El señor Osvaldo Pepe, editor del diario del Monopolio, se despacha hoy con una parrafada de poco vuelo, en la que intenta teorizar, sin suerte, sobre conceptos como la traición y la lealtad. Refiere, claro, al peronismo. Una meada de Pepe que se aleja varios centímetros por fuera del borde del tarro. Pero bueno, no solamente debe cumplir con las órdenes que el buró político del Monopolio hacia afuera, retorciendo las palabras para pegarle al Gobierno (ítem obligatorio de los cuadros operativos del diario clarinete), sino también hacia dentro, recordando a la tropilla que nadie saca los pies del plato sin consecuencias.
Es que la jefatura política del Monopolio está jugando su última guerra sucia, enmierdando a todos los que están bajo sueldo en un embrollo de complicidades demasiado serias. Porque cuando esta verdadera asociación ilícita caiga, cuando se pague el colaboracionismo con la dictadura, Papel Prensa y la apropiación de menores, hijos de desaparecidos. Cuando haya que rendir cuentas por la propaganda favorable a la dictadura, por la desinformación, por el ocultamiento de la violación sistemática de los derechos humanos; en ese momento (que llega irreversiblemente) ¿qué dirán los empleadillos que hoy obedecen sin chistar? ¿Qué explicarán los que callan los abusos laborales, la intimidación y el apriete que sufren a diario los trabajadores del monopolio? ¿Qué excusa darán ante la justicia los cómplices con firma y presencia ante micrófonos y cámaras?
La cabecilla de esta runfla criminal ya escapó. ¿Cuánto falta para que sus esclavos hagan lo propio?
La nota cuya imagen ilustra este posteo muestra que se sigue perseverando en la complicidad con un crimen aberrante. Es de esperar que algún fiscal de la Nación impulse una investigación sobre este accionar periodístico, para dilucidar si no constituye delito de encubrimiento y apología del crimen.
La dictadura Clarín exige lealtad absoluta. Y esa lealtad bien puede tener consecuencias serias.
Ojalá que así sea, porque sino, sería otro horrendo nicho de impunidad, de los muchos que todavía persisten en la sociedad argentina.
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