
No sé, tiendo a pensar que uno suele considerar "justo" algo cuando coincide con sus deseos o sus creencias. En ese contexto, las idas y vueltas de la realidad tienen ese "no se qué" que te deja en offside cada tanto. Le pasa ahora mismo a la oposición mediática, que critica por la imputación a Macri al mismo juez con el que coindide por la imputación a Jaime. Y es algo que no tiene resolución.
Me imagino que nos pasa a todos. Como cuando, allá por los años ochenta, uno escuchaba a Camps (sabe, el hijo de puta torturador y asesino que fue jefe de la Bonaerense en tiempos de la dictadura) diciendo "creo en la justicia" y pensaba: "no debe ser la misma justicia en la que YO creo".
Yo no creo mucho en la justicia, le voy a decir. En mi vida, lo que aprendí es que "la justicia" queda siempre del lado del poderoso. Y por más que esto suene a panfleto de "Autodeterminación y Libertad", creo que resume bastante bien cuál es la frontera de eso que llamamos justicia: el billete. O sea, no es al pedo que las cárceles sean depósitos de pobres y que ningún rico esté en una celda común o sea arrojado a la ranchada de Devoto sin contemplaciones.
Vivimos aceptando esta situación como "lógica". Cuando Videla estuvo en Devoto, dispuso de todo un lugar sólo para él y cuando quería ir a cagar, los guardianes le despejaban la letrina y le hacían de seguridad. Esto pasa porque la justicia responde a una trama socio-económica que es mucho más grande y densa, y más antigua y poderosa que cualquier gobierno.
Cuando un gobierno convive con esta trama, cuando se hace amigo y acepta "las reglas del juego", todo bien. No hay conflictos. Algún que otro descolgado puede hacerse el héroe, pero entre la corporación judicial y ese gobierno, solucionan el tema. Y los Medios hacen como si vieran llover. Como dijera Perón, "no vamos a echarnos suertes entre gitanos".
El problema surge cuando el gobierno propone una agenda judicial que posee cierta profundidad, cuando se empiezan a afectar intereses concretos de las corporaciones, cuando te descuelgan el cuadrito, cuando te tiran con una ley como la de Servicios Audiovisulaes. Ahí se pudre todo.
Entonces se ponen en marcha ciertos mecanismos. Y digamos que los mismos a los que no les tiembla la voz para denunciar las "presiones políticas" sobre los jueces, ponen lo que haya que poner para frenar cierta ley, ayudar a su sector o proteger sus privilegios, sean estos legales o no.
Este es un juego que los ciudadanos vemos desde afuera. Todos nos damos cuenta que la jueza de Mendoza juega para el grupo mediático que domina la provincia, todos vemos la mano del Monopolio detrás de las resoluciones de algunos otros jueces frenando la ley de Medios. De lo que no se puede decir porque no hay pruebas, extraemos una verdad evidente, pero tácita.
Si hay un caso paradigmático de la "justicia para unos" en este país, es el de los hijos que Ernestina Herrera de Noble reclama como legalmente adoptados y que se sospechan apropiados de padres desaparecidos durante el genocidio. A lo largo de TODOS los años de la democracia, desde 1983 hasta ahora, fue un tema tabú. Y cuando se empezó a mover la causa, impulsada por el gobierno, los resortes de la protección de la trama judicial fueron puestos a funcionar prestamente. Por eso Marquevich fue eyectado de su cargo de juez en tiempo récord, después de haber cometido el pecado de detener a la dueña del Grupo Clarín. Por eso fueron y será miles las tramoyas imaginadas por los abogados pagados con la guita del Monopolio y concedidas y auspiciadas por "la justicia", que ya dio sobradas muestras sobre de qué lado del mostrador están sus simpatías en este asunto doloroso.
Hoy, uno habla de la justicia porque la Sala 2 de la Cámara de Casación negó la procedencia del recurso interpuesto por los abogados de la mujer denunciada como apropiadora, ya que no pueden ser representantes de las víctimas tanto como de la presunta victimaria. Con esto, se accede al pedido de la querella (Abuelas de Plaza de Mayo) para que las muestras de ADN tomadas a los jóvenes sean comparadas con todas las muestras residentes en el Banco Nacional de Datos Genéticos y no solamente con las dos familias mencionadas en la querella únicamente, como pedía la parte acusada, tal vez porque saben perfectamente que no iban a coincidir.
Es una victoria de la verdad, incomode a quien incomode. Esto no se puede convertir en materia opinable. Nadie puede defender la manía de ocultamiento propiciada por la señora de Noble sin ser un apologista de un delito de lesa humanidad.
Va para los periodistas empleados del Grupo Clarín. Va para los políticos del Rejunte A. Va para los giles de a pie que consumen las "verdades" de la prensa de la derecha como "sentido común".
Hay cosas que son de una sola manera.
Yo, a diferencia del general Camps, no creo en la justicia. Pero me bastará con que haga bien su trabajo.
MP
Me imagino que nos pasa a todos. Como cuando, allá por los años ochenta, uno escuchaba a Camps (sabe, el hijo de puta torturador y asesino que fue jefe de la Bonaerense en tiempos de la dictadura) diciendo "creo en la justicia" y pensaba: "no debe ser la misma justicia en la que YO creo".
Yo no creo mucho en la justicia, le voy a decir. En mi vida, lo que aprendí es que "la justicia" queda siempre del lado del poderoso. Y por más que esto suene a panfleto de "Autodeterminación y Libertad", creo que resume bastante bien cuál es la frontera de eso que llamamos justicia: el billete. O sea, no es al pedo que las cárceles sean depósitos de pobres y que ningún rico esté en una celda común o sea arrojado a la ranchada de Devoto sin contemplaciones.
Vivimos aceptando esta situación como "lógica". Cuando Videla estuvo en Devoto, dispuso de todo un lugar sólo para él y cuando quería ir a cagar, los guardianes le despejaban la letrina y le hacían de seguridad. Esto pasa porque la justicia responde a una trama socio-económica que es mucho más grande y densa, y más antigua y poderosa que cualquier gobierno.
Cuando un gobierno convive con esta trama, cuando se hace amigo y acepta "las reglas del juego", todo bien. No hay conflictos. Algún que otro descolgado puede hacerse el héroe, pero entre la corporación judicial y ese gobierno, solucionan el tema. Y los Medios hacen como si vieran llover. Como dijera Perón, "no vamos a echarnos suertes entre gitanos".
El problema surge cuando el gobierno propone una agenda judicial que posee cierta profundidad, cuando se empiezan a afectar intereses concretos de las corporaciones, cuando te descuelgan el cuadrito, cuando te tiran con una ley como la de Servicios Audiovisulaes. Ahí se pudre todo.
Entonces se ponen en marcha ciertos mecanismos. Y digamos que los mismos a los que no les tiembla la voz para denunciar las "presiones políticas" sobre los jueces, ponen lo que haya que poner para frenar cierta ley, ayudar a su sector o proteger sus privilegios, sean estos legales o no.
Este es un juego que los ciudadanos vemos desde afuera. Todos nos damos cuenta que la jueza de Mendoza juega para el grupo mediático que domina la provincia, todos vemos la mano del Monopolio detrás de las resoluciones de algunos otros jueces frenando la ley de Medios. De lo que no se puede decir porque no hay pruebas, extraemos una verdad evidente, pero tácita.
Si hay un caso paradigmático de la "justicia para unos" en este país, es el de los hijos que Ernestina Herrera de Noble reclama como legalmente adoptados y que se sospechan apropiados de padres desaparecidos durante el genocidio. A lo largo de TODOS los años de la democracia, desde 1983 hasta ahora, fue un tema tabú. Y cuando se empezó a mover la causa, impulsada por el gobierno, los resortes de la protección de la trama judicial fueron puestos a funcionar prestamente. Por eso Marquevich fue eyectado de su cargo de juez en tiempo récord, después de haber cometido el pecado de detener a la dueña del Grupo Clarín. Por eso fueron y será miles las tramoyas imaginadas por los abogados pagados con la guita del Monopolio y concedidas y auspiciadas por "la justicia", que ya dio sobradas muestras sobre de qué lado del mostrador están sus simpatías en este asunto doloroso.
Hoy, uno habla de la justicia porque la Sala 2 de la Cámara de Casación negó la procedencia del recurso interpuesto por los abogados de la mujer denunciada como apropiadora, ya que no pueden ser representantes de las víctimas tanto como de la presunta victimaria. Con esto, se accede al pedido de la querella (Abuelas de Plaza de Mayo) para que las muestras de ADN tomadas a los jóvenes sean comparadas con todas las muestras residentes en el Banco Nacional de Datos Genéticos y no solamente con las dos familias mencionadas en la querella únicamente, como pedía la parte acusada, tal vez porque saben perfectamente que no iban a coincidir.
Es una victoria de la verdad, incomode a quien incomode. Esto no se puede convertir en materia opinable. Nadie puede defender la manía de ocultamiento propiciada por la señora de Noble sin ser un apologista de un delito de lesa humanidad.
Va para los periodistas empleados del Grupo Clarín. Va para los políticos del Rejunte A. Va para los giles de a pie que consumen las "verdades" de la prensa de la derecha como "sentido común".
Hay cosas que son de una sola manera.
Yo, a diferencia del general Camps, no creo en la justicia. Pero me bastará con que haga bien su trabajo.
MP
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