24 febrero 2010

UNA NUEVA CONCIENCIA EN MARCHA


El 24 de febrero de 1946 se llevaron a cabo las primeras elecciones absolutamente libres, democráticas y limpias de la historia nacional. Bajo en férreo control de la Fuerzas Armadas, los comicios se desarrollaron con absoluta normalidad. Así lo destacaron los principales dirigentes de la Unión Democrática, quienes, bajo la conducción política y logística de Spruille Braden, embajador de los EEUU, estaban seguros de ser los ganadores.

Todavía los partidos tradicionales de la Argentina (conservadores y radicales), sostenían la inercia del ejercicio del poder desde los tiempos de Roca. Habían sido fuerzas antagónicas hasta 1922. Desde Marcelo de Alvear en adelante, se asimilaron claramente entre sí. La "Concordancia" fue el fruto de este asimilamiento: el sistema de alternancias fraudulentas a lo largo de la "década infame".

Después de la muerte de Hipólito Yrigoyen, y salvo disidencias de significación escasa, la UCR se encaminó a una identificación creciente con lo que el viejo caudillo de Balvanera había llamado peyorativamente "el Régimen". Hacia 1946 ya era imposible diferenciarlos. Es decir, trece años después de sepultar a Yrigoyen, los radicales lo habían olvidado por completo y eran, apenas, la variante "clasemediera" del conservadurismo.

La Unión Democrática nació con una marca en el orillo: ser oposición. Es decir, se formó debido a la irrupción del liderazgo del coronel Perón, quien puso a su vez en el escenario político a un actor hasta entonces ignorado: la clase baja, los asalariados pobres de las orillas. Los invisibles de la república conservadora. Con esta marca de bautismo, la entente "opositora" inauguró costumbres políticas que se mantendrían en el tiempo con asombrosa exactitud. Ya se volverá a ello.

Actuando por la negativa, el conglomerado opositor de 1945/46 fue un rejunte rocambolesco que unía bajo las banderas del temprano "antiperonismo" tanto a los dirigentes de la Sociedad Rural como al Partido Comunista, radicales, demócratas progresistas, socialistas y conservadores (insert: Si usted ve aquí un primer modelo de lo que hoy ve enfrentado al gobierno peronista de Cristina Fernández, acertó. Verá usted que cada actor ocupa su disfraz histórico con total exactitud en esta repetición farsesca.) Todos ellos bajo la tutela del Departamento de Estado de los EEUU, quienes, terminada la guerra en Europa y el Pacífico, buscaban alinear a la fuerza a la República Argentina con las demás naciones obedientes del "patio trasero de América Latina. Y bien sabido es, que para que un prepotente extranjero mande, debe haber un cipayo que obedezca. Sí, ya sé. Ahora pasa lo mismo.

La UD llegó a las elecciones de febrero de 1946 con la confianza de ser el "conjunto de las fuerzas vivas" de la República. Lo mejor de cada casa.

¿Quién podía derrotarlos? ¿Ese coronel populista, nazifascista y demagógico, rodeado de lo que los muchachos del PC habían llamado "lumpenproletariat"? ¿No habían categorizado así al pueblo del 17 de octubre los dirigentes serviles de Moscú, convencidos de que semejante movilización había sido un mero movimiento de sectores marginales y delincuenciales asociados con la policía del régimen?

No, el pueblo no estaba allí, en ese conjunto roñoso, maleducado y desagradable que vivaba a Perón de esa forma grosera y vocinglera. Esos que, en la guerra de pintadas en las paredes, durante la campaña electoral, al lado del republicano "¡Basta!" de la UD, escribían "¿Te duele?".
No, el pueblo argentino votaría por la Unión Democrática. Si la Argentina "previsible", integrada el mundo de los vencedores de la guerra mundial, sobria, agroexportadora y republicana estaba allí, representada por los nombres tradicionales que habían conducido la Patria desde la Organización Nacional. El pueblo era lo que decían La Prensa y La Nación: un conjunto de personas "de bien" en cuyo sistema de valores estaba la religión de las formas constitucionales y de la república oligárquica que había pervivido hasta 1943. El pueblo argentino rechazaba la "demagogia nazi" del coronel Perón, rechazaba las mejoras sociales impulsadas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. El pueblo quería que todo siguiera como había sido siempre.

Sumergidos en este impresionante microclima, los candidatos Enrique Tamborini y José P. Mosca se lanzaron a la carrera presidencial, seguros del formidable aparato político del que disponían, que había funcionado aceitadamente desde 1916; y acunados por los grandes diarios, por las cámaras patronales y agrarias, y por el gobierno norteamericano. Vaya sorpresa que se llevaron.

La fórmula Perón - Quijano, representando al Partido Laborista/UCR junta Renovadora, se impuso por 55% contra el 45% del resto. Fue el equivalente de la caída de una bomba atómica.

Nacía la Nueva Argentina, una experiencia maravillosa de justicia social, de redistribución del ingreso, de creación de nuevos derechos para el pueblo argentino, bajo el lema de "una nueva conciencia en marcha". Era, en realidad, una nueva esperanza. Un momento de ruptura de la historia de la Argentina oligárquica y excluyente parida por la Organización de 1862.

Hoy retomamos esta conciencia maravillosa que pusieron en marcha Perón y el pueblo. Tenemos en frente a los mismos enemigos. Y la misma lucha por librar. Y tenemos lo que hace falta: la pasión, el amor, la doctrina, la fuerza y la voluntad.

Ojalá los peronistas estemos a la altura de esta lucha y podamos decir, alguna vez, que hemos sido dignos del papel histórico que nos ha caído en suerte y que nuestros antecesores, nuestros padres y abuelos desempeñaron tan valientemente.

MP

4 comentarios:

Mery dijo...

A brillar mi amor !!!! 100% Peronista!!! muy bueno, hasta un profe radical me lo relató así en historia, ja!! la única verdad es la realidad, el pueblo es Peronista. Buena clase hasta la próxima.

la alpargata dijo...

Tenés razón. Es un asunto que está en nuestras manos y que debemos resolver. Como siempre, hay compañeros que están a la altura de los acontecimientos y las circunstancias. Y hay otros que parecen haber dejado de ser compañeros. Ahí vamos los peronios, tratando de resolver contradicciones a paso redoblado, debatiéndonos entre hacer valer el bastón de mariscal y olvidarnos de nosotros mismos para ser en los otros y tener la chance real de crear una sociedad nueva. Un gusto leer esta entrada.
Osvaldo Tangir

Marcelozonasur dijo...

Cualquier semejanza con la actualidad, no es ninguna consecuencia.
Aunque lamentablemente ese desarrollo logrado por Perón hoy le juegue en contra al pueblo. Muchos de esos beneficiados por el ascenso social a través del trabajo y poder estudiar en una universidad, hoy están transofrmados en la clase media burguesa quejosa, apatrida y admiradora de "lodeafuera". Esos mismos prefieren votar una rata como Macri. No les importa que el bienestar general sea para nos pocos, le importan mas las formas, que les digan que somos el primer mundo.

Marmaduke/Eddie/Matt dijo...

La revista Contorno comentaba que la oligarquía no entendía porque el pueblo prefería a Perón que "sólo" había promulgado el Estatuto del Peón y no a Tamborini, que prometía la reforma agraria...

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