17 febrero 2010

MULETTOS


Refiere al aparato del cuál se dispone ante la eventualidad que el principal falle. En automovilismo, por ejemplo. O en el fóbal, como se ve.

¿En política?

La estructura tradicional de partidos políticos argentinos sucumbió a la debacle de 2001. Salió de ella con secuelas quizás permanentes. Así como el discurso antipolítico más pedrestre, antes y después del agujero negro de la Alianza, sirvió para que algunos rateros (al estilo Pergolini) se llenaran los bolsillos, este discurso no fue otra cosa que un síntoma de la progresiva despolitización de la sociedad argentina, que comenzó con el baño de sangre de la dictadura y terminó con el 1 a 1 del menemato y sus efectos narcóticos sobre las relaciones sociales, la solidaridad y el bienestar general. En fin, el discurso de la antipolítica tradicional es un virus que viene madurando desde hace ya casi 35 años en el organismo social argentino.

La antipolítica como forma de hacer, justamente, política. O para decir mejor, como forma de acumular poder o acceder a él, tuvo un paradigma patético en Luis Zamora con su conocido lema "que se vayan todos menos yo". Pero lo cierto es que esta enfermedad generó criaturas menos inofensivas y de mayor peligrosidad.

Elisa Carrió es, por antonomasia, el fruto monstruoso parido del vientre reseco de la antipolítica. Basó su carrera en una constante actitud negativa. Erigida en eterna opositora por fuerza de su escaso caudal de votos, su estrella consistió en la denuncia permanente en el blando terriotorio de los Medios contra todos los gobiernos desde el menemato hasta hoy. Poco importa que ninguna de sus denuncias haya llegado a algo: su propio discurso antisistema le provee los comodines para justificar su falta de rigurosidad. Siempre será la complicidad de la justicia, la trama macabra de la política. Lo que sea.

A estas alturas, es fácil comprender que Elisa Carrió

a- bombardeará a cualquier administración que no sea una encabezada por ella.

b- destruirá cualquier alianza política que no la reconozca como líder absoluta y que no se someta a los caprichos de su voluntad.

Esto último se está viendo por estos días, sin ir más lejos. Esto es Carrió en estado puro: una criatura cuya principal existencia política depende de los minutos de aire mediático, con un desordenado pragmatismo ideológico, que le permite bandearse por derecha o izquierda según convenga a la coyuntura, todo justificado con un discurso honestista, republicano y apocalíptico, con toques sibilinos o sobrenaturales, más o menos enfatizados depende de la circunstancia. O quizás por vaivenes farmacológicos. Imposible saberlo.

Carrió sabe algo que nunca admitirá: su propio discurso antipolítico, su extremismo honestista, la colocan en un lugar testimonial desde el cuál jamás llegará a la Presidencia de la Nación. Y eso la convierte en un factor inestable, tanto para propios como para ajenos. Pregúntenles, sino, a los radicales.

Otra cría de la antipolítica es Carlos Reutemann. Parte del proyecto del menemismo de sobrepoblar de "ricos y famosos" a la desacreditada polícita (como para que se diga que no fue algo premeditado), el ex chófer de autos veloces y eterno segundo de las pistas aceptó, uniéndose a Palito Ortega, Amalia Lacroze de Fortabat, el Soldado Chamamé y otros "puros" que no provenían del contaminado pantano del partidismo. Sus respectivas gestiones serían "aire fresco".

Pruebas al canto.

Durante años, el actual senador por Santa Fé y ex dañoso gobernador de la misma provincia, Reutemann, disfrazó de peronismo su conservadurismo rural y de habilidad florentina su falta de inteligencia. Era el "gran administrador de silencios" cuando en realidad no tenía nada para decir. Era el "tiempista" cuando en realidad era un cobarde desconfiado y de poquísimas luces.

También él debe su permanencia a los Medios. Sin ellos, hace rato que sería apenas un patrón de estancia sin mayor trascendencia.

Estos dos especímenes son, hoy, los mulettos del Monopolio si Cleto se cae o el ACyS se rompe sin remedio y el voto opositor queda dividido. No debe sorprender que así sea: los intereses de los grupos empresarios, financieros y políticos que buscan la destrucción de la políticas virtuosas que impuso el kirchnerismo, requieren de esta clase de personajes.

Eso es lo que el gobierno tendrá enfrente: personajes que ejecuten sin asco el ajuste que requieren los poderes ocultos, sin mayores pruritos ideológicos. Cirugía sin anestesia.

Igual, ya se sabe que la política es una mierda.

MP

La foto pertenece al blog del Muletto Fútbol Club

1 comentarios:

Horacio Aldo Cingolani dijo...

Soy un ciudadano independiente muy amigo de los peronistas y radicales, pero no me caso con ninguno. Les pido a todos que dejen un poco de lado el partisdmo y hablen más de proyectos y de buenas formas de gobernar. Para todos los futuros gobiernos!!!

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