20 octubre 2011

REPUBLICANOS MIEDOS


Como diría Walter Besuzzo, no se puede predicar moral con la bragueta abierta. Los editoriales de Lanata en el diario amarillista Libre traspiran un republicanismo choto y llano, digno de las sobreactuaciones histéricas de Silvano Santander, aquél famoso proto-gorila de los años 40. En el caso de Lanata, confinado a las márgenes mismas del periodismo legal (después de haber desplegado un servilismo patético hacia el grupo Clarín, el cuál no le reportó ni siquiera un laburo en blanco para alguna de los múltiples tentáculos del mismo) ha quedado condenado a la constante y decrépita admonición antipopular, como un hinchado Alsogaray, condenando aternamente los "desvíos populistas" de un gobierno cuya marcha no pudo jamás, no ya detener, sino siquiera incomodar.
Por que la verdad es que Lanata se aplicó a trabajar en contra del gobierno de Cristina desde el día uno, cuando juntó sin asco para poder sacar un diario cuya furia opositora nunca lo ayudó a venderse dentro de niveles aceptables. Un diario que desde el nombre mismo se propuso en herencia de un pasquín enemigo de los gobiernos populares, dejando bien en claro hasta dónde pensaba llegar.
Durante la rebelión patronal agraria, tuvo su cénit, encarando un nivel de terrorismo mediático de muy alto calibre. Pero para que la bala llegue, hay que tener pistola. Y Lanata entraba irremediablemente en su ocaso, lejos de aquél ocurrente enfant terrible cuyo ego desmesurado era tan atractivo en los tiempos de la transición entre el alfonsinismo moribundo y el menemismo como método de saqueo a escala nacional.
Envejecido, irritado, descompuesto y corrido a una derecha grotesca y decimonónica, Lanata quedó prisionero de su propia macchietta, jadeando un espasmo de canina obediencia hacia el oligopolio mediático dominante.
No es el único, pero acaso sí, el más patético. Igualmente, los miedos republicanos recorren como un orgasmo al revés a todos los lenguaraces del conservatismo nacional, agentes conocidos de viejos intereses concentrados. No todos son despojos tristes como Lanata o tías histéricas y bífidas como Tomás Abraham. Están los circunspectos gorilones, eternos levantadores del dedito ante los "peligros intitucionales", sólo valorados cuando el gobierno se acerca a defender los intereses del pueblo y nunca cuando se violenta la ley y las instituciones para beneficiar a los grupos empresariales. Esos también están en un fúnebre cierre de campaña, jalonada por los crespones enlutados de la muerte política opositora. Sus gestos, adustos hasta la mueca, muestran lo mal que la están pasando (como diría Gastón Gaudio).
Viudas del gorilismo putrefacto con todos sus maridos muertos.

Es curioso, pero, acaso como nunca antes en nuestra historia política, la runfla opositora sufre por adelantado los dolores de la derrota. Después de la rebelión agrogarca de 2008 y el ataque sistemático del conglomerado empresario-mediático, factores ambos que posibilitaron que el oficialismo parlamentario quedara en minoría en 2009, la oposición no hizo otra cosa que retroceder.
Incapaces de instalar agenda (a pesar de tener a su servicio uno de los oligopolios multimediales más importantes de la América del Sur), se conformaron con ejercer un denuncismo pelotudo, televisivo y melindroso, mientras la única actividad política real que practicaban era la defensa punto a punto de los intereses de sus sponsors corporativos. Por fin, fue imposible distinguir entre el discurso de los periodistas jornalizados por los grupos mediáticos y los políticos que fungían de interlocutores-voceros. Es decir, pagaron las consecuencias de entregar a esos grupos el comando estratégico de su accionar político. Resignaron ideas ante intereses. Y pagaron. Y seguirán pagando.
¿Quién demonios puede creer en las promesas de Ricardito, el Padrino o el de la Rúa santafesino? Si son, apenas, lobbystas de los mismos intereses, aunque desde diferentes ángulos pero con discursos curiosamente similares, apenas diferenciables por cuestiones de forma. El conservadurismo duhaldista es tan agrario y patronal como el de Binner, tan antipopular como el de Alfonsín, aunque quizás algo más brutal, más desembozadamente derechista. El de Binner, un poquito menos. Algo más progre bobalicón, declamativo y lelo. El de Alfonsín, un desastre. Nada.
Con esta nada, estos fantasmas dolientes llegan a las elecciones generales con la derrota anunciada a cuestas. llegan a perder, pero ni siquiera ellos se imaginan cómo.
Viene un terremoto. Si el lector lo prefiere, descarte esto como el mero vaticinio de un audaz. Si no tengo razón, no pasa nada. Si la tengo, tampoco. Pero yo tengo para mi que el pueblo les infligirá una derrota histórica, ejemplificadora. Tanto a los figurones políticos como a los opinéitors de la república oligárquica. Una derrota de la que no se recuperarán en mucho tiempo.
Cristina va hacia el número mágico del 62% que el general Perón obtuvo en 1973. En ese 38 restante, quedará arrinconada toda la impotencia, el odio y la boludina, la falta de respeto por la inteligencia del pueblo y por su capacidad de memoria.
El terremoto del domingo lo será de votos, de alegría, de amor, de vida, de futuro, de esperanza. Como en 1945, se ha puesto en marcha en la Argentina una nueva conciencia. La conciencia de tener el destino en las propias manos.
Que teman los sirvientes republicanos de la oligarquía. Que tengan mucho miedo. Lo bien que hacen.
Es la hora del pueblo.
MP

2 comentarios:

DentroDelPerro dijo...

Sublime compañero!

ahli dijo...

Estimado cumpa:
como alguna otra vez, me veo obligado a reprimir cualquier comentario porque siento que sería un gesto mas de narcisismo (que parece el rasgo mas notorio y constituyente que caracteriza a los 'intelectuales' en este nuestro ISPA).
En efecto, tu aporte es claro, lúcido y para que todos los que 'quieran oir, oigan'.
Me permití subirlo a mi 'blog': "Pensemos juntos..."
Gracias por tus aportes y presencia y vaya el habitual abrazo cumpa y militante,
Aníbal

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