Poco después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, coincidieron en una mesa de Mirtha Legrand la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú y el Imán Alfredo Carim Bey, sacerdote de la colectividad musulmana de la Argentina. Luego de las preguntas previsibles de la ajada diva de los almuerzos y antes de comenzar a comer, Bey empezó una breve oración en árabe para bendecir los alimentos. Bruscamente, Magdalena lo interrumpió, desencajada, diciéndole "No hagas eso, hay gente que podría ofenderse con lo que estás haciendo".
Cada uno es lo que es en la historia. Todos sabemos qué lugar ocupamos, dónde estamos y porqué. Magdalena siempre supo. Los demás también. Por eso, en plena dictadura, una de las primeras tapas de la gran revista Humor, retrataba a un satisfecho Albano Harguindeguy, ministro del interior de la más sangrienta dictadura de la Argentina siendo acunado por el relato de dos mujeres periodistas: Mónica Cahen D'Anvers (en aquél tiempo Mónica Mihanovich) y Magdalena Ruiz Guiñazú. Por eso, insisto: cada uno sabe dónde estuvo, qué hizo y porqué.
Hoy el señor Pablo Sírven, acostumbrado colaborador de medios opositores, hace un panegírico de la periodista Guiñazú como si fuera ella, y no Kichrner, por ejemplo, quien se hubiera muerto. Por fuera de la acostumbrada maniobra del periodismo gorila de presentarse como víctima del oficialismo (una moda que pagó bien, pero que posee dudosa perdurabilidad), el amigo Sírven NECESITA relatarnos a todos una Magdalena a medida de las necesidades de la hora: opositora a la dictadura y miembro de la Conadep. Quizás al señor Sírven no le provoque verguenza soslayar la instalación que dicha Comisión perpetró, de la impostura histórica que se denomina "Teoría de los dos demonios" y todo el daño e impunidad que prohijó. No lo creo.
En su nota de La Nación titulada "Magdalena, contra viento y marea" el chupóptero chismoso de espectáculos que derivó inopinadamente en analista político, nos entrega a una profesional impoluta, siempre distante del poder, leal e independiente.
Nada de eso es cierto. No lo es ni lo fué Guiñazú como no lo es Sírven. En todo caso, su conchabo ha sido el de blanquear en el valor subjetivo y poco creíble de la "independencia periodística" a una mujer cuya reacción relatada al principio de este posteo describe con holgura.
Pero todos, incluso Sírven, se tienen que ganar su sopa. Eso sí, no creo que a esta altura de la soireé, engañe a nadie.
MP
MP

3 comentarios:
Siempre me había preguntado como es que la doña tenía una audición tan progre sobre el final de la dictadura, hasta que pude leer la nota de Dante Lopez Foresi que recomendaría que "Sirvien te" lea, por otra parte columnista de "M AJJJ da" desde sus tiempos en la 790 (con perdon de la palabra).
Ademas siempre opiné, conociendo sus antecedentes previos (pertenencia, RRPP de Martinez de Hoz, ciertos programas previos) que ese programa era parte de una interna entre la FFAA en la que estaba inscripta esta individua.
Abrazos
qué buen hallazgo, tengo varias humor de la época, pero esa no
Si algo se ha encargado de señalar la historia, son los límites ideológicos y la vocación autoindulgente de aquella Conadep: Magdalena (tu post señala claramente que hizo y, sobre todo, que no hizo durante la dictadura), Sábato (aquel que junto a Borges ayudó a dar cierta legitimidad intelectual[??]al genocidio de Videla), Klimovsky (un tipo directamente gorila, reaccionario y macartista). Luego, ni hablar de Strassera, quien mostró una hilacha demasiado gruesa ultimamente.
En suma, ¿Quién se puede sorprender de que hayan prohijado la teoría de los dos demonios? Tampoco debería llamar la atención: si hubo un momento de derrota ideológica del movimiento popular fue aquel.
Todo una parábola de los límites que nunca podría (ni querría) cruzar el Alfonsinismo.
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