23 julio 2010

EL QUE MUEVE LOS HILOS

Jaime Durán Barba se despliega por detrás de los telones del PRO, una fuerza política sin cuadros militantes ni cuadros dirigentes.

El PRO no es un partido. Es, más bien, un experimento de laboratorio de un liberalismo tardío y de hechura burda y tosca. Es decir, desde su cabeza para abajo, el ambiente empresarial, jerárquico y gerencial que transmite esta agrupación, posibilita desentrelazar con facilidad su naturaleza.

Con la misma inspiración motivacional que atrajo a amplias franjas sociales  a la experiencia menemista, repitiendo casi sin variantes la mitología que tan bien coincidió con las aspiraciones de las clases medias y medias bajas en los noventa. Es decir, el trabajo de adoctrinamiento ideológico masivo que llevaron adelante los prohombres fundadores del menemato (Neustadt, Grondona, etc.) en su sentido filosófico, explotando al máximo las taras de origen de la clase media, constituye el material residual que hoy el publicista ecuatoriano Durán Barba usa para sostener la existencia del Pro y de Macri.

Desde el uso de palabras clave como "gestión", "eficiencia" y otros términos de la jerga empresarial, el posicionamiento de Macri resultó sencillo, puesto que el terreno era fértil: la clase media porteña mantenía intacto su credo menemista en el mercado y los empresarios, como contraposición moral a la "corrupta" política tradicional. Macri, Durán Barba mediante fue un Menem 2.0. O más exactamente, un Fujimori de entrecasa.

Es decir, el macrismo es una fase tardía del menemismo, con sus mismas prácticas, y sin el molesto componente litúrgico del peronismo, el cuál fue mantenido formalmente por Menem para llegar a los sectores populares, aún siendo éstos las víctimas primarias de su modelo socio-económico. O sea, el compuesto perfecto para el paladar gorila del medio pelo promedio de la ciudad puerto.

Igualmente, el astuto Durán Barba, mantiene ese componente peronista a la mano, con el afecto societatis siempre posible del macrismo con los sectores de la derecha peronista, comandada por Duhalde, y que representa no sólo a los residuos del menemismo, sino que hereda formas y discursos de la vieja raigambre lopezrreguista, con un maccartismo rampante y una alianza pública con sectores patronales y del stablishment económico.

De esta ensalada venenosa, Durán Barba espera posicionar a Macri como el gran candidato de la derecha, peronista y antiperonista. Una síntesis nada novedosa, si se tienen en cuenta los diez años del menemato. El objetivo evidente es recrear esa peculiar alianza de clases, orientada a restaurar los niveles regresivos de distribución del ingreso, de control de la inflación mediante el aumento de la tasa de desempleo y el enfriamiento de la economía que cumpla el doble objetivo de restar poder a las organizaciones sindicales e incrementar el de los dirigentes empresariales. 

Esto no es una mera especulación. El macrismo YA está implementando este proyecto en la ciudad. Hoy, Buenos Aires es un laboratorio de neoliberalismo a cielo abierto, cuyos efectos y consecuencias se aprecian a simple vista. Uno de los temas clave, en el proyecto macrista, como es obvio, es disponer de poder de represión de la protesta social, el ABC de los sistemas neoliberales aplicados en el Tercer Mundo. Así fue su original exigencia del traspaso de la Policía Federal, la creación de los cuerpos parapoliciales de la UCEP y por último, la creación de la Policía Metropolitana, plagada de ex federales prontuariados y cuyos dos primeros jefes se hallan procesados por la Justicia.

De esto deriva el terremoto político que sacude al macrismo, con el procesamiento de Macri confirmado por la Cámara Federal. Que algo así ocurriera era cuestión de tiempo, porque en política, es difícil tirarse a una pileta llena de barro y salir limpito. El proyecto político macrista requiere de un aparato represivo y de control social de estructura clandestina. Sin eso, no hay proyecto que valga, porque se vería arrollado por la protesta social derivada de la apliación de las doctrinas liberales excluyentes.

Las movidas posteriores, fantochada de pedir su propio juicio político incluída, son los movimientos apresurados de fichas que el asesor de Macri está ejecutando para salvar lo salvable en una situación política de catástrofe, que ni siquiera la escandalosa protección (complicidad) del Grupo Clarín es capaz de disimular. El intento de erigirse en contendiente de Kirchner, demonizándolo hasta niveles inverosímiles corre el riesgo de ser un tiro que salga por la culata, sobre todo si desde el oficialismo se mentiene la sabia política de no involucrarse en semejante despropósito. 

Macri se desgasta y en la emergencia, debe blanquear a fondo sus alianzas ideológicas. Por eso su intento de identificar su caso con el de los Agrogarcas en 2008, una maniobra más del titiritero ecuatoriano, para "levantar" las fantasías más oscuras de la clase media, en beneficio de su entenado.

Durán Barba mueve los hilos de esta comedia siniestra. La cuestión es de tiempo, hasta que estos hilos se corten, por más subestimación que el publicista y sus monitos adiestrados hagan de la sociedad civil argentina.

MP    

1 comentarios:

Ricardo dijo...

Muy buen post.

Macri apostó todo a la creación de "su" Policía -porque como bien marcás, un modelo neoliberal no subsiste sin represión- y es esa apuesta la que le está cobrando costos ahora.

Saludos.

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