19 diciembre 2010

DESPERTAR LO QUE ESTABA DORMIDO



En la pantalla, las imágenes juntan los segundos finales de la vida del general Manuel Belgrano con su momento de mayor gloria, cuando ordena izar la bandera celeste y blanca a orillas del Paraná desobedeciendo las órdenes de Buenos Aires. Con el brazo alzado, sable en mano, grita repetidamente "¡Viva la Patria!", grito que es correspondido por su enardecida tropa. Es el momento culminante del film y en Plaza de Mayo se da un fenómeno que quizás sea mágico: el público acompaña ese grito de guerra y amor que se ve y oye desde la pantalla, como si todos ellos hubieran querido estar allí, en ese momento de la historia.
Cuando las luces se encienden en la Plaza, veo gente con los ojos rojos de llanto y emoción. Han llorado la muerte de Belgrano. Y eso significa mucho más de lo que aparenta: no se llora por el dibujo de las estampitas del Billiken o de los manuales escolares de historia. No se llora por la figura de bronce, inalcanzable en su gloria congelada. Se llora por alguien cercano, por un amigo, por un amor, por un compañero. Se llora por alguien a quien se ama y cuya ausencia será dura de sobrellevar. Se llora, en definitiva, porque la muerte de esa persona será, como dijera Miguel Hernández, más sentida que la propia vida.
Algo que ya había ocurrido durante los festejos centrales del Bicentenario, volvió a darse por generación espontánea anoche. El pueblo que fue a buscar y a recuperar sus mitos fundacionales, ese lugar de unión que es la Patria misma y la historia de los hombres y mujeres que la contruyeron a fuerza de ofrendar sus vidas en tal empresa.
Fue ir a recuperar el honor perdido por el bastardeo asesino de los dictadores militares, de los entregadores civiles, de los traidores que en todo tiempo fueron vaciando de contenido elementos como el amor a la Patria y la defensa de una Nación, dejando al pueblo argentino sin ese punto de unión, en el que todos los colores coindiden en apenas dos: el celeste y el blanco.
Durante décadas, el "nacionalismo" fue patrimonio aparente de degenerados ideólogos de la entrega nacional, de milicos asesinos e irresponsables, gendarmes del Departamento de Estado y la CIA y de fachos payasescos que veneran a la esvástica. Y aquellos grandes pensadores que comprendieron que el nacionalismo, que el amor a la Patria era el amor a su pueblo, quedaron relegados. El colmo histórico ha sido, quizás, la usurpación de la causa de Malvinas por parte de una manga de asesinos y ladrones como Galtieri y su banda de milicos y civiles sirvientes del Imperio. 
Ese fue, quizás, el último despojo. Allí el pueblo perdió lo que le quedaba. El Himno Nacional, la bandera y otros símbolos sagrados de la nacionalidad habían sido ahuecados. Eran figuras sin sentido. Distintivos de un pueblo sin identidad, embrutecido por la sangre y las crisis, replegado a un individualismo cavernario, insufrible y terminal.
El ataque de 2008 sufrido por el Estado por parte de los patrones sojeros, mostró hasta qué punto en mucha gente la idea de Patria necesitaba ser llenada por algún significante. Con la ayuda de los Medios concentrados, el "campo" fue la entelequia de unión que llenó el formulario del patriotismo ausente. Y fue ése el último y acaso más importante triunfo de la oligarquía.
Hoy es el pueblo el que recupera su propia historia, en contra de los mal nacidos que todo el timpo abogan por el olvido. El pueblo ha tomado en sus manos su futuro, pero releyendo su pasado. Estamos escribiendo nuestro propio relato, despertando lo que estaba dormido.
Eso vi anoche en Plaza de Mayo: una noche más de emoción y patriotismo verdadero en este año 2010 en el que tantas cosas nos pasaron y que ninguno de nosotros, acaso, sea capaz de olvidar más nunca.
MP

2 comentarios:

mumi dijo...

ANOCHE ESTUVE EN LA PLAZA TERMINE LLORANDO, ENTRE LA PELI Y LA GENTE REALMENTE FUE EMOCIONANTE, GRACIAS CRISTINA, GRACIAS NESTOR POR SIEMPRE.

Anónimo dijo...

Yo también estuve y me gustó mucho la película. Ahora, para concretar los ideales de Belgrano, San Martín y otros tantos, tenemos que ver que es necesaria la construcción territorial, la militancia en nuestros lugares de trabajo, en nuestras universidades, en nuestros barrios. Si no entendemos esto, que es irremplazable, no vamos a tener la fuerza necesaria para apuntalar el modelo que se inició por el 2003.
Yo, por mi parte, ya tengo decidido sumarme a alguna de las agrupaciones que bancan al gobierno y que tienen presencia en la ciudad. La tarea de difundir es importante pero la militancia poniendo el cuerpo no tiene reemplazo.

Saludo grande,
JP

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