Apresurados de pelajes variados se lanzaron a facturar con libros en los que describían el final del kirchnerismo. Recordará el lector, desde Asís a Cachanosky, la avalancha de libros que vaticinaron el fin del ciclo inaugurado en 2003 con Néstor Kirchner. En realidad, si seguíamos la lógica de la política nacional, pasada la rebelión agrogarca, la traición de Cleto y las elecciones de 2009, estos vivillos editoriales hubieran estado en lo cierto y el Gobierno hubiera caído. Y la risueña profecía de Grondona y Biolcati se hubiera cumplido sin problemas. Esa fue SIEMPRE la dinámica política del país: cuando los factores del poder oculto decidían el fin de un ciclo constitucional, éste terminaba y punto.
Los factores que determinaron el cambio de ese temible paradigma son variados. Pero debe contabilizarse entre los principales la voluntad política de la conducción de Cristina Fernández y del fenómeno popular que bulle bajo sus pies.
El stablishment propugna la antipolítica hacia abajo, pero JAMAS deja de hacer política en las trastiendas. La antipolítica es para la gilada, para el pelotudo que se comió enterito y sin procesar el verso pergolinesco y lanatiano del que se vayan todos, mientras permanecían incólumes los testaferros de los antiguos poderes oligárquicos.
Esa es la gran victoria del peronismo kirchnerista: la política como un bien común a todos, la ampliación de la civilidad, de la participación en la discusión del destino nacional.
Cien veces se ha dicho aquí que la gran debacle opositora tuvo lugar cuando entregaron el comando estratégico de sus propias políticas al oligopolio mediático. Es decir, los políticos se entregaron a la más pura antipolítica. El resultado, acaso previsible de esa rendición incondicional fue su actual descomposición.
El estado gaseoso de la oposición no representa una buena noticia. Aviso: no viene intercalado aquí esa clásica idiotez republicana sobre la hegemonía y la necesidad de la alternancia. Eso déjelo a los santones de la república oligárquica, a las vírgenes de la política aristocrática. Aquí nos jugamos por un proyecto a largo plazo que se propone de cara al Pueblo, una continuidad de ideas y lineamientos de infraestructura en crecimiento. Un plan estratégico de expansión del mercado interno, sustitución de exportaciones y pleno empleo. Un plan de desarrollo con integración plena de todos los sectores de la sociedad. O sea, todo lo contrario de los mezquinos intereses minoritarios que sostienen los agentes opositores.
Pero, como está dicho, la disolución opositora es mala cosa, puesto que, aún en el error y la entrega, siempre es preferible el accionar político público a los oscuros movimientos de los gerenciadores de los grupos económicos. Ese es el último delito de los opositores a nuestro gobierno, dicho en términos literarios: morir para dejar en su lugar entidades peores que ellos.
Puede que sea ésta la naturaleza de la lucha que viene: el conflicto directo con los factores del poder oligopólico sin ninguna clase de mediación. Se medirán así las fuerzas de las corporaciones con las de las organizaciones del Pueblo. Será un conflicto binario y poco será el lugar que quede para posiciones tibias. La dinámica propia de la lucha propondrá la toma de partido. Se verán en esa cancha los pingos. Es decir, quiénes quedan del lado del pueblo y quiénes en la trinchera de sus enemigos. Las disidencias quedarán expuestas, las traiciones estarán a la vista.
No buscamos el conflicto, desde ya. Pero sabemos de sobra los peronistas que hay cosas, como decía Néstor Kirchner, que sólo se consiguen peleando.
La nuestra es, orgullosamente, una revolución de amor.
Aún así...
La matemática continúa siendo una ciencia de valores inmutables y los números de Cristina proponen un escenario de encolumnamiento forzoso con su conducción, hacia adentro de los diferentes andariveles que conforman el Proyecto Nacional. Aquellos dirigentes propios que no comprendan que el liderazgo de la Presidenta es diferente a cualquier otro, justamente por su legitimidad de origen, masiva y popular, cometerán el error de creer que están en condiciones de disputar la conducción desde la acotada legitimidad de la representación sectorial e incluso burocrática. Ese error tiene nombre: se llama vandorismo.
Ojalá las diferentes dirigencias entiendan la envergadura del momento histórico que vivimos y no jueguen fichas equivocadas, que terminen acercándolos a los enemigos de la Patria. Hay errores que cuestan carísimo. Sobre todo si se intenta disputar una conducción como la de Cristina, que tiene su origen en la voluntad de un pueblo.
MP
Aún así...
La matemática continúa siendo una ciencia de valores inmutables y los números de Cristina proponen un escenario de encolumnamiento forzoso con su conducción, hacia adentro de los diferentes andariveles que conforman el Proyecto Nacional. Aquellos dirigentes propios que no comprendan que el liderazgo de la Presidenta es diferente a cualquier otro, justamente por su legitimidad de origen, masiva y popular, cometerán el error de creer que están en condiciones de disputar la conducción desde la acotada legitimidad de la representación sectorial e incluso burocrática. Ese error tiene nombre: se llama vandorismo.
Ojalá las diferentes dirigencias entiendan la envergadura del momento histórico que vivimos y no jueguen fichas equivocadas, que terminen acercándolos a los enemigos de la Patria. Hay errores que cuestan carísimo. Sobre todo si se intenta disputar una conducción como la de Cristina, que tiene su origen en la voluntad de un pueblo.
MP

3 comentarios:
Así de tajante sos... los K representan el pueblo y todos los demás son los intereses concentrados, la oligarquía, la derecha, y clarín.
Te cuento que una de las mejores medidas del oficialismo (la AUH) ya estaba consensuada para ser votada por la oposición, y de golpe Cristina la saca por decreto.
Uy, que pena! Tambien tenemos la culpa nosotros de la ineptitud opositora? Cuando existian, digo.
"No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada". Esto no lo dijo Cristina pero, al igual que Néstor que transformó al "puesto menor" en "PUESTO MAYOR", ha demostrado con creces que NO ES NEUTRAL.
Hace poco la Presidente aconsejó a los poderes ubicuos aunque invisibles, que FORMARAN UN PARTIDO POLÍTICO y se sometieran al voto popular. En lugar de eso, siguieron dando cuerda a las pequeñas marionetas políticas que "defendían la democracia" y "la calidad institucional" tratando de "acabar con el Kirchnerismo".
Sin dudas, DEBEMOS APOYAR LA PROFUNDIZACION DE MODELO.
Saludos
Tilo, 70 años
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