04 noviembre 2009

ÚTILES


En diciembre de 2001 el sistema político nacido después de la Guerra de Malvinas, colapsó. Esto es, la representación simbólica de la autoridad popular se desintegró con pasmosa facilidad de la mano de la crisis económica en que degeneró la aplicación de la receta neoliberal del menemato.
De esa política en disolución nació el dudoso esquema asambleario, fenómeno exclusivamente clasemediero que tanto ilusionó a Luis Zamora; y tomó fuerza el ya existente fenómeno de los "movimientos sociales" o "piqueteros", como forma de agrupamiento defensivo/ofensivo ante la parálisis y desguace del sistema productivo nacional.
La crisis sin precedentes, unió a dos franjas de clase antagónicas. La forma de expresión de esa alianza de coyuntura (formada por la necesidad de los desocupados y pobres, por un lado, y el terror de la clase media a terminar como ellos, por el otro) fue la consigna "piquetes y cacerolas, la lucha es una sola".
Fue el momento de oro de la antipolítica, que es la religión de las clases medias urbanas argentinas post dictadura.
La estabillización económico-social, de la mano del restablecimiento de las autoridades políticas rompió con facilidad esa alianza. El talante de la clase media hacia los "piquetes" varió a medida que su situación social mejoraba y se alejaba el peligro de caer. Hacia mediados del mandato de Néstor Kirchner, ya había cerrado esta clase social el oscuro capítulo del 2001. Los piquetes volvieron a ser la "molestia" de siempre. Y llegó la hora de criticar la decisión del kirchnerismo de no reprimir ni criminalizar la protesta social. Como decía la revista Barcelona, la clase media argentina recuperaba, junto con el nivel de ingreso, su "nivel histórico de fascismo".
De esta manera le explicaría yo a un marciano, a grandes rasgos, la breve historia del siglo XXI argentino.
Los procesos históricos son instancias dinámicas, en las que todos los elementos componentes se interrelacionan libremente. La potencia de los movimientos sociales, tanto de los que se aliaron al peronismo gobernante como los que quedaron en actitud opositora, es indiscutible. En una definición de manual, si es que hubiera alguno a la mano, representan el modo de organización de base que suple el retiro del Estado liberal de la asistencia, la generación de empleo y la distribución justa del ingreso nacional. Es comprensible que, al cabo de apenas seis años y con crisis internacional y ataque sojero incluído, haya sido imposible llegar a todos los ciudadanos. Así y todo, se impulsan medidas claramente orientadas a atacar ese núcleo duro de pobreza e indigencia. En esto se circunscriben tanto el plan de cooperativas como la asignación universal por hijo que pusiera en marcha la Presidenta de la Nación.
El tema de las "asambleas barriales" tuvo su ocaso velozmente. Terminadas las cuasi monedas, vuelta a poner en funcionamiento la rueda de producción-dinero-trabajo, el interés en un país gobernado por asambleas decayó, en paralelo al cierre de los clubes del trueque y al ritmo en que avanzó la ideologización con sesgo de ultraizquierda, lo que terminó de radiar a los últimos ciudadanos "de a pie". Quedaron formaciones celulares mínimas de cuadros formados y militantes, todos pertenecientes a expresiones de variantes trotskystas sin representación electoral.
Lo mismo ocurrió con algunos movimientos sociales. Terminaron siendo contenedores de la militancia ultra, direccionada fuertemente hacia el enfrentamiento con el Estado.
Del triste final de estas expresiones, queda el vergonzoso accionar durante el ataque agrogarca de 2008, cuando los grupos entregaron "calor popular" a las anquilosadas falanges oligárquicas, muy referenciadas territorialmente en la Capital a los barrios más ricos, con un promedio de edad en el cacerolero promedio sobrepasando los 5o años. Desclasados, en pos de una revolución que nunca llegará, los dirigentes troscos fueron funcionales a la codicia sojera. Cumplían a rajatabla con su propia historia.
El papel de los grupos ultras en la Argentina responde matemáticamente a los diseños de la república oligárquica, sirviendo desde una rebeldía poco creíble a los intereses de la derecha. El "acampe" de los grupos que cortaron la avenida 9 de Julio, fue limpiamente utilizado por los Medios opositores para mostrar "pobres que protestan contra el clientelismo del gobierno". Allí estuvieron, 30 horas para alimentar los titulares de la prensa concentrada y servir a sus intereses. Y de paso, buscando la represión que no se produjo.
Como en el subte, en Kraft y la UBA, estos "movimientos sociales" resultan útiles a la hora de instalar la "sensación térmica" de un conflicto social a escala 2001 en ciernes, de paso que deslucen la tarea de los muchísimos "movimientos" que trabajan, militan y transpiran por mejorar la vida de sus compañeros.
No habrá tal conflicto, desde ya, pero amplificados por los medios a la enésima potencia, son perfectamente funcionales al microclima desesperanzador y oscuro con que los medios monopólicos derrotados por la Ley de Servicios Audiovisuales eligieron atacar al gobierno y al país.
Y allí están los muchachos de la ultraizquierda, siendo los mismo viejos y queridos idiotas útiles de siempre.
MP

9 comentarios:

patricio dijo...

Mario:que gusto leerte che.
este post es perfecto!.

un abrazo.

Pedro dijo...

En fin...Son unos gorilas de mierda. Excelente el post.

Saludos

MP dijo...

Muchas gracias

Anónimo dijo...

Magistral.

Paco Urondo dijo...

Exelente analisis como siempre , es un gusto leerte Mario.
Abrazo.

G4þRI€L dijo...

muy bien, MUY BIEN.
Hoy quiero descansar de tanta mierda, asi que por favor se me va a la PC y me escribe un post sobre el nuevo nieto recuperado por las abuelas, ok?
gracias

Leo Carballo dijo...

Es exactamente así.

los caniches de perón dijo...

Muy claro Mario. Una joyita. Gracias compañero por su lucidez

caniche nico

MP dijo...

Mil gracias compañeros.

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