23 julio 2011

DURAN DURAN


No voy a hacer una crítica aquí del "duranbarbismo" (ya me he ocupado aquí y aquí) como praxis del marketing político, en gran medida porque creo que dicha praxis resulta efectiva. Abrumadoramente efectiva. En el contexto de un espacio sociocultural como son las capas medias de la sociedad porteña, la fórmula de venta directa de un concepto ideológico (el neoliberalismo más crudo) que ya ha demostrado su fracaso y sus sangrientas consecuencias, revela el talento notable del publicista contratado por Macri y sus muchachos. 
Como pocos, Durán Barba, leyó con claridad la llegada que tiene aún en los sectores medios y altos, esa curiosa transmutación del lenguaje político en jerga empresarial. Por eso empezó vendiendo con la etiqueta Pro una serie de conceptos que estaban allí, larvados en el incosciente colectivo medio, todavía anhelante de aquél "1a1" que le había permitido vivir en la ilusión de ser "primer mundo": eficiencia, gestión y otras palabras mágicas del submundo de los negocios, sirvieron para encaramar en la jefatura de gobierno de Buenos Aires a un personaje dudoso, con una historia vidriosa de contrabando, runflas con el Estado y un aura de vagancia e inutilidad que su nula actuación como diputado no había hecho más que confirmar.
Es decir, el primer éxito de Jaime Durán Barba fue vender como gran gestionador a un vividor inútil, cuyo único talento parecía ser la asistencia a fiestas de la farándula y al living de Susana Giménez.
Chapeau.
El publicista, devenido velozmente en estratega político y gran marionetista del elenco Pro, descubrió también, que acababa de crear un símbolo, algo representativo de ese oscuro instinto de superioridad racial de los porteños con respecto, no sólo al resto del país, sino también hacia los sectores de menores recursos.
Por supuesto, nobleza obliga, que no estuvo allí solamente el talento de don Jaime, sino que, como se ha dicho, sembró en terreno fértil, ávido quizás del producto que se le ofrecía; y contó con la invalorable ayuda de la gestión anterior, Ibarra/Telerman, quienes allanaron el camino de la opción de derecha con su progresismo pelotudo, que de tanto querer quedar bien con todos, terminó sostenido por nadie.
Sin embargo, acaso lo más importante sea que Durán Barba descubrió que tenía entre manos, como ya se ha dicho, un símbolo. O sea, Macri no necesitaba gestionar bien, tomar decisiones populares o cuidar las formas del democratismo post 1983. Sólo necesitaba ser quien era y punto. Por eso pudo vaciar hospitales públicos, largar a la calle a la UCEP y dejar sin gas a los colegios. Su crédito era amplio por identificación ideológica. En Buenos Aires se creó un reservorio neoliberal, con todos los clichés de la antipolítica, el sálvese quien pueda y la farandulización del concepto de gobierno. Comunicadores masivos prestaron su ayuda. Si Mario Pergolini (por poner un ejemplo), que no perdonaba a nadie, mostraba su reverencia por el nuevo gobernante, bueno, algo debía tener. Y así.
Desde el punto de vista del elenco gerencial del Pro, fue un éxito. Incluso la figura de la conmovedora paralítica que acompañó en la fórmula al producto en cuestión, resultó un detalle casi aleatorio. Claro que influyó, de seguro, en muchas doñas que lloraron al escuchar su historia trágica de chica buena y profesional que ya nunca volvería a caminar, acompañada por las comprensivas y amorosas acotaciones llenas de admiración del propagandista Ari Paluch. Seguro, pero el paquete ya estaba vendido, porque ya estaba decididamente comprado. Con o sin silla de ruedas.
Insisto. Macri no necesitaba gestionar. Le alcanzó con justificar su falta de pericia para administrar el estado municipal en la "falta de colaboración" del Gobierno Nacional. Sin que nadie lo advirtiera, el viejo conflicto entre Presidente de la Nación y "Gobernador" de la ciudad (Avellaneda/Tejedor) resurgió como el efecto directo de la autonomización de la ciudad, fruto del pacto de Olivos. 
En tanto sostenedor de una ideología de exclusión, el Pro comprendió de inmediato que su proyecto no cerraba sin represión. Es decir, necesitaban una fuerza represiva que pudiera ejecutar las políticas que sus votantes sí esperaban de ellos: cartoneros, piqueteros, trapitos, limpiaparabrisas, motochorros y toda la demás fantasmagoría del horror clasemediero sólo podían ser eliminados del paisaje apacible de la ciudad-puerto con una fuerza armada e identificada con el contexto ideológico del elenco gobernante. Pero hasta en eso, prefirieron figurar a trabajar, y se embarcaron en una campaña demencial que exigía al Gobierno Nacional que transfiriera a una sola y única ciudad, la fuerza policial nacional (la Federal), incluyendo los recursos para su sostén logístico. O sea, que TODO EL PAÍS sostuviera una fuerza policial cuyo accionar dependería únicamente del intendente de la ciudad de Buenos Aires y estaría circunscripto a los límites geográficos de dicha ciudad.
A pesar del alegre acompañamiento de los medios concentrados en guerra con el Estado Nacional, la Policía Federal se quedó donde está y Macri pudo seguir echando la culpa al Gobierno de la inseguridad que él mismo estaba generando con sus políticas de exclusión. Y pudo hacerlo, porque también esto estaba incluído en el amplio crédito ideológico que tenía abierto con la sociedad media y alta porteña.
Para no extender, Jaime Durán Barba creó un producto exacto para la demanda con la que estaba trabajando. Tanto así que, cuando la desesperación del oligopolio Clarín-La Nación insistió en coronarlo como gran candidato de la derecha restauradora que ellos tanto necesitaban, don Jaime le ordenó quedarse en su feudo, porque comprendió que no sería posible repetir la venta ante mercados tan diferentes al porteño.
Acertó. Como ya he dicho en un posteo anterior, Macri concentró casi la totalidad del "voto útil" anti K, en gran medida porque entre sus votantes no apareció tanto una valoración de gestión, como la necesidad de mantener un jefe que esté en las antípodas del Gobierno Nacional. El voto a Macri reforzó la sensación de diferencia y superioridad que les otorgó la autonomía. En 2011, los porteños se han decidido a ser casi un exarcado. Bernardino Rivadavia, Carlos de Alvear y otros separatistas del pasado deben sonreír maliciosamente en sus tumbas.
El gran titiritero de Macri, eximio manipulador de técnicas de venta, acaba de mostrar los hilos. Ha quedado relacionado en la denuncia de campaña sucia contra Daniel Filmus. Algo que, claramente, no tenía necesidad de hacer, porque los números cerraban a la perfección para la primera vuelta electoral.
Probablemente la incidencia de esta maniobra turbia no tenga mayor incidencia en los resultados de la segunda vuelta electoral: el votante de Macri lo es por factores que no caen bajo la influencia de una jugarreta de poca monta como las llamadas maliciosas que manchan al candidato del oficialismo nacional. Por el contrario, es un voto convencido, decididamente anti K. Y así se va a mantener.
Buenos Aires, en parte por la astucia de Durán Barba y en mucha mayor medida por su propia particularidad socio-cultural, se ha decidido a escindirse del Proyecto Nacional, sin dejar de disfrutar (por supuesto) de los beneficios del mismo, que no discriminan entre zonas integradas y separatismos pedorros.
Pero don Durán mostró, en su genial tarea, que también puede equivocarse. Queda la duda de por qué cometió semejante tontería. ¿Habrá querido divertirse? ¿O será que, al final, aunque sea por un momento, tuvo miedo de que algunos se dieran cuenta de que hace años que vende mercadería podrida?
MP

3 comentarios:

Norberto dijo...

No, Kumpa, es clarito que todo fué instrumentado para que la primera vuelta se convierta en el ballotage, a lo cual contribuyeron los radichas con una cadena de llamadas (posta), y seguramente cosas análogas desde la Colección Cínica, el Peornismo Decadente, y anque alguna fuerza de la izquierda de la derecha. El objetivo, dicho por el mismo Duras Barbas (o Cara Dura según otra versión del castellano), era que no hubiese segunda vuelta y de esa forma no corriesen peligro todos los negocios de la banda.
No se si llegó al techo, creo que puede subir algún puntito, pero había que asegurarlo todo, no hay que olvidar que en el 2003 ganó la primera vuelta, pero Ibarra apoyado por Nestor me parece que subió 20 puntos y ganó.
Nunca menos y abrazos

Daniel dijo...

Muy bueno. Nada más exacto.

Jorge Mux dijo...

Excelente análisis.

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