24 agosto 2011

BORGES


Me perdonará el lector esta pequeña confesión, acaso alejada del contexto de esta bitácora y de sus habituales diatribas: Borges me ha vencido. Me ha derrotado.
Luché contra él con todas las fuerzas de mis odios ideológicos, de mis desprecios políticos. Y me ha vencido.

Soy de los que piensan que la política no es un blando territorio de lances caballerezcos y deportivismo flemático. Muy por el contrario, sostengo que la política es conflicto, es lucha. Quizás es una deformación ideológica, de la que me enorgullezco. Es aquello de que "será revolucionario o no será". Si no creyera en la revolución como final último de la práctica política, participaría de otros espacios. Sencillamente.
Los peronistas somos dogmáticos por naturaleza, por genética, por cultura. Borges, por historia y condición ideológica ha sido siempre nuestra pesadilla. Nos hemos propuesto un panteón de escritores e intelectuales dentro del cuál él jamás tuvo lugar debido a su odio natural hacia lo que nosotros representamos en la historia de la Patria. Por cierto que esa era una de sus particularidades, porque Borges odiaba todo aquello que significara la participación masiva del pueblo, fuera el peronismo o el fútbol. Caímos por eso bajo su desprecio, por mera cantidad, por quilombo, sudor y porque su sentido de la ironía le impedía fingir un aprecio que le era completamente ajeno.
Por eso le hemos odiado. O mejor dicho, por eso lo he odiado. Para no quedar en desventaja ante su propio odio magnífico. Para no naufragar ante su talento desmesurado. Él mismo solía decir que uno debe elegir cuidadosamente a sus enemigos, pues terminará pareciéndose fatalmente a ellos.
Lo he odiado mientras no entendí que cada uno elige a la Patria a la que ama, sin que por ello esté obligado a participar de un mismo dibujo o de un mismo color uniforme. Y que a veces esa Patria es un lugar, a veces una persona y así. La Patria de Borges no fue jamás la misma que la mía. La suya era, creo, el recuerdo de un tiempo acaso irreal, alejado en cualquier caso de su presente. Allí volvía cada vez para abrevar su arte. Tanto que al final quedó allá, prisionero. 
Humberto Eco lo retrató en su novela El Nombre de la Rosa como un guardián feroz de una cultura restringida, alejada del pueblo y prisionera de claustros laberínticos. Tan feroz como para llegar a asesinar antes que permitir que el conocimiento escapara de la poquísimas manos que lo controlaban. Eso es Jorge de Burgos, el Venerable: el guardián del laberinto, el cancerbero de la Biblioteca, un fanático del oscurantismo y a la vez una víctima de la oscuridad. Es un ciego que rinde culto a aquello que no puede ver y que desea lo que ya no puede proporcionarle gozo: la lectura. 
Los libros y la noche, como él mismo lo dijera.
Siempre lo creí un preciosista vanidoso, que había oscurecido su propia prosa para alejarla de la comprensión del hombre del común, un tipo de lector casual que no le interesaba; hasta que comprendí que uno no elige la propia voz (no del todo al menos) sino que se encuentra con ella. Que el hecho creativo puede provocar la ilusión de esa elección, pero que en esa voz residen un fárrago de factores hereditarios, culturales y hasta casuales que nadie domina jamás del todo. Es decir, sólo cuando encontré mi propia voz, entendí la voz de Borges. Nunca antes.
Alguna vez Homero Manzi dijo que había renunciado a ser un hombre de letras para hacer letras para los hombres. Y esa redención siempre me pareció admirable. Esa revelación de la tarea ideal del escritor como testigo de su tiempo social y político me pareció un ejemplo. Borges eligió otra cosa, acaso lo contrario. Pero fue también un factor de testimonio, quizás no de su presente, pero sí de su tiempo. El tiempo que habitaba dentro suyo. 
Desde que pude comprender eso, he dejado de medir a Borges con el sextante inexacto de la óptica ideológica, en gran medida porque, en la ecuación, el verdadero ciego era yo. Por el contrario, me he aplicado a la admiración de su innegable virtud narrativa, de su vigoroso manejo de la palabra, del intrincado jardín de su poética y de los vastos territorios de su sapiencia. Y he quedado deslumbrado. Hace mucho ya.
Es así como, al final, ese viejo irónico y sabio, tal vez quien mejor ha odiado a la gente como yo, me ha derrotado. 
No lo lamento.
MP

14 comentarios:

Mauro Canteros dijo...

Mmmmmm...Mario veo que estas entrando a la tercera edad y a todo galope. ¿que te paso?(!)
Vamos pibe!
Que a los enemigos no hay que reconocerles nada y menos a ese viejo puto!
(No hace falta que lo publiques es a modo personal la nota y ... mi asombro)

Jorge Mux dijo...

Tu blog es siempre fabuloso y de los mejores. Pero esto que escribiste supera todo lo que he leído. Una belleza, una maravillosa belleza. Para quienes amamos a Borges, simpatizamos con el peronismo y tenemos que soportar al enano peronista que nos grita "Pero es un gorila; su literatura no puede separarse de sus ideas políticas, por más que versen sobre metafísicas de laberinto y de bibliotecas babelianas; incluso la imaginaria Tlön está impregnada de gorilismo", este post es un escrito indispensable.
Gracias.

Profeblog dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mario Paulela dijo...

Muchas gracias a todos

Nando Bonatto dijo...

Borges forma parte de la Argentinidad al palo, sin dudar un segundo.
Nos interpreta a pesar de nosotros mismos.
¿que era un archigorila? seguro, sin dudarlo.
¿que al leerlo quedamos pasmados ,maravillados ?
No en todos sus textos pero tiene genialidades imprescindibles.
Seguramente leiste el Adan Buesnosayres de Marechal, Luis Pereda el personaje de la novela que pinta a Borges lo hace mucho mejor que cien tratados.
Jodón, humorista,irónico,torpe y querible.

Vladimir dijo...

Excelente cumpa lo suyo! Borges es parte de nuestra cultura y a mucha honra. Para la cultura no hay una causalidad directa entre la opción política y la obra. Pensemos en Wagner, antisemita manifiesto pero a todas luces un genio de la música, reivindicado en esa condición por personas de la talla de Baremboim, quien ha interpretado nuevamente sus composiciones. O recordar aquí, además, a T.S.Eliot o Ezra Pound, poetas revolucionarios y autores de algunos de los poemas más hermosos del siglo XX y, a la vez, terribles en sus adhesiones políticas. Podríamos seguir nombrando de corrido pero no viene al caso abundar. Lo que sí es seguro es que la vida es mucho más rica y variada que andar poniendo etiquetas al voleo. Lo dejo cumpa. Me voy a leer a Balzac, uno de los escritores que mejor relató la complejidad -grandezas y meserias- de la sociedad europea del siglo XIX. Ah, me olvidaba. Tambien un plomazo partidario de la monarquía. Bueh... Es lo que hay, vio. Jeje.

ahli dijo...

Mario: te leí con los ojos demasiado vidriosos...
¡Joya! ¡Nunca taxi! (Para mostrar la hilacha nac&pop...)
Te comprendo - porque eres comprensible - pero fundamentalmente porque me llevaste a mis 17 pirulos (1956 en Mendoza donde dirigía el periódico escolar resistente) y Borges visitando y conferenciando en Mendoza. Lo entrevisté y me atendió (en el Hotel Plaza) me concedió una larguísima entrevista - bajo la mirada supervisora de su madre - y dijo entender mi peronismo...
No. No deliro. Gracias.
El habitual abrazo cumpa y militante,
Aníbal

Profeblog dijo...

Excelente, compañero, usted ha perpetrado el mejor homenaje que un hombre como Borges merece.
A mí me ganó la partida hace muchos años, más precisamente desde aquella mañana marplatense en que mi profesora de Castellano leyó en clase "Episodio del enemigo".

Pibe Peronista dijo...

Es imposible negarlo. El talento, el poeta perfecto, el cuentista logaritmico, el ensayista en piloto. Aún en las antípodas de lo ideológico, negar a Borges es caer en una trampa burda.

ahli dijo...

Fe de erratas:
Perdón Mario: por la emoción se me trabucaron los números: eran 16 años, en el año 1957.
Aníbal

Vicky dijo...

Quisiera recordar el nombre de una profesora de literatura pasante que fue quien me puso frente a mi prejuicio y me permitió ingresar al mundo borgeano, cosa que hasta el día de hoy le agradezco.
Maravilloso posteo...gracias.

Marmaduke/Eddie/Matt dijo...

Gracias infinitas, Mario, por haber dicho lo que yo débilmente intuía pero nunca supe articular ni siquiera para mi mismo. Es maravilloso esto que has escrito. Y te quiero pedir un favor: ¿me permitirías republicarlo en mi blog?
Quedo a la espera de tu respuesta.
Eddie

Mario Paulela dijo...

Si, claro, Eddie. Te lo agradezco. Es un honor para mi.
Abrazo

Pelo dijo...

Permiso pero la frase "Si no creyera en la revolución como final último de la práctica política, participaría de otros espacios" me llamó poderosamente la atención y me obligó a comentar. Probablemente quieras borrar este comentario, pero por favor pensalo. ¿En serio creés que la revolución puede llevarse a cabo por los millonarios burgueses que nos gobiernan?¿Por gente que no luchó por nada en su vida, y se pasean de saco y corbata como heroes? Bueno, suerte, espero que tu "espacio" no te desilusione nunca.

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