01 mayo 2011

SABATO 2


Leí la famosa trilogía literaria de Ernesto Sábato en desorden, como corresponde a mi propia desordenada formación intelectual. El primero de sus libros que llegó a mis manos fue Sobre Héroes y Tumbas. Me fascinó la historia de Alejandra y de su trágica familia militar, tan en consonancia con el friso funerario del patriciado argentino, cuyas raíces nobiliarias yacen en la Recoleta, antes que en el pasado glorioso. Eso era, a mi ver, lo mejor de la novela: el texto sobre la historia de la legión que huye melancólica de la furia del general Manuel Oribe, con el cadáver de Lavalle pudriéndose sobre el lomo del caballo.
El Túnel me pareció mucho mejor novela, cerrada y oscura. Laberíntica y asfixiante. Supongo que es su mejor logro creativo, que quiso ser emulado con menor fortuna en Abbadón el Exterminador, de los primeros años setenta, en gran medida porque el contexto coyuntural de la historia nacional era más duro que cualquier ficción.
Si uno lee con atención, todos los componentes del Sábato público están dibujados en sus novelas, como no podía ser de otro modo. Su odio por el peronismo, su pesimismo forzado. Falta, quizás, esa temprana inmersión en el bronce que le brindó el alfonsinismo en 1983, el cual a cambio de condonar la Teoría de los Dos Demonios que tan bien venía para cerrar "en paz" el tema de la guerra sucia, lo transformó en el árbitro de la moral pública argentina.
El resto fue, en todos sus años hasta ayer, dejar fluir su pesimismo mecanicista, imbuído en una moralina republicana que se percibía demasiado afrancesada como para parecer inocente y demasiado reaccionaria como para ser simpática. 
Al igual que le ocurrió en la música a Tony Bennet con Sinatra, Sábato debió vivir toda su vida pública a la sombra insoportable de Borges, disputándose, además, el mismo mercado ideológico. Y eso es algo que nunca superó. Por eso fue un emo avant-la-letre, oscurecido a la fuerza para hallar un nicho donde hacer notar mejor su presencia. 
Bien mirada, su obra literaria más famosa (la trilogía) es lectura para adolescentes. Eso es bueno en tanto la constituye en formalmente iniciática. Es malo porque falla la prueba de los años. Y es innegable que Sábato mismo, despojado del Informe de la Conadep y el Nunca Más, quedó atrapado en aquellas tres novelas.
La muerte nos vuelve buenos, sabios y simpáticos. Cierra las disputas, en la mayoría de los casos. Salda las cuentas. Tal vez Sábato fue bueno y sabio en vida. No es imposible. Pero su figura fue siempre una sombra trágica sobre la joven democracia nacional, en tanto provenía impune de un pasado innegable. Por eso pudo pasar de la condonación de la dictadura de Videla a la Conadep. El derrotero de mucha de la clase media y media alta argentina.
Tuvo, ha de reconcocerse eso, la lucidez de pedir un funeral austero, acaso espantado por la fantochada que Clarín organizó para Raúl Alfonsín, en "otro" padre de la democracia que los chicos de Magnetto canonizaron para sus acciones de guerra. Igual, ese diario ilustró la nota sobre su funeral con un primer plano de Ricardo Alfonsín, candidato y "es lo que hay" del grupo oligopólico, dejando a sus pobres despojos en un triste segundo plano. No se les iba a escapar tan fácil.

MP

4 comentarios:

Rafa dijo...

Qué curioso, recuerdo haberlo visto a Alfonsín padre en el velatorio de otro Sabato (Jorge, el físico y tecnólogo), mucho más cercano a mis sueños e ideales que Ernesto. Pero esta foto me parece tan repulsiva, por la intención que encierra...

Un abrazo.

ahli dijo...

Paulo, 'cumpa':
¡Excelente y muy lúcido y peroncho análisis!
La muerte (pese a los dichos de mi abuela castellana: "¡Dios te libre del día de las alabanzas!") ni borra ni exonera.
No te tocaré una triste coma...
Abrazo,
Aníbal

Marmaduke/Eddie/Matt dijo...

De acuerdo contigo totalmente, Mario. En cuanto a la comparación con Borges, también es exacta. Literariamente Borges es la cima y Sábato la sima. Ideológicamente, debe reconocérsele a Borges que nunca pretendió ser el que no era; fue un reaccionario coherente. Aún más, quizás precisamente por su coherencia, Borges se permitió desnudar las miserias y mitos de la clase dirigente argentina con un par de breves y magistrales trazos irónicos en su relato "La Señora Mayor", una pequeña obra maestra (te lo recomiendo si no lo has leído). Sábato jamás podría haber escrito algo similar.
Eddie

noticias dijo...

guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro temas muy interesantes.

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