El episodio de ayer en Ecuador, burdo intento de golpe de estado, debe dejar en los pueblos de la América una profunda sensación de alarma.
Por cierto que la alegría de que todo haya terminado de la mejor manera, con el compañero Presidente rafael Correa otra vez en posesión del mando que le confirió su pueblo, es inmensa. Pero el buen resultado logrado por la movilización popular y por la lealtad de las Fuerzas Armadas a las autoridades constitucionales, no debe desviar la atención de una tendencia preocupante que ya, a estas alturas, podemos decir que recorre toda nuestra Patria Grande.
La Compañera Presidenta, Cristina Fernández, suele decir que lo más maravilloso de la realidad americana actual, es que (quizás por vez primera en mucho tiempo) los gobernantes se parecen a los gobernados. Es decir, que hay una relación directa entre el poder que los Pueblos y los proyectos políticos a los que confieren el poder. Quiere decir, también, que se terminó la época oscura y desgraciada en que los gobernantes latinoamericanos eran meros gerentes del imperio o de las corporaciones y, en algunos casos conocidos, directamente gendarmes de esos mismos intereses. Hoy día, los mandatarios de nuestra américa son hijos del propio Pueblo y trabajan en pos del bienestar de sus mandantes. Y, en consecuencia, en esa alquimia maravillosa que produce esta situación, la participación popular es cada vez más amplia y profunda. Y más profundo a la vez, el compromiso con el proceso de revolución en paz que recorre las repúblicas americanas como un río indetenible.
Sin embargo, los intentos repetidos de interrumpir por la fuerza los procesos democráticos latinoamericanos, perpetrados por las oligarquías residentes en cada país, desde Argentina a Ecuador, pasando por Bolivia, Honduras y Paraguay, debe ser abordado con seriedad y profundidad por el pueblo todo y por las organizaciones políticas que trabajan por la liberación de nuestras respectivas repúblicas.
Si uno mira con atención, cada gobierno popular americano tiene enfrente una oposición inoperante, coordinada y prohijada por factores del poder económico concentrado. Es decir, políticos fracasados que entregan el alma a las corporaciones a cambio de gerenciar sus intereses desde un hipotético futuro gobierno. Y ante esta necesidad, no trepidan en sumarse a intentonas de todas clases, aunque todas ellas destinadas a violentar la voluntad popular e interrumpir el cambio que generan las políticas populares.
Por eso se puede decir que hay una simetría perfecta entre el ataque oligárquico de los terratenientes sojeros argentinos en 2008 y el intento de la oligarquía boliviana de destituir al compañero Presidente Evo Morales. Entre el golpismo mediático venezolano y el golpismo mediático de los oligopolios argentinos. De la desgraciada experiencia hondureña y el intento ecuatoriano. Sordos ruidos de sedición se oyen por toda la América.
Mismos intereses, sectores coincidentes, políticos serviles, periodistas cómplices. La oligarquía no se da por vencida y busca a toda costa restaurar los viejos privilegios, aunque deban echar mano al genocidio para lograrlo. Ya lo han hecho. Y si se los deja, lo volverán a hacer.
No se trata aquí de otra cosa que de una guerra. Los pueblos americanos luchamos contra un enemigo común, que esconde su angurria asesina detrás de una fraseología hipócritamente republicana. Justo ellos, que se han cansado de violar constituciones, demoler instituciones y asesinar compatriotas.
Ecuador es un paso más, que tendrá réplicas en otros países. No podemos ni debemos permitir su avance. Ha caído sobre nuestra generación la responsabilidad de terminar esta guerra contra la oligarquía que nuestros padres fundadores y sus continuadores patriotas, ya libraron antes que nosotros. San Martín, Bolívar, Sucre, O'Higgins, Artigas, Rosas, Sandino, Perón, Vargas, Guevara, Torrijos y tantos otros santos patriotas americanos, marcan el camino.
Anoche mismo, el comandante Hugo Chávez habló de la unión de las repúblicas latinoamericanas y se proclamó "soldado de Perón", que es lo mismo que decir "soldado de Bolívar o de San Martín" y significa el compromiso de luchar por la liberación de nuestra Patria Grande, sabiendo que lo único que tenemos para perder, apenas, es nuestra propia vida.
MP

2 comentarios:
Muy bueno el texto, y aliviado por la resolución de la intentona.
A mí me resulta muy interesante el mecanismo de apoyos mutuos que se ha generado a través de Unasur. Basta que uno de los presidentes levante el teléfono, para que se organice en cuestión de horas una cumbre especial en alguna capital del continente, con miras a generar presión internacional, comisiones investigadoras y cosas por el estilo.
Me arriesgo a decir que si no existiese ese organismo, más de un gobierno hubiese caído sin mucha resistencia.
Como dijo el General, habrá que estar atentos y organizados. Por las dudas, vio compañero?
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