07 julio 2010

MUERTOS VIVOS


En estos días, un lamentable despojo descompuesto escapó de la tumba. 
El discurso conservador-católico sobre "la familia", apolillado blablerío hipócrita que apesta a Congreso Eucarístico de 1934, asomó de las profundidades de la historia para acosar a la sociedad democrática del siglo XXI.
Como en los viejos tiempos, conceptos ridículamente arcaicos pudieron escucharse en boca de curas y políticos (estos últimos, cuadros apenas encubiertos de organizaciones ultras como el Opus Dei), en defensa de un "sentir del pueblo argentino" que evoca los años lamentables del falangismo.
Haciendo uso de su temible penetración en las clases medias y altas, las jerarquías eclesiásticas argentinas (aliados históricos del fascismo, la violación de los derechos humanos y las restricciones de la libertad individual), han iniciado una tarea de adoctrinamiento y movilización de cuadros, como no se veía, quizás, desde que el presidente Roca promulgó las dos leyes fundamentales del control civil y laico de la sociedad: La ley de Educación (1420) que arrebató a los curas la penetración ideológica en la formación de la juventud, y la  ley de Matrimonio Civil, que le quitó el monopolio de la reguralización de las uniones entre personas. En aquél momento, la Iglesia y sus cuadros políticos declararon la guerra al Estado Nacional. Una brutal campaña de propaganda se lanzó desde todos los foros posibles, se movilizaron a miles de fieles incautos, se atacó al Presidente y hasta se pidió auxilio internacional. Roca no se anduvo con miramientos, debatió, movilizó a los mejores intelectuales de la generación gobernante y por fin, expulsó al nuncio apostólico Matera y rompió relaciones diplomáticas con es Estado Vaticano.
El papel de la reacción ultramontana lo asume hoy el cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, junto con el sombrío arzobispo de La Plata, Héctor Aguer. Por lo demás, las comisiones senatoriales tienen cuadros de la corporación eclesiástica en posiciones estratégicas (Liliana Negre de Alonso, Opus Dei), destinadas a asegurar que ciertas cosas no varíen.
Ayer, este entramado se puso en marcha y tuvo el resultado esperado. Por convicción, presiones o directo amedrentamiento, se impuso como dictamen de mayoría el que rechaza lo aprobado en diputados en cuanto al matrimonio homosexual. Algunos votos tuvieron su origen en pequeñeces políticas, como quizás fue el caso de la otrora revolucionaria senadora Adriana Bortolozzi. De cualquier forma, lo que queda a la vista es la vieja cara de la reacción conservadora que se niega a permitir la democratización de la sociedad civil argentina y pretende, como en los viejos tiempos, imponer manu militari su doctrina a todos los hombres y mujeres del pueblo, sean o no de su condición religiosa.
MP

1 comentarios:

La candorosa dijo...

Además, ¿no sería tiempo de ir pensando en quitar la "ayuda" -subvención o como se llame- que recibe la "iglesia" por parte del Estado?


Saludos!

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