

No sé cómo va a salir este posteo. Confieso que nunca me pasa esto. Por lo general, cuando me siento a escribir (y aclaro que lo hago directamente en el cuerpo de creación de entradas que me ofrece blogger, sin pasar por el Word, lo que explica los errores de tipeo que se encuentran aquí o allá) ya tengo todo el posteo "cocinado" en la cabeza. Ya está allí, solamente tengo que transcribirlo.
Hoy es diferente, porque resulta que no tengo en claro el tema central del posteo. O mejor, ESO es lo único que tengo en claro: el sacrificio. Nada más. Por lo tanto aviso: no se qué va a salir
Leía una nota escrita hoy en el diario Crítica por Martín Caparrós, bastante buena a pesar de esa tontera eterna de la que adolece, culpa de ser más personaje que persona.
Allí propone una visión que me acompaña desde mis antiguos tiempos de católico practicante y candidato (durante un período) al seminario y a la sotana: la del papel de Judas, llamado El Iscariote, en aquél drama fundacional que denominamos "la Pasión". Esta idea se resume en que lejos de ser un traidor liso y llano (a pesar de que, como bien recordaba hace poco Walter Besuzzo, el escritor Dalmiro Sáenz supo decir que no cualquiera es traidor, porque para traicionar hay que ser valiente) el Iscariote cumple un papel fundamental en el "plan de Dios" para redimir de una vez y para siempre al mundo de sus pecados mediante la sangre del inocente, la de su propio hijo.
Judas es el punto cero de esta historia terrible, porque sin su propio sacrificio nada se hubiera cumplido de ese "plan". Lo dice muy bien Caparrós, exagerando quizás en la comparación entre ambos sacrificios: el de Jesús y el de Judas. Uno, clara consencuencia del otro y viceversa.
La lectura de los Evangelios, nos indica que el Maestro ya sabe lo que viene. "Lo que vas a hacer, hazlo rápido" le dice directamente al Iscariote en plena celebración. Ese momento serio y angustioso en mitad de una fiesta religiosa de alegría como es el pésaj, en la que se celebra la huída de Egipto del pueblo judío, es revelador. Tanto Jesús como Judas saben el rol que les corresponde a cada uno. En ese momento, están unidos por un conocimiento que ninguno de los demás seguidores imagina siquiera. Tal vez Judas el Iscariote haya sido mucho más importante, su papel mucho más feliz del que le asignó la Iglesia posterior. O tal vez sea el único traidor verdadero de la historia, el único con la valentía suficiente como para traicionar al propio Hijo de Dios.
La teología cristiana enseña que Dios, que en una ocasión anterior había aniquilado a la humanidad hastiado de sus pecados, decidió en algún momento proponer al género humano un sacrificio tan enorme, tan desmedido, que propiciara el perdón de todos los pecados de una vez y para siempre. Entendido así, si en el contexto de la antigua Alianza entre Dios y los hombres, el sacrificio del cordero predisponía a la deidad a perdonar, en la alianza nueva, el sacrificio requirió de la tortura y la muerte de una parte del mismo Dios (su hijo) hecho carne.
Este sacrificio es ejemplo. O sea, que tiene un significado para quienes lo conocen, para quienes lo han visto o saben de él por otros.
Ese es el valor cristiano del sacrificio: su ejemplaridad. El valor del martirio de los primeros cristianos, es justamente su conocimiento, su difusión. Es el valor de ejemplo que guarda su principal utilidad y su principal importancia. Al igual que el sacrificio de Jesús mismo, los mártires mueren para dar testimonio de su fé. Y el modo más radical de probar la propia fé es dando la vida por ella.
Va de suyo que los mártires no iban a la muerte por propia voluntad. Incluso el propio Jesús, humano al fin, tiene un momento de terror en la soledad del Huerto de Getsemani, cuando ya es inminente su detención y los discípulos duermen tranquilamente, ignorantes de lo que viene. En ese momento, como lo supone Nikos Kazantzakis en su novela "La última tentación de Cristo", quizás deseó seguir viviendo. Sencillamente eso, renunciar a todo ese terrible plan divino y seguir vivo.
Las fechas se mezclan por este lado del mundo. Hoy, viernes, los cristianos creen que el mundo está sumido en la oscuridad. Dios está muerto. Jesús cumplió con todas las profecías. El Reino de los Cielos llegaba a la tierra por la sangre del justo. La sangre derramada.
Pero hoy es dos de abril. Y aquí, en la Argentina, tenemos nuestro propio sacrificio. Miles de chicos, apenas mayores que yo, fueron obligados a ir a la guerra. Desde hace mucho tiempo que aquél 1982 de mal recuerdo, y este día en particular, es para mí un día oscuro. Que haya coincidido con el Viernes Santo lo duplica en significado. Mas de seiscientos hermanos míos fueron sacrificados en aquél andurrial del mundo, en aquél monton de turba helada que surge del mar y que llamamos Malvinas por esa arbitrariedad de los nombres. Muchos más todavía murieron después, cuando el mismo país que les ordenó entregar la vida, los puso en un rincón como si fueran una verguenza.
Ese sacrificio, a pesar de su origen, es la ejemplaridad para con los que seguimos viviendo. Hubiera sido infinitamente mejor que los asesinos militares y sus eunucos civiles que regían el país en ese momento no hubiesen tomado esa decisión estúpida, irrazonable, basados en el autoengaño de creer que Gran Bretaña no repondería militarmente. Hubiera sido hermoso que esos chicos apenas más grandes que yo en edad, tanto más enormes que yo en su quizás involuntaria valentía, no hubieran sido el ejemplo ni el sacrificio. Que esas vidas segadas por las armas inglesas y por la idiotez criminal argentina siguieran, hoy, el camino que se tronchó para siempre en aquél otoño del 82.
Jesús tuvo un momento en el que no quiso morir. Estoy seguro que ninguno de los chicos quiso morir en Malvinas.
Esa tierra es nuestra, de este pueblo. No tengo la menor duda. Como dice Cristina: por historia, por geografía y por sentido común.
Pero si hacía falta un argumento más, diré aquí que el pueblo argentino sacralizó esa tierra con la sangre de sus hijos, derramada igual que la del hijo del carpintero de Nazareth, hace ya dos mil años.
MP
Hoy es diferente, porque resulta que no tengo en claro el tema central del posteo. O mejor, ESO es lo único que tengo en claro: el sacrificio. Nada más. Por lo tanto aviso: no se qué va a salir
Leía una nota escrita hoy en el diario Crítica por Martín Caparrós, bastante buena a pesar de esa tontera eterna de la que adolece, culpa de ser más personaje que persona.
Allí propone una visión que me acompaña desde mis antiguos tiempos de católico practicante y candidato (durante un período) al seminario y a la sotana: la del papel de Judas, llamado El Iscariote, en aquél drama fundacional que denominamos "la Pasión". Esta idea se resume en que lejos de ser un traidor liso y llano (a pesar de que, como bien recordaba hace poco Walter Besuzzo, el escritor Dalmiro Sáenz supo decir que no cualquiera es traidor, porque para traicionar hay que ser valiente) el Iscariote cumple un papel fundamental en el "plan de Dios" para redimir de una vez y para siempre al mundo de sus pecados mediante la sangre del inocente, la de su propio hijo.
Judas es el punto cero de esta historia terrible, porque sin su propio sacrificio nada se hubiera cumplido de ese "plan". Lo dice muy bien Caparrós, exagerando quizás en la comparación entre ambos sacrificios: el de Jesús y el de Judas. Uno, clara consencuencia del otro y viceversa.
La lectura de los Evangelios, nos indica que el Maestro ya sabe lo que viene. "Lo que vas a hacer, hazlo rápido" le dice directamente al Iscariote en plena celebración. Ese momento serio y angustioso en mitad de una fiesta religiosa de alegría como es el pésaj, en la que se celebra la huída de Egipto del pueblo judío, es revelador. Tanto Jesús como Judas saben el rol que les corresponde a cada uno. En ese momento, están unidos por un conocimiento que ninguno de los demás seguidores imagina siquiera. Tal vez Judas el Iscariote haya sido mucho más importante, su papel mucho más feliz del que le asignó la Iglesia posterior. O tal vez sea el único traidor verdadero de la historia, el único con la valentía suficiente como para traicionar al propio Hijo de Dios.
La teología cristiana enseña que Dios, que en una ocasión anterior había aniquilado a la humanidad hastiado de sus pecados, decidió en algún momento proponer al género humano un sacrificio tan enorme, tan desmedido, que propiciara el perdón de todos los pecados de una vez y para siempre. Entendido así, si en el contexto de la antigua Alianza entre Dios y los hombres, el sacrificio del cordero predisponía a la deidad a perdonar, en la alianza nueva, el sacrificio requirió de la tortura y la muerte de una parte del mismo Dios (su hijo) hecho carne.
Este sacrificio es ejemplo. O sea, que tiene un significado para quienes lo conocen, para quienes lo han visto o saben de él por otros.
Ese es el valor cristiano del sacrificio: su ejemplaridad. El valor del martirio de los primeros cristianos, es justamente su conocimiento, su difusión. Es el valor de ejemplo que guarda su principal utilidad y su principal importancia. Al igual que el sacrificio de Jesús mismo, los mártires mueren para dar testimonio de su fé. Y el modo más radical de probar la propia fé es dando la vida por ella.
Va de suyo que los mártires no iban a la muerte por propia voluntad. Incluso el propio Jesús, humano al fin, tiene un momento de terror en la soledad del Huerto de Getsemani, cuando ya es inminente su detención y los discípulos duermen tranquilamente, ignorantes de lo que viene. En ese momento, como lo supone Nikos Kazantzakis en su novela "La última tentación de Cristo", quizás deseó seguir viviendo. Sencillamente eso, renunciar a todo ese terrible plan divino y seguir vivo.
Las fechas se mezclan por este lado del mundo. Hoy, viernes, los cristianos creen que el mundo está sumido en la oscuridad. Dios está muerto. Jesús cumplió con todas las profecías. El Reino de los Cielos llegaba a la tierra por la sangre del justo. La sangre derramada.
Pero hoy es dos de abril. Y aquí, en la Argentina, tenemos nuestro propio sacrificio. Miles de chicos, apenas mayores que yo, fueron obligados a ir a la guerra. Desde hace mucho tiempo que aquél 1982 de mal recuerdo, y este día en particular, es para mí un día oscuro. Que haya coincidido con el Viernes Santo lo duplica en significado. Mas de seiscientos hermanos míos fueron sacrificados en aquél andurrial del mundo, en aquél monton de turba helada que surge del mar y que llamamos Malvinas por esa arbitrariedad de los nombres. Muchos más todavía murieron después, cuando el mismo país que les ordenó entregar la vida, los puso en un rincón como si fueran una verguenza.
Ese sacrificio, a pesar de su origen, es la ejemplaridad para con los que seguimos viviendo. Hubiera sido infinitamente mejor que los asesinos militares y sus eunucos civiles que regían el país en ese momento no hubiesen tomado esa decisión estúpida, irrazonable, basados en el autoengaño de creer que Gran Bretaña no repondería militarmente. Hubiera sido hermoso que esos chicos apenas más grandes que yo en edad, tanto más enormes que yo en su quizás involuntaria valentía, no hubieran sido el ejemplo ni el sacrificio. Que esas vidas segadas por las armas inglesas y por la idiotez criminal argentina siguieran, hoy, el camino que se tronchó para siempre en aquél otoño del 82.
Jesús tuvo un momento en el que no quiso morir. Estoy seguro que ninguno de los chicos quiso morir en Malvinas.
Esa tierra es nuestra, de este pueblo. No tengo la menor duda. Como dice Cristina: por historia, por geografía y por sentido común.
Pero si hacía falta un argumento más, diré aquí que el pueblo argentino sacralizó esa tierra con la sangre de sus hijos, derramada igual que la del hijo del carpintero de Nazareth, hace ya dos mil años.
MP
8 comentarios:
Día triste hoy. Pero uno debe hacer que el "ejemplo" sirva. Al menos eso trato de hacer.
Anoche pasaron La Pasión de Cristo por canal 13. Una amiga no la vió porque "con una vez me alcanza". Muy católica ella (tanto como lo es crítica con la institución) le hace mal ver el sufrimiento de Jesús. Esta bien, es su forma de vivir el momento. Personalmente me gusta ver esa película mas moderna, como las otras viejas que vehiamos los "sabados de super acción". O leer sobre el tema. O partcipar del Vía Crucis. Y si, es triste. Es un momento de impotencia. PEro al mismo tiempo refuerza mi fé. Me hace preguntar por que a veces me quejo por tantas boludeces. Me sirve.
Sobre el 2 de abril, día complicado. Muchos ponen en la misma bolsa a los mandos o lo político de las fuerzas armadas con los valientes que cumplieron ordenes y defendieron a la patria. Para estos, admiración y agradecimiento desde lo mas profundo. Lamentablemente dejaron su sangre... digo lamentablemente porque de ahí mucho no aprendimos. Como sociedad somos una porquería, no somos solidarios, somos ventajeros, egoistas, no comprometidos. Todo lo contrario a como fueron aquellos soldades en esas benditas islas.
Ojalá algún día entendamos mejor los sacrificios de algunos.
Absolutamente, Marcelo. Ojalá algún día entendamos.
ES de madrugada. Esta lloviendo por esta parte de la bota santafesina. Lo que escribiste es una réplica de lo que pienso y siento. Sobretodo en la relación Maestro-Judas.
El jueves Santo fui a la adoración luego de la misa del lavado de piés; un momento de reflexión que la liturgia recuerda el encarcelamiento de Jesús y la negación de Pedro y el dolor de sus seguidores.
Mucho bullicio fuera del templo. Adentro también. Poco silencio. Poca reflexión. Mercaderes del tiempo. Vendiendo baratijas como sis fuera un día cualquiera.
Tu reflexión y la de Marcelo en su comentario me hicieron muy bien. Sobretodo -después de haber servido a Jesús activamente- estoy como Moisés, en el medio del desierto.
Un abrazo grande amigo mio.
Felices Pascuas de resurrección.
Claudio
plaf,plaf plaf
Gracias Claudio, un fuerte abrazo.
Besuzzo, ¿"plaf es aplauso o cachetada? JAJAJAJA de verdad gracias.
usted sabe que yo soy malvinero -en el sentido de rescatar a los verdaderos hacederos de la gesta. nuestros amigos y hasta compañeros de escuela en mas de un caso-, pero este escrito comparativo, resulta muy emotivo, lo felicito amigo.
La guerra fue posible tambien gracias a una plaza llena de gente.
Hoy eso ya no seria posible con semejante excusa. Creo que algo aprendimos.
Sin emargo desde medios depechados de incomunicacion se animaron a decir lo contrario.
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