No se deje engañar por el título, lector. Nada hay de navideño en este exto, salvo desear que si está leyendo esto, su digestión funcione correctamente, aún después del tradicional atracón del 24 a la noche y su seguidilla. Pero ¿quién soy yo para juzgar? En particular, pienso que lo mejor de la Navidad es que ya terminó. Y que en este preciso memoento del año, faltan unos largos doce meses para que vuelva este mal momento familiar. Una gloria.
Dijo Duhalde hace poco que quien gobierna sabe que Diciembre es difícil o algo por el estilo. Al muchacho se lo ha tragado su propio personaje hasta un punto ridículo en que sus amenazas son más cinematográficas que reales. Pero ha sido un diciembre difícil, por cierto. En este punto no se que el bañero sea un profeta, sino que es parte de un dispositivo ideológico (decir "es parte" es decir que es apenas un peón de un ajedrez mucho más grande. Pero bueno.) que está creando condiciones "objetivas" de intranquilidad social. Que un grupito de troscos corte las vías del Roca en el regreso del último día laborable, no tiene por objetivo ser tapa de los diarios, sino crear quilombo. Los no-idiotas útiles de siempre, los forros de la derecha haciendo su agosto, por decir de alguna manera.
Buenos Aires es la vidriera del país. Mejor dicho, es lo que visibilizan los medios concentrados COMO SI FUERA LA VIDRIERA. Que a un habitante de Atacama, de Río Gallegos o de Saldungaray le importe tres huevos que la avenida Leandro Além esté cortada o que el tránsitode la 9 de Julio "sea un caos", es algo que a los mafiosos de los medios les importa aún menos. Ellos les meten por el culo el relato porteño al resto de los argentinos como si fuera éste el único relato nacional y a comerla, chicos. Lo que pasa en Baires, les pasa a todos.
Al menos eso dice la realidad virtual de la oposición mediática y sus empleadillos políticos, quienes no fueron capaces de anotarse un sólo gol en un año de dominio parlamentario y de dictadura mediática, tan incapaces resultaron. Viven de, por y para el relato que de ellos y su épica de cartón pintado inventa el oligopolio mediático y sus sucursales menores. Y ni así.
Pero Buenos Aires tiene algo, por cierto, de significación en el contexto nacional: es el principal problema que tiene la Argentina en términos institucionales.
Permítame, lector, algo de historia. En 1994 Carlos Me*em entregaba su alma por la reelección. Los locos deseos del presidente fueron respondidos por el astuto Raúl Alfonsín, quien vio con claridad que podía sacarle al turco, literalmente, lo que se le ocurriera. Entonces entregó la reelección a cambio de un distrito electoral nuevo y poderoso en el que jamás, según sus cálculos, podría ganar el peronismo más temido. Es decir, un distrito de clase media gorila, que podría soñarse progre sin sacar jamás los pies del plato del liberalismo y que lo más izquierdista que podía elegir sería alguna variante radical más o menos disfrazada. O sea: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la que sería, según los cálculos del "padre de la democracia", un eterno bastión radicha.
La anomalía histórica perpetrada por menemistas y radicales, retrotrajo la situación de la ciudad-puerto hasta justo antes de la derrota de Carlos Tejedor por las tropas nacionales al mando de Julio Argentino Roca, en 1880. Pavada de salto hacia atrás. Me*em entregó la autonomía de la capital como si nada, porque hubiera sido capaz de entregar mucho más. En 1995 fue reelecto y el monstruo autónomo dio sus primeros pasos.
Si se miran las distintas administraciones de la ciudad desde De la Rúa, se verá claramente de qué manera terrible Alfonsín había creado un Golem. Porque del jardín radical soñado por él hasta el actual territorio zombie del macrismo, el voto porteño pasó por todas las variantes, haciendo gala de un eclecticismo rayano con la imbecilidad y de un individualismo creciente, lamentable cáncer heredado de los noventas, que fueron los años de panacea para muchos de los habitantes de la ciudad rica.
Y allí reside la tara principal de todo este asunto: los porteños se sueñan a sí mismos ciudadanos sofisticados, europeos, progresistas y modernos. Y son una banda de aterrados burgueses, con tics de un fascismo cada vez más explícito y con niveles estratosféricos de xenofobia y conservadurismo.
Quejosos crónicos, gustan de llorar sus miserias ante las cámaras televisivas y de vomitar su odio en los mensajes radiales. Si la ola de calor les provocó un corte de luz, salen de cacerolazo, a quemar basura en la esquina como retrasados mentales en pleno berrinche, proclamando a voz en cuello que "trabajan para tener su aire acondicionado" y que nadie les puede impedir usarlo, creyendo que hay una conspiración del Gobierno Nacional para impedirles gozar de la vida, mostrando la insolidaridad y la ignorancia que los caracteriza, olvidados ya, incluso, de aquél orgasmo colectivo que experimentaron en los tiempos de las privatizaciones, cuando vender las joyas de la abuela era la cuota de entrada al paraíso del primer mundo.
Este es el panorama generalizado del parnaso macrista, laboratorio experimental del neo menemismo que es el modelo alternativo al que actualmente se aplica.
Y allí estarán otra vez, acaso, los porteños. Listos para volver a impulsar una plaza del sí, como en los tiempos de Neustadt, en favor del individualismo y la estupidez. Ojalá que no, aunque los recientes eventos no ayudan a abrigar muchas esperanzas.
Quizás haya que volver a pelear para federalizar Buenos Aires. Para hacer de esta cabeza monstruosa, algo útil para el país entero.
Quejosos crónicos, gustan de llorar sus miserias ante las cámaras televisivas y de vomitar su odio en los mensajes radiales. Si la ola de calor les provocó un corte de luz, salen de cacerolazo, a quemar basura en la esquina como retrasados mentales en pleno berrinche, proclamando a voz en cuello que "trabajan para tener su aire acondicionado" y que nadie les puede impedir usarlo, creyendo que hay una conspiración del Gobierno Nacional para impedirles gozar de la vida, mostrando la insolidaridad y la ignorancia que los caracteriza, olvidados ya, incluso, de aquél orgasmo colectivo que experimentaron en los tiempos de las privatizaciones, cuando vender las joyas de la abuela era la cuota de entrada al paraíso del primer mundo.
Este es el panorama generalizado del parnaso macrista, laboratorio experimental del neo menemismo que es el modelo alternativo al que actualmente se aplica.
Y allí estarán otra vez, acaso, los porteños. Listos para volver a impulsar una plaza del sí, como en los tiempos de Neustadt, en favor del individualismo y la estupidez. Ojalá que no, aunque los recientes eventos no ayudan a abrigar muchas esperanzas.
Quizás haya que volver a pelear para federalizar Buenos Aires. Para hacer de esta cabeza monstruosa, algo útil para el país entero.
MP

4 comentarios:
¡Brillante! Pero, compañero, me
permito sugerirte - para otro análisis de los 'frutos' del Pacto de Olivos - la ENTREGA de la UNIVERSIDAD al radicalismo.
Gracias.
Un militante abrazo.
ahli
http://lentiniarg.blogspot.com/
Muy bueno Mario. Sociologia de los porteños.Felicitaciones.
Te seguimos desde aquel memorable post "detras de los Pomar esta Macri" al mejor estilo Walsh.
Un abrazo peronista desde el sur mendocino.
Che forro, como se nota que en tu casa no te cortan la luz y tenés tiempo para escribir tantas pelotudeces y trazar perfiles psicologicos de los porteños. La culpa de los cortes de luz es de Dhualde, Clarín y el Partido Obrero también, ganso?
Que tipo pelotudo, por favor. Encima con infulas de intelectual.
Anónimo, vengo de 14 horas de corte de luz, pero no soy un liberal pedorro que sale a llorar a la calle ni a patear tachos haciéndome el protestón. ¿Sabés porqué, genio? Porque YO NO estuve a favor de la privatizaciones, como seguramente vos y los de tu calaña, pero así y todo no creo que las cosas se solucionen gritando o mariconeando para las cámaras de televisión.
Pero bueno, como decía Perón, un malo puede volverse bueno, pero un estúpido no tiene cura. Saludos, y seguí cociéndote en tu propio caldo.
Ah, gracias por de lo intelectual... no es para tanto.
Feliz año nuevo.
Publicar un comentario en la entrada