que la posición argentina era muy flexible y que dejaba abierta la posibilidad de que estas actividades siguieran adelante sin control".
"Dentro de sus políticas de gobierno, la cuestión ambiental ha brillado por su ausencia", deslizó..

Ya se que el lector se preguntará si decir que uno no se siente aludido constituye una "dura respuesta". Pero estamos en una guerra del relato. Se entiende. Y se entiende también que la oposición mediática TENÍA que salir a responder con algo al regreso de la Presidenta a la actividad púbica. Al fin y al cabo son LA ÚNICA oposición que hay. Tremenda responsabilidad. 
Que la multinacional Greenpeace haya salido a hacer este módico descargo sobre los dichos de Cristina Fernández en radio Mitre, perteneciente al Grupo Clarín, es más complejo. ¿O será que se han olvidado momentáneamente del caso de los Esteros del Iberá y del nombre de José Aranda? Pues uno se pregunta justificadamente si Greenpeace no tiene nada que decir sobre eso o si la difusión que garantiza el oligopolio más grande de la Argentina nubla de intereses los nobles (!) objetivos de la organización.
Pero hay algo más que decir sobre la multinacional Greenpeace. Si me permite el lector, transcribiré aquí un reportaje que publicó Página|12 en 2008 a Jorge Orduna, periodista autor del libro Ecofascismo, cuya lectura, de paso, se recomienda. Puede resultar algo extenso, pero es muy ilustrativo para entender la nota de La Nación, el descargo por radio Mitre y, finalmente, la "dura respuesta" de la multinacional verde.

“Hay un gran temor a contradecir”


 Por Silvina Friera

Es hora de preguntarse por el verdadero carácter del movimiento ecologista. De dónde viene y adónde va. Aunque comprender la realidad de las instituciones ambientalistas sea un asunto complejo. La imagen que se tiene de World Wide Foundation, la del inocente y encantador osito panda, o Greenpeace no ayuda a despejar el panorama. Gente joven, altruista, libre, que defiende las maravillas naturales de la creación, lucha cual pequeño David contra ese Goliat que es tan fácil odiar: la máquina despiadada de un progreso que no repara en destrucción alguna con tal de satisfacer la codicia, las ansias de poder y la ambición humana. “Cuando alguien invierte muchos recursos en promover una imagen de sí mismo desequilibra la balanza de la realidad de tal forma que volver a nivelarla nos exige exceder el peso del platillo negado, oculto o simplemente no promovido”, plantea el periodista Jorge Orduna 
(...)
El autor se encarga de desenmascarar esa maraña de personalidades, instituciones, empresas y hasta gobiernos que conforman el entramado actual del ecologismo internacional. En el sensiblero relato ambiental, teñido por un exceso de corrección política –cómo no estar a favor de las ballenas y de la foca bebé, cómo no oponerse a la energía atómica o a las impías quillas de la flota pesquera–, se omite la genealogía con la eugenesia, tan asociada al nazismo, que estudia los métodos científicos para mejorar la raza humana a través del control de su reproducción. La expresión eugenesia, que significa “buen nacimiento”, fue creada por un primo de Darwin, Francis Galton, uno de los impulsores de este movimiento intelectual “que toma principios de los descubrimientos de Darwin sobre la evolución y peregrinas ideas de Malthus sobre la población, para desembocar en lo que luego se calificó como darwinismo social e higiene racial, por unos, y racismo a secas por otros”, advierte Orduna.
(...)
A través del caso testigo, las Islas Galápagos, en Ecofascismo –que bien podría haberse titulado “Econazismo”, por el capítulo en el que analiza cómo la legislación alemana se mostraba mucho más sensible con los animales que con las personas–, Orduna dice que quiere demostrar “adónde puede ir a parar la promoción de una cultura ecologista sin ningún tipo de cortapisas, sin ninguna barrera impuesta por los sectores científicos nacionales en función de los intereses reales de cada país”.
El periodista y ensayista cuenta que hay tanta disparidad social en los países latinoamericanos que “se tiende a subestimar la capacidad de la juventud” para detectar el revés de la trama ecologista. “En los medios de comunicación es frecuente que aparezca un Frente de Liberación Animal, copiado como muchas otras cosas de los países desa-rrollados, con una campaña lacrimógena a favor de la chinchilla, cuando cualquiera que camine un poco, incluso por las zonas más ricas de Buenos Aires, se va a dar cuenta de que la chinchilla no es necesariamente un producto de gran consumo”, sugiere Orduna. “Uno tendería a creer que la juventud asimila fácilmente cualquier tipo de política fundamentalista en lo ecológico, pero creo que hay una sospecha de que algo no encuadra muy bien con nuestra realidad; que hay unas prioridades sino invertidas por lo menos alteradas en base al apoyo mediático que recibe ‘la maravilla del mundo natural’ en los canales de cable.” Con ánimo de ahondar en las paradojas, el periodista recuerda que en una entrevista que le hizo a la presidenta de la Asociación Argentina de Lucha contra el Chagas, ella le comentó que no consiguió organizar un concierto a beneficio. “Incluso algunos artistas que son tenidos como muy progresistas la trataron con malos modos. Claro, me dijo ella, quieren verse asociados con animales que son sinónimo de belleza o de magnificencia y no con bichos que son símbolo de la pobreza y de la mugre. Los subdesarrollados se ocupan del mal de Chagas; yo salvo a las ballenas porque es más prestigioso y mediático”, ironiza Orduna.
“Hay un temor muy grande a contradecir el discurso políticamente correcto que viene de las organizaciones internacionales. La Argentina es muy poco crítica respecto de las Naciones Unidas; parecería que fuera el Olimpo adonde llega gente absolutamente impoluta y ajena a las influencias, y no es así –explica el periodista–. Como existe una actitud sumisa, se terminan firmando tratados internacionales, pactos y protocolos que van generando concesiones. Los sectores más radicalizados de derecha en el mundo industrializado apuntan claramente a establecer los problemas ecológicos por encima de las soberanías nacionales. La lógica que nadie puede negar es la falta de control sobre la explotación de los propios recursos: el mar, la minería, la agricultura.” El progresismo latinoamericano no es ajeno a este temor de contradecir la ideología de los verdes. “Las nuevas formas de dominación estarían desbordando al progresismo latinoamericano por izquierda, cuando el progresismo espera su oposición en la derecha. Lo que está sucediendo consiste en la promoción de causas nobles, como las ecológicas, impulsadas de manera reaccionaria”, afirma Orduna.
–Usted señala que Greenpeace es una gran generadora de mitos. ¿El libro puede contribuir a desterrar algunos de esos mitos?
–Hay un factor tremendamente poderoso detrás de Greenpeace. No creo que un libro sirva para desmontar un mito. Cuando uno está esperando el subte, ve en la pantalla los saltitos de la ballena. No creo que esta tendencia vaya a cambiar, quizá pueda haber más reticencia de los gobiernos, que empiezan a darse cuenta de que vamos a pagar las consecuencias por los compromisos internacionales que se contraen respecto de los temas ecológicos. En el caso de Galápagos se ve muy clarito porque está al borde de perder el control. Ecuador no puede hacer nada porque Galápagos tiene un valor biológico tan importante para la humanidad que las organizaciones internacionales han decidido que la isla no pueda ser considerada bajo soberanía nacional. Con el aire está pasando lo mismo, con el agua también. Plantear el tema del agua en la Argentina es muy interesante. El agua argentina es de nosotros, pero las organizaciones ecologistas esgrimen que son patrimonios internacionales, son problemas de la humanidad. En el lenguaje, estas organizaciones han incorporado el derecho que siempre sintieron sobre los recursos del tercer mundo. El ecologismo es el nuevo colonialismo del siglo XXI. Como junto a los recursos están asociados los problemas de población y de desarrollo humano, la cuestión es verdaderamente preocupante. De ahí el título de Ecofascismo, por el carácter antidemocrático de las políticas del Primer Mundo que propagan el control poblacional en nuestros países.(...)

07 enero 2012

OPERACIONES NO QUIRÚRGICAS


Alguien en Twitter se preguntaba jocosamente hasta qué cuerpo de tipografía iba a aumentar Clarín en su portal web, para informar a sus esperanzados acólitos-lectores que "era cáncer". Sí, era cáncer. Y los empleados del Grupo, esos que Lanata niega que sean soldados (quizás como una forma de "cantar pri" ante su propia alta en la planilla de sueldos de Magnetto) contraponiéndolos con la imagen de simples "trabajadores", algo que él mismo está lejos de ser o haber sido. En fin. Esos pibes, decía, cumplieron con la orden de que nunca faltaran la palabra CÁNCER o TUMOR, de sus titulares. Aún a costa de redoblar su tradicional guerra contra la lengua castellana.
Era una manera de llevar un rayo de esperanza a los que odian a Cristina y a lo que ella representa. Era la manera subliminal de decir que había surgido allí un elemento fortuito que podía cumplir con aquella fantasía lúbrica de Morales Solá, según la cuál toda la estructura del Estado justicialista se derrumbaría si Cristina fuera quitada del medio.
No es pecar de paranoico pensar en lo bien que deben haber sido recibidas las noticias de enfermedades y muertes (en el caso de Néstor) de los líderes de América Latina en algunas oficinas locales e internacionales. No tengo dudas de que la desmesura clarinista, esa apenas disimulada euforia ante la enfermedad de Cristina, debe de haber tenido réplicas o incluso origen en otros sitios de más poder que la oficina del Ceo.
La idea era instalar la posibilidad. ¿Se entiende? Una especie de reedición civilizada del "viva el cáncer" de 1951. De pronto ella, que parecía invencible y en posesión de la suma del poder público, PODÍA ser sacada de escena por una minúscula célula defectuosa de crecimiento anárquico. Al fin y al cabo, si un elemento  similar había podido eliminar a aquella fuerza de la naturaleza que fue Eva Perón, no sería este el mismo caso? No venía el cáncer a salvar a las corporaciones y a todos los que la odian? 
Eso era lo que subyacía detrás de la repetición de la palabra cáncer: un mantra. Una oración oscura. Un deseo.
Debo decir que entre todos los viejos relatos y tatuajes culturales que hemos demolido, se halla el terror atávico de la palabra cáncer. El "viva el cáncer" de los gorilas de 1951 era un conjuro poderoso. Era puro terrorismo. Un desenfadado y atrevido pornografismo de escribir en una pared lo que ni siquiera se nombraba en privado. La gente común que vió alguno de aquellos graffittis malignos habrá sentido el terror ante lo irreversible. El último momento de miedo enloquecido que dice "mejor que le toque a otro y no a mí o a los que quiero". Ese era el poder de aquella frase.
Hoy, el cáncer no ha sido capaz de derrotar a Cristina. Y no hay titular de Clarín que cambie eso. 
MP
 

04 enero 2012

LAS PRIMERAS PREGUNTAS DEL AÑO


Para ir calentando motores, en todo caso. Preguntas, dudas o certezas en borrador que voy a tirar aquí porque, al fin y al cabo, este es mi patio y acá hago y digo lo que quiero.
Posiblemente haya comenzado un año de debates duros, acaso con propios compañeros. Es parte del ADN peronista (le explico cariñosamente a los gorilas que pudieran pasar) que nos juntemos ante la adversidad y nos andemos carajeando cuando tenemos la suma del poder. Ante esto, se sabe, no hay que hacerse ilusiones de desintegración. Como decía un viejo sabio, somos como los gatos, ¿No? Ya sabe, eso de que cuando parece que nos peleamos, en realidad nos estamos reproduciendo. Mire, es cierto. Tan cierto es, que hoy detentamos una hegemonía política de características únicas, al menos desde 1955 hasta 2003: hegemonía por mandato popular. Chupate esa mandarina. El terror de todo liberal bien nacido (y eso que son todos mal nacidos), la HEGEMONÍA, qué miedo! En realidad, los muchachos de la derecha a lo que le temen es al pueblo. Decía el mismo viejo sabio que cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento. El peronismo es ese escarmiento. No lo dude ni por un minuto. Néstor y Cristina fueron y son ese escarmiento.
Hay algunas realidades que los siervos políticos del stablishment corporativo nunca van a entender. Y por cierto que no las han entendido hasta ahora, teniendo en cuenta el lugarcito en el basurero de la historia en que los ha colocado el pueblo con su voto. Las sociedades evolucionan. Y más nos valía a nosotros aprender la lección histórica de los efectos del neoliberalismo en la economía y las relaciones sociales de un país. Más nos valía aprender de aquél desastre. Aprendimos. Ellos no. Por eso hicieron campaña como si estuviéramos en 1995 y todavía alguien considerara con seriedad que existe algún beneficio en seguir las recetas de la ortodoxia monetarista o que es preferible el equilibrio fiscal al desarrollo y realización de los pueblos. Y antes de que salga algún pavote a hablar de "sinceramiento" o alguna gilada por el estilo, le contesto por adelantado que todo es cuestión de proyectos. El nuestro es un Proyecto Nacional. El de ellos, se escribió en otro lado. Así de sencillo.
Tenemos desafíos que completar. Por cierto que sí. Me encanta cuando los apóstoles de la "miseria para todos", políticos, periodistas, obispos o economistas, salen a "señalar" que todavía hay pobres. Por desgracia los hay. O alguien con un mínimo no imponible de honestidad intelectual cree que los efectos del genocidio social perpetrado por el neoliberalismo (Oh casualidad, la religión de estos muchachos que tanto "denuncian") se iba a poder restañar en menos de una década, por más dedicado que esté (por suerte) el Gobierno a restaurar la justicia y la redistribución equitativa del ingreso nacional? Vamos...
Aún así, si la justicia social no ha llegado a todo el pueblo argentino, de lo que todos están bien seguros es de que los únicos que podemos hacerlo somos los peronistas. Es Cristina. Acá son pocos los que todavía mastican vidrio. O gratis, al menos.
En estos términos, es decir, dejando de lado a los mascadores de cristal, significa que el país está dividido en dos campos bien definidos: los que estamos por la justicia social, la distribución del ingreso y la felicidad del pueblo, la industrialización y la tecnología y el desarrollo; y los que están en contra de todo eso. Los que añoran el país injusto, excluyente y deshecho de los noventa. Todos bien paraditos en cada lugar. Acá no hay inocentes. Nadie puede alegar la propia torpeza.
Lo que esté pasando en el campo de la antipatria, no me incumbe más allá de la curiosidad cuasi científica, como cuando uno ve a las hormigas peleando entre sí en el Discovery o NatGeo. Una vez más, como ya he dicho, su momento histórico se ha cerrado silenciosamente. Es un funeral de viejo, con pocos asistentes,  bombitas de cuarenta watts y un tenue hedor de descomposición que se empieza a colar por debajo del olor de las flores de las coronas.
Nosotros, en cambio, disfrutamos del poder popular más grande que ha visto la Argentina desde los tiempos dorados de Perón y Evita. Y tenemos la obligación de asegurar que nuestros logros y conquistas perduren y no puedan ser demolidas así como así. No podemos permitir que el curso de la historia sea alterado para beneficiar a un par de empresas. 
De ningún modo.
En mi opinión, debemos adecuar lo que haga falta para que esta Argentina que estamos reconstruyendo no pueda ser entregada, saqueada o destruida. Deberemos modificar leyes, estructuras e instituciones en orden a impedir que, en nombre de "la República", vuelvan a entregar al país a las corporaciones internacionales. De nada sirve aferrarse a un avatar decimonónico para terminar contemplando la ruina del pueblo y de la patria. La institucionalidad establecida sirve en tanto y en cuanto represente los intereses del pueblo. Las revoluciones son eso: un cambio IRREVERSIBLE.
Creo que es el momento de formalizar una reforma constitucional que refleje el espíritu del nuevo tiempo y cambie para siempre el paradigma legal de la Argentina oligárquica que surgió luego de la batalla de Caseros. Esa republicanismo liberal y mitrista fue creado para consolidar un proyecto antinacional, agroexportador y excluyente que ya no es viable. Hoy es necesario crear instituciones de poder que reflejen la dinámica de este tiempo y de la masiva participación popular en las decisiones públicas, tan alejadas del antiguo cenáculo aristocrático de la Argentina de la Generación del 80. Es necesario terminar con ese anquilosado sistema para dar a los argentinos todas las herramientas de la democracia del siglo XXI, con participación abierta e irrestricta en la cosa pública.
La opinión de quién esto escribe es que la única garantía para viabilizar la perpetuidad de los cambios revolucionarios llevados adelante por el Gobierno Popular es convertirlos en parte de la ley Suprema de la Nación y alumbrar el nacimiento de una Nueva Argentina, con un sistema de representación política más estable. No es aceptable, en mi opinión, que el liderazgo de Cristina se vea puesto en entredicho cada dos años, cuando no existen procesos económicos, sociales o políticos que tengan esa breve duración. La revolución justicialista no puede quedar sujeta a cambios volubles y oportunistas, a modas que cambian cada dos años. No puede, de ningún modo, la tilinguería de ciertos grupos electorales frenar la marcha de un cambio fundamental de la raíz productiva, social y económica de un país. Sería un capricho dañino, un azar innecesario cuando están en juego la justicia, la libertad y la soberanía de una nación.
Algunos republicanos liberales de seguro objetarán estas líneas. Ratifico que se trata solamente de la opinión de este escriba y de nadie más. Y los acuso, además, de ser agentes de intereses que nada tienen que ver con el bienestar del pueblo y la grandeza de nuestra patria. Son, de hecho, traidores infames que prefieren un país diezmado lleno de pobres y excluídos, pero liberado para los negocios multimillonarios. Estos personajes abusan de la democracia para obtener sus objetivos. Es tarea del pueblo impedirlo.
Insisto, desde este humilde lugar: debemos modificar la Constitución, cambiar el sistema representativo presidencialista por un nuevo sistema que asegure la continuidad de los procesos virtuosos que nos han llevado hasta ahora a donde estamos. No permitamos que los personeros de lo antinacional prostituyan la sagrada democracia popular usándola en beneficio de los intereses oscuros de sus mandantes ocultos. Luchemos por nuestra supervivencia y nuestra victoria fnal, que será el día en que hayamos logrado que la justicia y el ingreso digno, que el trabajo y la educación, que la salud y la tecnología, hayan llegado hasta el último de nuestros hermanos.
No tengamos miedo a la amenaza de los republicanos de opereta, criminales socios de la oligarquía.
Es tarea del pueblo salir a militar este cambio. Ojalá a sí se haga. 
El momento es ya.
MP

23 diciembre 2011

EL 46


Cuando pensamos en que somos el 54%, es necesario que también pensemos en el 46 restante. 
La aritmética nos es favorable y en términos políticos tenemos la absoluta iniciativa. Pero, en parecer de quien esto escribe, hay que pensar que el 46 posee una inquietante unanimidad: su odio hacia este proyecto, quienes lo sostienen y especialmente hacia quien lo conduce. Es decir, quien no votó por Cristina Fernández en 2011, difícilmente sea un neutral. No después de ocho años. 
Eso obliga a considerar que se nos propone un posible escenario de confrontación. Los poderes a los que nos hemos enfrentado libran hoy una batalla en la que va su propia supervivencia. No es sólo un oligopolio mediático: son grupos concentrados de economía global que empezarán a mirar a uno de los pocos lugares del mundo que prospera mientras el neoliberalismo termina de convertir países enteros en un desierto. Estos grupos poseen intereses dentro de pools empresarios como Clarín y muchos otros, e inevitablemente se volverán hacia nosotros. En los países centrales, sus ganancias sufrirán importantes caídas. Nos volveremos un objetivo estrategico desesperado.
La ley que declara de interés público al papel para diarios y la intervención judicial de Cablevisión, ponen más que nunca al único factótum opositor interno -el grupo Clarín y sus satélites- contra la pared. En un caso, una ley nacional impulsada por el Gobierno Nacional y en el otro, una medida auspiciada por un grupo mediático competidor. Entre ambas, proponen una merma en los ingresos del grupo de importancia capital. Tanto así que deberemos tomar una decisión.
Dice por ahí Sun Tzu que al enemigo hay que dejarle siempre una vía de escape, puesto que acorralado se vuelve infinitamente más peligroso, ya que no tiene otra alternativa que atacar para sobrevivir. No queremos eso. No otra 125. ¿Por qué? Por el 46. Pero una vía de escape sería alguna especie de negociación. Eso es imposible a estas alturas.
Cuando Clarín hace toda su madeja de operetas contra las leyes de la democracia, no debe tomarse el trabajo de convencer a nadie. Clarín les habla a los convencidos. No necesita construir un relato, porque está pescando en la bañadera. El 46 posee esa unidad de concepto irracional que lo coloca en la vereda de enfrente de manera automática. Algo para no tomar a la ligera.
La decisión enunciada más arriba es, por lógica, la de ir a fondo y terminar con el enemigo de una vez por todas o prepararse para una lucha larga y acaso costosa. Habrá lucha de todas maneras, pero para nosotros, es "ahora". Ahora podemos ganar. Nunca tendremos más fuerza ni más poder.
No se crea el lector que me he levantado apocalíptico. Digo estas cosas porque considero que debemos movilizarnos, poner a las organizaciones de pie, sostener con el cuerpo y en la calle la guerra que viene. En ese contexto, como ya lo he escrito antes, me preocupan ciertos movimientos dentro de nuestro lado. Honestamente no creo que ninguna revolución se haga con timoratos, ni con dudosos y mucho menos con oportunistas que solamente son capaces de ver los metros cuadrados de su kiosquito. No se hace con traidores, claramente. El peronismo kirchnerista podrá ser un mero "reformismo" en términos estrictamente marxistas, pero es claramente revolucionario en el contexto real de un país del tercer mundo que había sido saqueado por el capitalismo ortodoxo y extremista. Pero no hay revoluciones a medias. Pregunten sino qué pasó en Nicaragua en los años ochenta.
Antes de preguntarnos quién va a ser el sucesor de Cristina, pensemos de qué manera la sostenemos en la lucha que viene. Antes de pelotudear con el vedettismo gremial, pensemos cómo colaboramos para que la Justicia Social llegue a todos nuestros hermanos. Apaguemos un poco la tele y terminemos con tanto puterío del twitter y pensemos que la política se hace primero en la calle, con los compañeros. Y después, sólo después, puede continuar por otros medios. 
Mientras nos distraemos con idioteces, que me dijo te dije le dijo, mientras nos consumimos en egocentrismos, en individualismos baratos, en afanes desmedidos de protagonismo, el 46 está allá enfrente, listo. Esperando.
No vaya a ser cosa que un día nos despertemos y ya los tengamos dentro de casa.
MP

24 noviembre 2011

UNA MUERTE MÁS


El asesino Bussi se muere lentamente en un sanatorio privado de la capital de la provincia en la que cometió la mayoría de sus múltiples crímenes. Muere lentamente, pero no lo suficiente. Eventualmente, se extinguirá. Si su cerebro criminal no estuviera ya licuado y muerto, acaso estaría sufriendo. 
Y bien que se lo merecería. 
Infligió el dolor y el tormento como método, violó cuerpos y voluntades. Mató y mandó matar. Y ahora muere él mismo, intocado de cualquier venganza, sólo víctima de su propio deterioro natural.
Qué pena que se le ahorre el sufrimiento final a este cobarde hijo de puta, a este criminal cagón que sólo se travistió de valiente cuando usó el poder armado del Estado para asesinar sistemáticamente al pueblo. Qué pena que ya esté cerebralmente muerto, que no se enseñoreen los dolores en su carne. Ojalá fuera diferente.
Morirá, hoy o mañana. Y será parte de una historia de horror que no permitiremos que se olvide. Y maldeciremos su memoria por generaciones. Pero si fuera posible, yo preferiría para él, que se imaginó como un guerrero valeroso, el olvido más absoluto. Quisiera que nadie se acordara de su nombre. En cualquier caso, su muerte será una más, la menos importante de toda esa cadena de desgracias que él mismo provocó. Porque cualquiera de sus víctimas es más importante que él.
Porque no fue un guerrero valeroso, ni siquiera un tirano sangriento. Fue, apenas, un gendarme asesino de un imperio que empleó a miles de siervos como él, que actuaron de verdugos de sus respectivos pueblos. Y de ser un césar todopoderoso, terminó lloriqueando patéticamente, asquerosamente, para que no lo metieran preso. No lloró ante una mesa de torturas, porque nadie lo puso ahí. Y se cagó igual.
El general Toranzo le escribió a Uriburu en 1930: "cuando pienso que una hiena como usted se disfrazó durante cuarenta años con el unforme de los defensores de la Constitución, no hallo monstruo con el que compararlo en los anales de nuestra historia". Bussi pertenece a esa camada de verdugos que se disfrazó también con el uniforme del Ejército de San Martín. 
Quiera Dios que agonice mucho tiempo más.
MP

UN DISCURSO PARA LA HISTORIA

17 noviembre 2011

LOS DESVÍOS IDEOLÓGICOS


Y sí, así como hay "más papistas que el Papa", hay algunos muchachos que por el interés sectorial matan a la madre. Si estamos todos dentro del mismo Proyecto y obedecemos a la misma conducción, ¿a santo de qué se sale a "alquilar" el discurso opositor? ¿Será para obtener algún rédito para el propio kiosquito?
Decía Perón que un compañero que empieza a trabajar en contra de otro compañero, es que se ha pasado al bando contrario. Y debe de ser así, nomás, dada la insistencia de algunos "compañeros" en atacar decisiones, proyectos y personas que representan cabalmente la esencia del Proyecto Nacional iniciado por Néstor en 2003 y continuado por la compañera Cristina.
Parece increíble que algunos se pongan en posición de ignorar olímpicamente las abrumadoras cifras de apoyo popular de Cristina, contraponiendo a semejante plebiscito una serie de dudosas representaciones acotadas a sectores decididamente minoritarios, como si fueran la misma cosa. Ser militantes es ser ORGÁNICOS. No hay vueltas.
Cualquier otra cosa, constituye una decidida desviación ideológica. Se trata de tránsfugas pequeños, enemigos travestidos de "amigos", gorilitas de cuarta, agentes de intereses corporativos que nada tiene que ver con las políticas de inclusión y ampiación de derechos que lleva adelante el Gobierno Popular.
En el día del Militante Peronista, los verdaderos compañeros, que no están en "rebeliones" de cartón pintado, sino que acompañan a pie firme el camino hacia concreción de la Revolución Justicialista, sin estupideces ni desviaciones, deben preguntarse si estos gorilas afeitados que declaman un peronismo que no sienten ni practican deben continuar compartiendo el mismo espacio con ellos.
Primero está la Patria. Lo demás es verso.
MP

10 noviembre 2011

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS (Y SUS COSTOS)


Ya se ha abordado aquí el tema de la anomalía que representa la ciudad de Buenos Aires como "estado autónomo" dentro del contexto de una república federal. No es una provincia, no es un estado cecesionista ni un estado "libre-asociado".  Es apenas un municipio demasiado pretencioso.
Hablemos claro, la situación porteña es un contrasentido histórico y constituye la anulación de facto del concepto de federalismo. Recuerdo que una tapa de la revista Barcelona ironizaba sobre las intenciones de la Sociedad Rural diciendo "Hay que retrotraer la situación a 1880" y eso es lo que efectivamente se hizo con la creación de la ciudad autónoma: retrotraer la situación de la ciudad al estado de cosas impuesto por los liberales, desde Rivadavia hasta Sarmiento (y no hablo de calles). Integrar a la ciudad-puerto a la Nación costó una guerra civil, librada entre las fuerzas nacionales bajo el comando de Roca y la presidencia de Avellaneda, y los irregulares porteños, armados y pertrechados por los corsarios británicos, a las órdenes del mitrista Carlos Tejedor. Sólo por la fuerza se pudo poner fin, en aquél tiempo, a semejante distorsión geográfica, política y económica. Dicha integración duró tan sólo 114 años.
Un monumental acto de aparcería política, un vergonzoso toma y daca entre Me*em y Alfonsín, cerró este ciclo. Lo llamamos Pacto de Olivos.
También se ha opinado aquí sobre la pretendida "sofisticación" del electorado porteño, un concepto abiertamente racista que, curiosamente o no, se ha naturalizado en el relato mediático y hasta en la cotidianeidad. El votante porteño se considera mejor, de hecho, que cualquier compatriota suyo de cualquier provincia. Más inteligente, más "fino" en el análisis político que genera su toma de decisiones a la hora de emitir sufragio. Una reverenda estupidez, además de una mentira xenófoba.
El porteño medio podrá considerarse un refinado europeo exiliado en el culo del mundo y rodeado de negros cabecitas que votan por el chori y el vaso de vino. Podrá creer que es un sofisticado árbitro de la política, con altos niveles de información y todo eso. También puede creer en los Reyes Magos. Lo único cierto es que, con la reelección de Mauricio Macri, con un porcentaje altísimo en segunda vuelta, confirmó a todo el país que no es ni refinado ni sofisticado, sino apenas tilingo.
Esa tilinguería tiene costos, claramente. Votar a un millonario inútil para gobernar significó, además de la enormidad de confiar la administración pública a un inepto que sólo puede exhibir retrocesos en los temas principales como la educación y la salud, sino también condonar de manera cómplice el retiro del Estado municipal de la obligación de controlar, fiscalizar e intervenir en las relaciones entre los ciudadanos y el "mercado".
Entre todos los contrasentidos históricos que representa la autonomía porteña, está el hecho de que gobierne en ella un grupo ideológico que representa una corriente de pensamiento que ha causado un genocidio social en los noventa. Aquí en la Argentina, no en Marte. Y que ahora mismo está arrasando Europa. Es decir, los porteño, este mismo año, han elegido ser gobernados por políticas que representan el saqueo, el desempleo masivo, el desguace del Estado y la ley de la selva económica.
Buenos Aires concentra una altísima renta per cápita, pero no produce nada. Y si no capean el desempleo y el caos social, es porque disfruta de las mieles de un Proyecto Nacional que ha puesto al país en una situación de bonanza general. Como un pólipo adherido al cuerpo del país, Buenos Aires sube sin empuje propio y goza de los beneficios del Proyecto del cuál sus votantes han elegido diferenciarse. En una palabra: tilinguería. Claro que esa actitud tiene costos. Y esos costos no se hacen esperar.
Cuando gobierna una ideología para la cuál el bienestar humano tiene interés cero, apenas se rasca la superficie, se nota la descomposición. El "dejar hacer" del estado municipal porteño ante la voracidad de las empresas privadas, rémora evidente de aquél viejo neoliberalismo conservado en formol por el macrismo, mata, perjudica, olvida, pospone. Los ciudadanos están inermes ante el derecho de las bestias ejercido por los grupos empresarios en esa zona liberada que es Buenos Aires. Que se lo pregunten sino al pobre hombre que murió bajo los escombros del edificio de la calle Mitre, derrumbado por la mala praxis de la empresa constuctora que levantaba una torre medianera de por medio. Y a tantas otras víctimas de la ley del más fuerte que rige en la ciudad. No se trató de un desastre natural, sino de la ineficiencia de un estado retirado de sus funciones. Los vecinos del edificio durmieron en la calle y después en los apestosos "refugios" de la ciudad; y lo harán durante bastante tiempo más. Eso sí, Macri y Rodriguez Larreta los acompañaron desde el Twitter.
Resulta bochornoso ver, no sólo la protección cómplice que el Grupo Clarín hace del elenco de inútiles que desgobierna la ciudad (un auténtico aguantadero mediático), sino contemplar cómo un ministro (Montenegro) miente con todos sus dientes para ocultar que NO SE BUSCÓ al hombre que había desaparecido, porque los "técnicos" macristas aseguraban que había peligro de derrumbe, aunque la parte del edificio que no había sufrido el socavamiento de sus cimientos sigue en pie, apesar de una terrible grúa de demolición que no pudo con él. Eso se llama abandono de persona y creo que tiene consecuencias legales.
Los muchachos macristas están habituados a dos cosas, históricamente: mentir y echar culpas hacia otro lado. En este caso, con la muerte de este hombre, sólo queda mentir. Pero quizás estamos todavía a tiempo, Grupo Clarín y Durán Barba mediante, de que sea el Gobierno Nacional el culpable del derrumbe.
De lo que no será culpable el Gobierno Nacional, es de que los porteños hayan votado a semejante inútil, solo para demostrar a todo ese país lleno de negros, que ellos son diferentes. Que pertenecen a una elite. Pertenecer tiene sus privilegios, y sus costos.
Lástima que siempre lo pagan los más débiles.
MP

27 octubre 2011

FLACO


Cómo andás Flaco? Qué contás? Ya armaste algún quilombo allá arriba? Y sí, más bien que sos un quilombero. Marca cañón, maestro. Ja, ja. Como cuando cabeceaste la cámara de Crónica el día en que asumiste. Qué vértigo, boludo.  Cómo me gustó eso..
Me acuerdo cuando viajaste por primera vez al exterior y en España los recagaste a pedos a los empresarios que manejaban la mayoría de las privatizadas y que se sentían los dueños del país, los hijos de puta. Cómo me gustó eso, Flaco. Me quedé frío y pensé: "este es otra cosa". Ahí empecé a pensar que algo era diferente, vos sabés. Porque yo te voté sin conocerte, más que nada para que no ganara Carlos, viste? No, no te toqués el huevo, boludo. Qué bárbaro. Yo pensé que cuando llegás al Cielo te salían alas y te encajaban una aureola y un camisón blanco. Pero no, vos seguís siendo el mismo demente. Dios mío.
Te decía que yo te voté sin conocerte. Vos viste que ahora todos te conocían de antes y todos te veían venir. Todos son co fundadores del Proyecto Nacional. Todos te dieron la mamadera, Flaco. Y, es así. 
Yo no, la verdad. Pero esa vez, cuando supe lo que habías hecho en España y lo escuché al cerdo ése que manejaba, no sé si Aerolíneas o Telefónica, salir quejándose de que un Presidente argentino les hubiera hablado en ese tono, justo a ellos, que invertían en la paupérrima Argentina. Nos estaban haciendo un favor, parece. Qué reverendos hijos de un tren lleno de putas. Qué orgullo sentí!
Y después te plantaste frente a los militares y les gritaste que vos no les tenías miedo. Y ahí sentí que yo estaba ahí con vos gritando lo mismo, después de tantas decepciones, de tanta adrenalina desde los levantamientos carapintadas en tiempos de Raúl, las leyes vergonzosas de Punto Final y Obediencia Debida y después los indultos de Carlos y de Tachuela. Todos habían transado con la corporación militar. Todos menos vos. Porque ninguno tuvo las pelotas, no ya de bajar los cuadros (que no las tuvieron) sino de impulsar las causas, anular las leyes oprobiosas y borrar del mapa una Corte Suprema de títeres colaboracionistas para poner una verdaderamente comprometida con los valores de la democracia. Eso lo hiciste vos. La voluntad, Flaco, es eso. Es pelearla hasta que ocurra.
Yo jamás creí en toda esa mierda de los dos demonios, no viajé con el uno a uno y nunca me sumé al que se vayan todos. Una vida del lado equivocado del mostrador, dirían algunos. Pero te digo que todo eso me dejó listo para un loco como vos. Para un luchador como vos. Y te banqué, y te critiqué y te volví a bancar. Y cuando me enteré que habías muerto, no lo creí porque siempre pienso que los tipos tocados por la mano de la Historia deberían irse con más bamboya. En realidad, esa incredulidad es un mecanismo de defensa ante lo inevitable. Porque cuando alguien como vos se va, se detiene el tiempo. Entendés? Es como que todo se frena y, por un momento, nada transcurre. Es un instante eterno de dolor, de estar en la cima de la montaña rusa, esperando para caer. Me pasó con mi vieja, Flaco. Me pasó lo mismo, te lo juro.
Igual, te digo la verdad, cuando entré a la capilla ardiente, después de ocho horas y pico de cola, de cantar hasta la afonía, de ver tanta gente sintiendo la misma desolación, la misma bronca ante esta jugarreta de la muerte, después de pelear con los de la Tupac que se querían colar; después de todo eso, cuando entré solamente la ví a Ella, parada, chiquitita. Ni ví el cajón (sí, el que estaba lleno de piedras, jajaa). Y algo le dije a ella, algo de "a muerte con vos, Cristina". Y ella movió la manito apenas. Y ahí me quebré, al salir y entender que había perdido algo más, de todo lo que uno va perdiendo en la vida, algo importante. No era cualquier cosa. Eras vos, que te habías quedado ahí. Uf, qué terrible.
Sí, dale, vos cagate de risa. Pero yo la pasé mal. Yo y millones que de pronto esa mañana de hace un año se sintieron solos de toda soledad. Como nuestros mayores se sintieron huérfanos cuando se fue el Viejo. Y antes cuando Evita entregó la vida por la causa del Pueblo. 
Mirá como son las cosas: yo moqueando como un boludo y vos riéndote de lo lindo. Y sí, es tu prerrogativa. Hiciste las cosas bien. Quedó Cristina, que es un lujazo; la militancia creció y llevó tu nombre como bandera a la victoria. Cristina ganó y con ella ganamos todos. Y ganaste vos, guacho, que sabías bien a quién dejabas.
Hoy, un año después, sabés Flaco, somos un país mejor aún que el que vos dejaste. Estamos de pie, sin ceder un tranco de pollo, decididos en tu nombre y el de Ella, en el del Viejo y Evita, a seguir peleando hasta completar nuestra amorosa revolución de justicia. Y no vamos a parar. Y no vamos a retroceder. Los tenemos a ustedes tres allá arriba empujando y a Cristina al frente, marcando el camino. Y te juro, como alguna vez se lo juré a Ella, que aún aquellos que no somos valientes, lo seremos por Ella y por tu memoria. Y nada ni nadie nos para esta vez, como decía aquella canción de tu época.
Mirá el quilombo que armaste , Flaco.
Nos estamos viendo, hermano.
MP

26 octubre 2011

SIN OPOSICIÓN


Apresurados de pelajes variados se lanzaron a facturar con libros en los que describían el final del kirchnerismo. Recordará el lector, desde Asís a Cachanosky, la avalancha de libros que vaticinaron el fin del ciclo inaugurado en 2003 con Néstor Kirchner. En realidad, si seguíamos la lógica de la política nacional, pasada la rebelión  agrogarca, la traición de Cleto y las elecciones de 2009, estos vivillos editoriales hubieran estado en lo cierto y el Gobierno hubiera caído. Y la risueña profecía de Grondona y Biolcati se hubiera cumplido sin problemas. Esa fue SIEMPRE la dinámica política del país: cuando los factores del poder oculto decidían el fin de un ciclo constitucional, éste terminaba y punto. 
Los factores que determinaron el cambio de ese temible paradigma son variados. Pero debe contabilizarse entre los principales la voluntad política de la conducción de Cristina Fernández y del fenómeno popular que bulle bajo sus pies. 
El stablishment propugna la antipolítica hacia abajo, pero JAMAS deja de hacer política en las trastiendas. La antipolítica es para la gilada, para el pelotudo que se comió enterito y sin procesar el verso pergolinesco y lanatiano del que se vayan todos, mientras permanecían incólumes los testaferros de los antiguos poderes oligárquicos.
Esa es la gran victoria del peronismo kirchnerista: la política como un bien común a todos, la ampliación de la civilidad, de la participación en la discusión del destino nacional.
Cien veces se ha dicho aquí que la gran debacle opositora tuvo lugar cuando entregaron el comando estratégico de sus propias políticas al oligopolio mediático. Es decir, los políticos se entregaron a la más pura antipolítica. El resultado, acaso previsible de esa rendición incondicional fue su actual descomposición.
El estado gaseoso de la oposición no representa una buena noticia. Aviso: no viene intercalado aquí esa clásica idiotez republicana sobre la hegemonía y la necesidad de la alternancia. Eso déjelo a los santones de la república oligárquica, a las vírgenes de la política aristocrática. Aquí nos jugamos por un proyecto a largo plazo que se propone de cara al Pueblo, una continuidad de ideas y lineamientos de infraestructura en crecimiento. Un plan estratégico de expansión del mercado interno, sustitución de exportaciones y pleno empleo. Un plan de desarrollo con integración plena de todos los sectores de la sociedad. O sea, todo lo contrario de los mezquinos intereses minoritarios que sostienen los agentes opositores.
Pero, como está dicho, la disolución opositora es mala cosa, puesto que, aún en el error y la entrega, siempre es preferible el accionar político público a los oscuros movimientos de los gerenciadores de los grupos económicos. Ese es el último delito de los opositores a nuestro gobierno, dicho en términos literarios: morir para dejar en su lugar entidades peores que ellos.
Puede que sea ésta la naturaleza de la lucha que viene: el conflicto directo con los factores del poder oligopólico sin ninguna clase de mediación. Se medirán así las fuerzas de las corporaciones con las de las organizaciones del Pueblo. Será un conflicto binario y poco será el lugar que quede para posiciones tibias. La dinámica propia de la lucha propondrá la toma de partido. Se verán en esa cancha los pingos. Es decir, quiénes quedan del lado del pueblo y quiénes en la trinchera de sus enemigos. Las disidencias quedarán expuestas, las traiciones estarán a la vista. 
No buscamos el conflicto, desde ya. Pero sabemos de sobra los peronistas que hay cosas, como decía Néstor Kirchner, que sólo se consiguen peleando. 
La nuestra es, orgullosamente, una revolución de amor.
Aún así...
La matemática continúa siendo una ciencia de valores inmutables y los números de Cristina proponen un escenario de encolumnamiento forzoso con su conducción, hacia adentro de los diferentes andariveles que conforman el Proyecto Nacional. Aquellos dirigentes propios que no comprendan que el liderazgo de la Presidenta es diferente a cualquier otro, justamente por su legitimidad de origen, masiva y popular, cometerán el error de creer que están en condiciones de disputar la conducción desde la acotada legitimidad de la representación sectorial e incluso burocrática. Ese error tiene nombre: se llama vandorismo.
Ojalá las diferentes dirigencias entiendan la envergadura del momento histórico que vivimos y no jueguen fichas equivocadas, que terminen acercándolos a los enemigos de la Patria. Hay errores que cuestan carísimo. Sobre todo si se intenta disputar una conducción como la de Cristina, que tiene su origen en la voluntad de un pueblo.
MP
 

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