Queda atrás un año curioso en mi vida. El mejor en mucho tiempo y, a la vez, uno de los más difíciles. Qué se yo, uno a estas alturas de la vida sabe que nada es lineal. Que las cosas no son todas buenas ni todas malas y todo eso. A mí, a veces me preocupa el precio de las cosas. Y no hablo de la inflación o pelotudeces de economistas por el estilo. Hablo de que algunas cosas vienen con precio incluído y a veces ese precio resulta caro, o quizás idealmente impagable. Cosas de la vida, eso que te pasa o que se te viene encima. Como decía Lennon, la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes.
No sé, pido perdón al lector porque no va a ser mi mejor posteo, en gran medida porque no diré todo lo que podría decir, ni dejará de decir todo lo que debiera. Más que nunca será un blog personal, teñido por lo que al autor le pasa por debajo de la piel. Eso que no le interesa a nadie.
Este año que se termina fue un año en el que todos vivimos cosas que tal vez nunca olvidemos. A veces pienso que las fiestas del Bicentenario o la muerte de Néstor ocurrieron en años diferentes. Como si no creyera que dos eventos tan poderosos y cargados de significado, cupieran en un mismo período de apenas doce meses. Tanta alegría y tanta tristeza. Raro, no?
Mi vida cambió, también, de una manera imposible de imaginar hace nomás meses. Ya nunca seré el mismo. ¿Alguien lo es? Pero no soy amigo de las referencias personales. Sólo diré que viví todo muy intensamente, todo muy a flor de piel.
Si puedo decir lo que espero para el 2011, quisiera poder seguir sintiendo como siento, viviendo como vivo, creyendo en lo que creo, queriendo como quiero.
A cambio de eso, ofrezco aplicar todo mi entedimiento, mi corazón y mi voluntad para merecer lo que tengo, para cumplir con mi tarea, para comprender que formo parte de un momento histórico y que en ese contexto, ya no soy "yo" sino "nosotros" quienes debemos cumplir con nuestro trabajo para estar a la altura de lo que se espera de nosotros. Que no tenemos excusa para aflojar ni abandonar. Que tenemos trazado un camino, al que vamos construyendo día a día entre todos. Que no hay héroe ni salvación individual, sino el logro colectivo de asegurar la victoria. Que ningún sacrificio será demasiado, que ningún esfuerzo será excesivo. ¿Cómo haríamos para cobardear, si otros han dejado la vida en la lucha? ¿Cómo miraríamos a los que viene detrás si cometiéramos el pecado de ser individualistas?
Si Dios lo quiere y nuestra voluntad no falla, en 2011 daremos comienzo a un tercer mandato peronista consecutivo. El período más largo de gobiernos populares de nuestra historia reciente. Tenemos a la mejor candidata, Cristina nos guiará hacia la victoria definitiva de la Revolución Justicialista. Tenemos en ella la confianza ciega que se tiene ante un compañero o compañera que lucha al lado nuestro. No podemos fallar.
Nuestra revolución es una revolución de amor. El amor de Cristina por la Patria y el pueblo. El nuestro por ella y por el recuerdo de Néstor, de Evita y de Perón. Y de todos los que fueron quedando en el camino que hoy nos toca transitar a nosotros, hombro con hombro, los compañeros y compañeras que formamos un ejército de paz que va a cambiar para siempre este país.
MP

















