
Es el caso del dinosaurio liberal Mariano Grondona, quien en los noventa engañó a muchos mostrándose arrepentido de su pasado cuartelero y que hoy, cuando la cosa viene en serio y los intereses de su clase están en entredicho, vuelve a las viejas mañas criminales que lo acompañaron desde siempre.
Claro está, hay cosas que ya no puede decir como en los tiempos de Onganía. No puede salir a justificar el accionar de la ultraderecha sin el eufemismo de por medio. Es decir, no puede bailar sin máscara. Algo aprendió la derecha carnicera en estos años: ya no pueden sacar la Parabellum, sencillamente. Primero deben hablar de la República y cháchara vacía por el estilo. Y un hallazgo discursivo flamante es... el FEDERALISMO.
Veamos lo que dice este singular hipócrita:
Con su cantimplora vacía, un caminante anda exhausto por el desierto. Se le acerca un mercader que le ofrece agua y comida a cambio de su dinero. El caminante se lo da, pero el mercader le exige además que se postre y lo adore. El caminante se niega. El mercader se aleja entonces, dejando a su interlocutor en el umbral de la muerte. Cuando algunos tratan de explicar el significado de la palabra "dignidad", acuden a la parábola del caminante y el mercader para sugerir que ella es, en definitiva, una frontera moral.
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¿Cuántos de los 17 gobernadores que anteayer acudieron a Olivos para escuchar el monólogo de la Presidenta serían capaces de reiterar la conducta del caminante? ¿Cuántos de los siete gobernadores que no fueron invitados rechazarían el convite presidencial si el próximo martes fueran convocados? ¿Cuántos de los 24 gobernadores están dispuestos a plantarse en nombre de la dignidad frente al Estado unitario que los presiona?
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Hay gobernadores como el chubutense Das Neves, el puntano Rodriguez Saá y un par de otros más como Mauricio Macri, que han podido resistir la invasión unitaria porque supieron sumar la buena administración local a su dignidad personal. Pero hay otros gobernadores como el santafesino Hermes Binner que, aunque tienen dignidad, han carecido de una buena administración local por lo que, para sostener su "no", tendrían que subirse al heroísmo del que hizo gala, antes de morir, el caminante de la parábola. ¿No sería demasiado exigirles a los gobernadores ineficientes que condenen a sus pueblos a la inanición, con tal de no postrarse ante el mercader voraz?
Viva la Santa Federación, Grondona. Mueran los salvajes unitarios!
MP


















