Va quedando poquito y nada en el yermo opositor. Tanto dejaron que Clarín les conduzca las acciones, tanto se dejaron amontonar, que ahora no saben cómo carajo hacer para despegarse entre sí para no irse todos a pique como un montón de plomo.
La "boleta única" es la última esperanza de los comandos secretos de la oposición para hacerle fuerza a Cristina en octubre, concentrando toda la artillería mediático-empresarial en un único candidato y bajando a los impresentables sin por eso bajar a las consecutivas listas de diputados y senadores.
Hay una desesperación notoria en los jetones de la Armada Brancaleone derrotada el 14, saltando entre el estilo mafioso duhaldista y el republicanismo pedorro del resto, aterrados porque entre otras muchas cosas, el 14 de agosto, descubrieron que para acercar la bocha en una elección hace falta algo cuyo nombre denostaron parejo, obedeciendo a sus patrones empresarios: MILITANCIA.
Ya se ha dicho mucho aquí, que buena parte de los armados electorales opositores son contubernios dirigenciales, tinglados testimoniales sin pueblo. Eso implica, además de la obvia dependencia del poder mediático que los aglutina y manda, una falta de personas REALES que trabajen en la política. O sea, NO TIENEN FISCALES.
La nueva moda es llorar esta falta de fiscales con el argumento lastimoso de que el Gobierno sí los tiene y por eso gana. Y que a ellos, en cambio, les roban las boletas. Yo quiero ganar el Nobel de Física. No, no soy científico. ¿Y qué? Que me lo den, loco. Sino, me están haciendo fraude.
En cualquier caso, lo que queda es la vergonzosa incapacidad exhibida para reconocer una derrota cuando la tienen metida... en la nariz.
Las patrullas perdidas de la deshilachada oposición verbalizan a diario su impotencia. Hacen terrorismo de baja intensidad; que la inseguridad, que el INDEC, que la inflación, que la corrupción. Todo eso que usaron hasta la náusea desde 2009 y que les significó parcelas de votos que en el mejor de los casos llegan al 12%. Una pena. Los treinta puntos de diferencia con Cristina significan un mensaje que las patrullas perdidas de los intereses oligopólicos no llegan a comprender. Y este es que la agenda liberal de temas propuestos como premisas del no-apoyo al Gobierno jamás salió del microclima de los sótanos opositores. Comunicamos mal, dicen ahora.
Ahora, lo que les llegó es el apuro, la urgencia. Hay que meter diputados y senadores, denunciar baja calidad institucional, menospreciar el voto popular (Pato Bullshit acaba de decir en lo de Joaco que el mayor voto al Gobierno se dio en provincias con mayor carácter feudal, olvidándose de San Luis, donde los mismos gobiernan desde hace casi treinta años y que eran malos hasta que Magnetto y La Nación los indultaron para usarlos contra los Kirchner) y proponerse como contralores de intachable republicanismo y rígida institucionalidad, apostando quizás a que todos olvidemos de qué republicana manera se cagaron en la institucionalidad cuando se abalanzaron sobre las presidencias de las comisiones legislativas en 2009, sin respetar tradiciones, consensos ni proporcionalidades.
Les queda poco y nada en el fondo del tarro. Salvo el balbuceo histérico de Tomás Abraham, los escupitajos resentidos de Lanata y las operetas de baja estofa de Fontevecchia. Poco más que las amenazas de Duhalde y el patetismo de Binner. Apenas algo más que el errante radicalismo y el milagro de Altamira, que concluyó con Dom Perignon y un colaboracionista de la dictadura.
Y nada más.
Poquito, parece.
MP

1 comentarios:
Un enlace de el "alfil" (en francès) sindical de duhalde hablando de la falta de fiscales y del fraude http://viento-delsur.info/noticia.php?id=9632&
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