28 mayo 2011

PINO SALE A SUBIR EL PRECIO


Y, muy poética no es la cosa. No me pida que cabecee, lector. El título es pedorro porque la actitud mediática de Solanas Pacheco ES, efectivamente, pedorra. 
Es decir, recapitulando, cuando anunció su "renunciamiento" a la candidatura presidencial (es como yo, cuando renuncié a ser rey de Bélgica) y el consiguiente comienzo de su carrera por la intendencia porteña -que tanto alegró públicamente a su socio Lozano, no sé si recuerda- la jugada era una de esas clásicas aperturas de kiosco que tanto abundan en el panorama político argentino (véase Graciela Ocaña); en dos palabras: en la presidencial, por más "minutos TN" que metiera, Pino desaparecía en el rubro "otros", como dicen los pibes de la revista Barcelona. En Buenos Aires, por el contrario, el porcentaje de Proyecto Sur puede ser un interesante 12 (más o menos). Y ese numerito cotiza muy bien a la hora del ballotage.
Pícaro, el Pino se metió de lleno en la problemática porteña y puso el cartel de oferta. Lanzó su desmedido ego en forma de candidatura solitaria parloteando ante cuarenta tipos en el Parque del Centenario y se guardó in pectore el nombre de su vice, como si de verdad fuera algo importante y provocara la espectativa de toda la sociedad. Un actorazo, el tipo. Casi como Carrió. Igual, en el lanzamiento le faltó todo ese humo que sobra en sus películas. Usted sabe, lector, la clásica fórmula "humo=misterio=poesía" de la que hizo uso y abuso en su filmografía no documental.
Bien, el elegido para acompañar a Pino en su derrota porteña fue Jorge Selser, socialista. Hasta allí todo bien. Siempre igual, el monstruoso ego de Solanas no deja lugar a sorpresas. JAMÁS hubiera puesto a secundarlo a alguien más famoso que Selser y más cercano a él y su estrellato. Pero bueno, así es la cosa. Lanata, teléfono: es el tipo del egómetro, dice que se le rompió, che. Reventó.
Así las cosas, la consagración de la fórmula kirchnerista para la carrera porteña alineó la naturaleza de las cosas y presentó a la fuerza que va a hegemonizar la contienda con la derecha macrista. Qué lío para los progres del pinismo! Y allí salió Selser, enseguidita, a demostrar lo bien que lee la realidad política:
“podría conversar con el kirchnerismo porque hay hombres respetables y patriotas. Tenemos una buena relación en la Legislatura y no hay por qué ocultarlo”.

Tiró Selser en Página|12, evidentemente demasiado rápido. No es un error, sino un apresuramiento. Veloz, el Pino salió a cortarle las patas con toda esa verba florida del pensamiento mágico de la progresía portuaria, en este reportaje. Selser, te fuiste al carajo, pibe.
En realidad, vuelvo al punto, lo que hace Pino es volver atrás con los dichos de Selser, porque sabe como nadie que cuanto más tiempo pase, más alto se va a cotizar su numerito. Si lo entregamos ahora, Selser, sacamos p'al puchero y nada más. Si mantenemos el suspenso hasta el último día, nos llevamos el toco.
Ese es todo el misterio de Proyecto Sur, la negociación de su valor en porcentaje electoral con la amenaza de entregárselo al macrismo, si acaso no hubiera algo lindo para Pino y sus chicos progres.
La nueva política, sin la menor duda, como dice Solanas Pacheco siempre por TN, periodismo independiente.
MP

EL KARMA DEL 25


 
Los 25 de Mayo tienen para la Argentina un karma particular. Cuando Néstor Kirchner asumió el 25 de Mayo de 2003, recordó el 25 de Mayo de 1973, treinta años atrás, cuando Héctor Cámpora tomó posesión respaldado por una multitudinaria concentración de la JotaPe, de la que él mismo formaba parte. Cristina Kirchner volvió a recordarlo este miércoles 25 de Mayo en Resistencia, ocho años después.
“Cuando escuché el discurso de Néstor ese día, supe que iba a tener un costo muy alto”, recordó la Presidenta. Y señaló otro 25 de Mayo, el del Bicentenario, cuando Néstor Kirchner, poco antes de morir, tuvo la certeza de que su proyecto había echado raíz.
Se podrá estar de acuerdo o no, pero después de tantos años de hegemonía neoliberal, aquel discurso rompía los esquemas. Por eso, la mayoría no le creyó. Era otro político más con un discurso de circunstancia. Hubo quien tomó algunas de sus resonancias, sobre derechos humanos o sobre referencias históricas, pero la mayoría no valoró el contenido global que proponía.
El esfuerzo principal de Kirchner en todos esos años fue para gobernar, pero además para ganar credibilidad. Su discurso, al igual que el de los demás políticos, no era creíble. Resultará casi imposible explicar ese fenómeno en el futuro: un presidente luchando para ganar una credibilidad que le era esquiva aun cuando se lanzaba tras metas y ganaba batallas que en treinta años sólo habían existido en la categoría de consigna o expresión de deseos, como la conformación de una Suprema Corte idónea e independiente, como la anulación de las leyes de impunidad y la realización de los juicios contra los represores, como la quita más importante en la historia de la deuda externa del mundo o acabar con el ALCA de George Bush, entre otras.
Esas metas formaban parte de la tradición política del centroizquierda, de una parte del peronismo y de una parte del radicalismo. Nunca se habían podido concretar, pero cuando se pudo, en vez de reconocerlo, una parte de ese espectro siguió negándolo con más fuerza. Incluso algunos prefirieron unirse a sus enemigos, a los que habían generado esa deuda, los que habían aprobado las leyes de impunidad, los que habían manipulado a la Corte.
Se crearon varios relatos desde esa especie de negacionismo. El más elemental niega la realidad contra viento y marea. Nada de eso ocurrió, es todo una mentira. Más de un intelectual de paseo por TN suele intentar ese relato religioso donde se trata de creer o no creer.
El otro relato es más sofisticado. Personifica a un Kirchner político tradicional, amoral, sin principios ni ética ni ideología. Un hombre solamente motivado por el poder y que, sólo movido por esa combustión, realiza uno de los gobiernos más progresistas, o por lo menos, el que concreta gran parte de la agenda progresista que los supuestos progresistas que hacen ese relato nunca lograron. Desde ese lugar tan irregular, donde el que nunca logró concretar juzga a quien sí lo hizo, se puede calificar a Kirchner de calculador, que lo fue; de audaz, que por suerte también lo fue; pero no de progresista, que en realidad fue de lo que más hizo en su gobierno. Es decir, fue audaz y calculador, como señala el título del último libro de Beatriz Sarlo, pero para tomar las medidas que tomó, no para tirarse en parapente o correr en Fórmula 1.
Hay cierto regodeo en tratar de ponerse en ese lugar de juez y calificador del progresismo. Por citar a Ortega y Gasset: un hombre es él y sus circunstancias. En otras circunstancias, el Che podría haber sido un joven aventurero y después un médico de pueblo y hombre de familia.
A Kirchner le tocó vivir un momento histórico dramático en un lugar de responsabilidad inesperado y lo asumió cabalmente. Podría haber sido un desastre. Eran más las posibilidades de que así hubiera sido si se quedaba inmóvil, si se dejaba presionar, si hubiera sido incapaz o indolente o débil como muchos de los presidentes y aspirantes anteriores. Como ser humano tiene más mérito ese compromiso con el momento histórico y su realización, que una vida de pensar en cosas buenas.
Pero además ese relato no cierra. Es probable que antes de asumir, Kirchner no pensara en hacer todo lo que hizo. Venía del pragmatismo de una gestión provincial que había atravesado la década menemista. Es probable que en ese momento hubiera resignado muchas cosas que después hizo. Pero si Kirchner hubiera sido un malandra amoral como lo pintan, no hubiera elegido ese camino que para él tenía más costos que ganancias, como quedó finalmente demostrado. Y en ese caso, el mérito de haber podido comprender el reclamo de ese momento histórico sería aún mayor.
Los escritores vuelven una y otra vez a ese punto. Al momento en la vida de una persona que hasta allí no había sobresalido o había sido un campeón de lo cotidiano. Y de repente esa vida llega a una encrucijada donde todo está puesto en juego, el punto de decisión que iluminará todo lo demás. Puede ser que en ese punto los grandes personajes, los que vienen con discursos de comerse leones crudos o los grandes promeseros, se quiebren por temor o por corrupción. Y puede ser también que el personaje del que no lo esperábamos, el que venía con perfil bajo sin grandes discursos, se agrande y asuma todo el peso de esa encrucijada. Es el momento de definición. Ese 25 de Mayo de 2003 fue el gran momento de decisión de Néstor Kirchner, su encrucijada. Podría haber negociado con el poder sistémico para conseguir gobernabilidad, pero prefirió confrontarlo. Solamente haciendo ficción se puede saber lo que pensaba en ese momento o en el día anterior a su muerte o en todo ese agitado periplo. Lo que se puede saber son los resultados.
Y los resultados no condicen con la imagen del malandra. En Argentina hay muchas más experiencias de presidentes que se quebraron al asumir o durante la gestión. Son pocas las experiencias contrarias como la de Kirchner. Y aunque Raúl Alfonsín tiene mucho para rescatar, porque le tocó también, al igual que a Kirchner, un momento muy difícil, su experiencia fue muy frustrante para una generación que le puso todo el corazón al salir de la dictadura. Es probable que esa frustración provenga de la inmadurez, de la imposibilidad de reconocer las circunstancias contra las que debió lidiar el jefe radical, o de desconocer los recovecos sinuosos de la política, pero esa frustración fue muy fuerte. El mismo Kirchner pudo entender el drama de aquel Alfonsín y siempre lo diferenció claramente de sus otros antecesores.
Ese sector del progresismo furiosamente antikirchnerista busca interminables explicaciones para las capitulaciones de Alfonsín en acciones tan importantes que él había impulsado, como el Juicio a las Juntas. Pero es incapaz de reconocerle nada al gobierno de Néstor Kirchner, al que juzga con una rabia ciega.
Hay una construcción del personaje de Kirchner sobre la cual se justifica la negación de sus acciones. Si es un tipo malandra, movido por la ambición de poder y de dinero, ninguna de sus acciones puede ser buena. ¿Qué pasa si las acciones son buenas? ¿Entonces el hombre sería bueno? Las dos afirmaciones constituyen una estupidez, no hay un vínculo causal, solamente pueden servir como aproximación. Difícilmente un malandra opte por pelearse con la Iglesia, con Clarín, con el FMI y con Bush y es más probable que un tipo de buena entraña impulse los juicios a los represores o la conformación de una Corte independiente y de alto nivel. Son aproximaciones, porque en la realidad se pueden dar todas las combinaciones.
Si se justifican esas capitulaciones de Alfonsín al promediar su gobierno por el momento tan drástico y las fuertes presiones que lo ponían en un lugar de tanta debilidad, ¿por qué se critican las políticas del kirchnerismo, con sus alianzas y sus ofensivas para no capitular? ¿Es más honroso capitular y que no haya juicios? ¿O dar pelea con todas las herramientas de la política en democracia para que esos juicios se hagan? El que opte por lo primero, que se lo vaya a explicar a los familiares de los desaparecidos.
Muchos de los que critican así al gobierno de Kirchner, lo comparan con el gobierno de Lula, que en un país más complejo, con problemáticas muy diferentes, fue bastante menos “progresista” en sus medidas. Pero además, la gran prensa hizo denuncias de corrupción contra su gobierno que empalidecen a cualquiera de las que se hayan hecho aquí, la mayoría de las cuales están sin resolución en la Justicia. Y la mayoría de sus aliados, como los veteranos caudillos provinciales del PMDB, hacen que los vilipendiados gobernadores e intendentes argentinos del PJ parezcan nenes de pecho. En política se gana y se pierde, nada es lineal ni matemático. Para hacer lo que hizo, Lula hizo esas alianzas y recibió esas denuncias como parte de la campaña para contrarrestarlo.
Algunos intelectuales tienden a simpatizar con políticos testimoniales o “chamánicos” porque se parecen más a los intelectuales. Ellos priorizan la consigna frente a la acción. La acción sola es peligrosa también, pero la acción es la que transforma la realidad. El intelectual puede darle contenido a la acción, pero no es acción, a no ser que se transforme en político o militante. La política es real y trata de combinar la abstracción y la pureza del pensamiento con la impureza del conflicto concreto.

26 mayo 2011

EL SERVIL SÍRVEN


El periodista de espectáculos reconvertido a la fuerza en "espada" dialéctica del arsenal opositor, Pablito Sírven, hace hoy en La Nación una divertida exposición de su militancia gorila al reseñar la cacareada "visita" de Beatriz Sarlo al programa "6,7,8".
Y decide empezarla así:

Como un gladiador que en soledad viene de decapitar las siete cabezas de una hidra, Beatriz Sarlo amaneció ayer más cansada que de costumbre, tras su arriesgada pero brillante incursión televisiva en 6,7,8.

Un derroche de hipérboles que parecen sacadas de una película de Mirtha Legrand, la nota. Léala, por favor, porque no tiene desperdicio.
Ay ay Sírven! ¿Se te pedía tanto, realmente?  Bueno, la tía Valentina murió en paz, dejando segura sucesión.
Permítase a este bloguero una breve risa editorial
JAJAJA

MP

23 mayo 2011

EL HERALDO DE LA DESGRACIA


Nelson Castro anda estrenando los ropajes negros de heraldo de la desgracia. Como el enlutado fantasma mortuorio del El Séptimo Sello, la película de Ingmar Bergman, se pasea por los programas periodísticos opositores augurando ilusorios problemas de salud que impidan que ocurra lo que constituye la pesadilla de sus patronos: la reeleción de Cristina Fernández en la Presidencia de la República.
Confirmando aquello de que "contra Menen éramos todos buenos y progres", el doctor Castro deambula como un espectro melancólico, usando toda su batería de verba médica para pintar de negro la historia nacional, con un énfasis especial en el peronismo. 
Usando la muerte del General Perón y la prematura muerte de Néstor Kirchner como causa y síntoma de un determinismo mágico que dejaría fuera de carrera a Cristina, para el consiguiente alivio de los poderes que representa, el modoso doctor-periodista certifica sin mayores datos que sus acostumbradas "fuentes espectrales", rumores de mala salud que alimentan las esperanzas gorilas y sirven para el armado de notas periodísticas de rigurosidad nula y tapas de revistas para consumo del gorilismo de clase media.
Triste, solitario y final el de Nelson, en el papel de funebrero mediático, intentando crear la fantasía de un final  que no se va a producir.
MP

22 mayo 2011

CONDUCCION


La consagración de la fórmula del FpV porteño, en Daniel Filmus y Carlos Tomada, enseña algunas cosas útiles para comprender la naturaleza del Proyecto Nacional que transita nuestra Patria.
En primer lugar, demuestra el valor superior que posee la construcción colectiva por sobre la individual, cosa que quedó demostrada en la pre campaña ejemplar que los tres candidatos (incluyendo a Amado Boudou) llevaron adelante, con convicción y militancia pero sin perder de vista que el objetivo no era ni es el poder personal sino la necesidad de alinear a la anómala ciudad de Buenos Aires con la marcha del resto del país. Y en ese sentido se movieron los tres postulantes. Este nivel de compromiso ideológico y personal con el proyecto colectivo que los agrupa es virtualmente imposible de hallar en cualquier fuerza opositora, en donde el espacio de puja está determinado por la trepada individual y el pacto espurio ("contubernio" al decir de los viejos yrigoyenistas) y donde capean los "favores" cruzados de los intereses que representan, desde el Departamento de Estado y la embajada de los EEUU hasta el oligopolio mediático, que resultan en acuerdos de cúpulas sin pueblo.
Es decir, en la ciudad de Buenos Aires quedó más claro que en ningún otro sitio del país que lo que se dirime en octubre es, por un lado, la continuidad de un Proyecto Nacional y por el otro, un No-Proyecto. Un Anti-Proyecto que tan sólo busca restaurar los privilegios de los poderes que fungen de comando estratégico opositor. 
Y vinculado a esto es lo segundo que quedó evidenciado desde ayer, pero que es bien sabido por todos: el Proyecto Nacional tiene una conducción clara, proactiva y decidida, y esa conducción está encarnada en la compañera Presidenta. Por eso el stablishment no comprendió jamás la campaña de Filmus, Boudou y Tomada. Porque se les escapa la mecánica de la construcción colectiva y de la unidad de concepción y acción que son bases principales de la ideología peronista. Y no llegan a entender que en el peronismo, la conducción decide porque tiene mando, no por antojo o trenza, sino por mera evidencia. 
La conducción política es, en sí misma, una evidencia. Por eso mismo el peronismo marcha hacia su definitiva conversión en la exclusiva ideología del poder en la Argentina, porque los demás partidos jamás pudieron articular su accionar sobre este concepto y terminaron entregando toda su estrategia y táctica a los grupos de poder que les dieron cobertura monetaria y mediática. Eso los convierte en peones intercambiables de un juego que les resulta ajeno. 
Por el contrario, los peronistas tenemos una conductora y una ideología. Tenemos las banderas y estamos de pie, listos para dar el próximo paso, que asegurará para las generaciones futuras el viejo sueño revolucionario de Juan Perón y Eva Perón: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.
MP

19 mayo 2011

FANTASMA

Ayer, Gabriel vio un fantasma. No fue la primera vez, porque desde hace años ve ese avión maldito perdido entre los yuyales. Pero ayer, esa máquina que fue instrumento del asesinato masivo de los compañeros detenidos-desaparecidos, arrojados vivos al mar; ayer mismo, volvió a volar. Sin las alas, elevado del suelo por una grúa que lo llevará presumiblemente a la ESMA, uno de los aviones que protagonizó los terribles "vuelos de la muerte" dejará de pudrirse al aire libre y será conservado para que las futuras generaciones, al ver sus compuertas oscuras como los ojos de las calaveras, sepan que parte de las víctimas del peor genocidio perpetrado en la Argentina fue asesinada usando ese mismo aparato. Al poder tocarlo, quizás sentirán el horror de más cerca. Lejos del discurso y monstruosamente cerca de la piel.
Gabriel le sacó fotos a ese fantasma nefasto. Como lo hubiera hecho cualquiera que entienda lo que está presenciando.
MP 





08 mayo 2011

VIRTUAL


No es que Magnetto lo tenga de candidato. Nadie, aún aquél con el más básico nivel de análisis político, puede pensar en Duhalde ganando una elección presidencial. Y no es el CEO del Grupo Clarín, exactamente, un individuo básico. Por el contrario, se debe inferir por el poder que ha acumulado en tantos años, que al menos su capacidad estratégica es notable y su apreciación de los factores de la realidad, la que corresponde a alguien habituado a moverse sobre seguro. En este sentido, el lanzamiento de Duhalde por el sello de alquiler "unión popular" a la candidatura presidencial de la Argentina contiene todos los elementos de irrealidad estilo Macondo que hacen un mero juguete virtual para el comando etsratégico opositor, residente en las oficinas del Grupo Clarín.
Para decirlo de una vez, la payasada de Duhalde no sirve para nada, carece de la más mínima efectividad para los intereses de los grupos concentrados del poder económico. La aparente apoyatura que podía desprenderse de la cobertura del canal TN del acto del Luna Park, no es otra cosa, da la impresión, que la cobranza mafiosa del ex bañero al Grupo Clarín por el favor de obligar a todo el pueblo argentino a pagar la deuda en dólares que acumuló con la convertibilidad, mediante la famosa Pesificación Asimétrica. Pero los oscuros comandantes de la oligarquía saben con total certeza, que Duhalde jamás será presidente de la Argentina por medio de comicios legales y universales y que sus fanfarronadas insípidas no son más que eso: eructos de matón de barrio, de transa malo y cruel, que vive del miedo que pueda provocar. Un fiolo de poca monta que lo único que sabe es de aprietes y amenazas.
La otra tarde, en el Luna, despuntó ese vicio de "pepe galleta", interpelando a la Presidenta como si tuviera siquiera la posibilidad moral o la estatura política como para hablar de igual a igual con ella, cuando la realidad es que ante Cristina, Duhalde sencillamente NO EXISTE. Es una broma de la naturaleza. Uno de esos granos molestos que salen cada tanto en el culo de la democracia.
Salvo los secuaces políticos más cercanos del patético vejete que llegó a la intendencia de Lomas de la mano de la Triple A, allá en los setenta; es decir, salvo la recua más íntima del "candidato" virtual, que juegan sus fichas y negocios a la presidencia del lomense, esperando volver a gozar de las zonas liberadas para colocar merca...dería en las puertas de la fábrica de pobres del liberalismo económico, nadie considera serias las estupideces del pequeño ultraderechista. Antes bien, miran para otro lado con una mezcla incómoda de asquito y verguenza ajena.
Así y todo, con esa camaradería que tan bien se da entre cómplices, Clarín cumplió con su cuota parte de la deuda que mantiene con el pesificador asimétrico, adorador de los oligarcas y admirador de curas y milicos represores. La deliciosa crónica publicada en el diario denota, incluso, algún entusiasmo por parte de Nicolás Wiñazki, un ex Crítica que recicla en Clarín su odio al Gobierno. Se ve que el aparataje armado por Barrionuevo y otros punteros marginales para el lanzamiento del candidato de Unión Popular lo emocionó lo suficiente como para cerrar la nota con un vibrante

Todo terminó con papelitos volando por el aire, y con Hugo del Carril hijo, entonando la marcha peronista. En vivo, de manera potente, fantástica.

¿No es lindo que los pibes descubran la pasión militante?
MP

06 mayo 2011

EVITA


De ella siempre se habla desde el corazón, desde ese lugar impreciso que se sitúa más o menos entre el pecho y el estómago. Desde allí. Támbién desde el lugar de los recuerdos felices. Es increíble, pero esa niña frágil que murió en aquél invierno oscuro de 1952, recibió de Dios, acaso, la gracia de permanecer viva para siempre en el territorio intocable de los sueños.
Fue lo que millones hicieron que fuera: la compañera Evita, fue el amor por el otro hasta el punto de sacrificar la propia vida, hecho mujer. Fue la revolución, fue el fanatismo sagrado por la causa del pueblo, la convicción a toda prueba, la fe ciega en el destino de grandeza de una Patria a la que amó hasta la muerte. Su certeza más profunda tenía nombre y apellido. Juan Perón. Y tampoco en eso se equivocó, porque Perón fue la certeza de la liberación para millones de compatriotas.
Quizás porque eligió habitar la geografía de los sentimientos, quedó indentificada para siempre con la felicidad. Hay figuras en el santoral cristiano que lucen la aureola por mucho menos que eso, pero es que ninguno de ellos debió sufrir, tampoco, el odio salvaje que ella soportó antes y después de la muerte. Y si hay un lugar en el cielo para los mártires de la causa del amor incondicional al género humano, si hay un sitio para los luchadores heróicos por la justicia, ella debe de estar allí ahora, sonriendo eterna como un fuego que nunca podrá extinguirse.
Mañana, en esta tierra a cuyo pueblo amó tanto, por el que entregó su joven vida, Evita cumpliría 92 años. Apenas un detalle en una existencia que se mide en las leguas de la eternidad.
MP

03 mayo 2011

SOBRE LA TUMBA DE SABATO




Hemos dicho muchas cosas de Ernesto Sabato a lo largo de los años, hasta que cesara en nosotros la voluntad de dialogar con él. Su largo retiro contribuyó a que fuera fácil considerar su ocaso. Restaban en la memoria los hechos públicos que él había protagonizado, resonantes, que a veces son parte de una obra, y a veces nada dicen de la vida de un escritor. Lo cierto es que todos los que habíamos leído Sobre héroes y tumbas en los años ’60 no lográbamos encajarlo en nuestras reminiscencias más específicas, y las peripecias de Martín y Alejandra Vidal Olmos se confundían con otros recuerdos literarios, el incendio de una vieja casa parecía tener un aroma a Beatriz Guido y el Informe sobre ciegos podía remitírselo a un capítulo perdido, un boceto en ciernes de Roberto Arlt sobre la saga de los conspiradores. La escena de la quema de las iglesias en 1955 parecía tener algo de lo que Sabato presentara a lo largo de su vida como una tragedia sobre la piedad: un adolescente roba imágenes sacras de la Curia en llamas, y una señora aristocrática, en la vereda, lo obliga a que las devuelva y –creo recordar– salve otros iconos del incendio.
Era el viejo tema de la inocencia del mal –tema que también era de Borges–, pero llamando a un gran reconciliación en medio de la catástrofe. Para ello era necesaria cierta santidad de la dama de alcurnia y cierta iluminación arrepentida del muchacho. En sus polémicas con Sabato, Borges consideró “patéticos” estos juegos de conciencia y en las coincidencias que tuvieron en los tiempos que sobrevendrían, como la entrevista con Videla, era posible imaginar que eran diferentes las justificaciones. Borges directamente fue a apoyar. También Sabato, pero siempre pensó ese aciago episodio como apropiado para despertar la conmiseración del príncipe. Cuando Sabato se encargó de la Conadep en 1983, Borges volvió a su papel de niño implacable y dictaminó que no eran ésas tareas para un escritor. Por su parte, en esos momentos Borges también escribió sobre la “inocencia del mal”, describiendo una de las sesiones del Juicio a las Juntas.
Sabato había tenido la suerte de que Albert Camus, que ya era autor notorio, asesor en Gallimard y que todavía no había alcanzado el Nobel de Literatura, se fijara en él. Con ese respaldo, la novela El túnel –algo, muy poco, resonaba El extranjero en ella– le da a Sabato un relieve que será la plataforma para lanzar sus ensayos sobre la condición humana asediada por la tecnología ciega y los engranajes de un mundo maquinizado. Indicado por la revolución de 1955 para dirigir una revista masiva, muy pronto renuncia por comprobar que el nuevo régimen también tortura y muy pronto fusilará. Los grandes textos de Camus sobre la revolución en Argelia y la necesidad de encontrar un “cauce moderado e intermedio” quizá lo inspiran.
Su humanismo provenía de un núcleo íntimo dolorido, a la manera dostoievskiana, que exigía ver al humanismo por el envés, como recóndito llamado a la redención por parte de réprobos, místicos y asesinos. Estos elementos de un saber alquímico y fantasmático, propio de quien había renunciado a las prácticas ciencias físicas, no le dio resultado en su novela Abaddón el exterminador, en las que también pretendía intervenir en las opciones militantes de los jóvenes de los años ’70. Ya era un personaje notorio. Con algo que quizá perduraría en él de los años del grupo de izquierda Insurrexit –años ’30–, criticaba los círculos del destino que en Borges fundían “lo mismo en lo otro”, y deslizó su escepticismo sobre la traducción borgeana de Palmeras salvajes, de Faulkner. Era otra Argentina, donde aún podía creerse que un debate entre Borges y Sabato podía contener todas las posiciones posibles en cuanto a estilos y éticas literarias.
Otros escritores o filósofos, Emile Zola, John Dewey, Sartre, Romain Rolland, Camus, han participado como conciencia cívica autónoma en grandes jornadas de conmoción social del mundo moderno. Sabato lo hizo y cosechó tanto agasajo como críticas. Quizá fue el pacto de Sabato con las revistas de vulgarización ideológica que cortejaban a la dictadura militar, luego con las ediciones del programa de Grondona en las décadas anteriores (no sin advertirle a éste, entre tanta camaradería, de su “aristotélicotomismo”), lo que lo colocó como centinela moral de una clase media medrosa, que llamaba espiritualismo al olvido e interpretación de la historia a las tesis sobre los “dos demonios”, debida a la pluma sabatiana en el Nunca Más. Es cierto que tomó esa tarea de investigación de lo ocurrido en los socavones de la dictadura con gran empeño, y es cierto también que hoy podemos decir que esos hechos formaban parte de una investigación también sobre sí mismo (“sus demonios”, “sus fantasmas”), en la lucha por esclarecer sus propios vaivenes de hombre atormentado. No siempre triunfó este martirio interior como reflexión del humanista escéptico, pues lo rodearon halagos numerosos, adormecientes (sobre los que no supo ironizar, como Borges), y no se incomodó en su papel de augur de diversos poderes que su antigua convicción libertaria le hubieran obligado a cuestionar.
El prólogo de Sabato a la primera edición de Ferdydurke, de Gombrowicz, es una pieza plena, de época, pero justa y perdurable. Por lo demás, dijo y se desdijo, algo sacaba de su mochila cuando sentía que había traspasado demasiados límites y cargaba la penuria de una carta –creo que dirigida a García Márquez– que era exhumada cada vez que surgía la cuestión de aquella reunión con Videla. Nosotros fuimos sus lectores, no podemos decir que éramos inmunes a Sobre héroes y tumbas. No hace mucho, Fogwill, travieso e irónico pero no impreciso, escribió una reivindicación de esta novela. Sabato enojaba a quienes no creían en su vida de monje en la cartuja, retirado del mundo y sufriendo por los seres humanos. La muerte, gran compañera, siempre da una oportunidad a los seres ambiguos. Ahora, acaso un joven estudiante abra nuevamente Sobre héroes y tumbas y se detenga en aquella página donde Martín ve una lucecita prendida en una pensión de San Telmo –es de madrugada– y dice: debe ser un estudiante leyendo a Marx.

* Director de la Biblioteca Nacional

02 mayo 2011

A HACER LA VENIA


Según parece, una caravana de la Coalición Cívica Libertadora marchó a los EEUU, encabezada por la candidata testimonial Elisa María Avelina Carrió. Como para ejemplificar gestualmente lo que significa el proyecto que reservan para la Argentina, no?
Es decir, esta fuerza política, cuya muestra de cipayismo más abyecta fue aquella carta entregada a las embajadas, pidiendo que "salven" al país del peronismo gobernante; esta misma cría, digo, está recorriendo oficinas en el Imperio ofreciendo sus servicios, es decir, para jurar que gobernarán (sic) de acuerdo a las órdenes que provengan desde Washington y Wall Street.
Ajenos por completo a los procesos populares que tienen curso en Latinoamérica y particularmente en Argentina, los herederos de Aramburu y Videla pasean su virtualidad ante los comandantes imperiales, quizás creyendo que estos respiran el mismo microclima que ellos, tal es el alejamiento de la realidad que se vive en el "País Clarín".
Reirán socarronamente los centuriones yanquis ante esta caravana payasesca, que en lugar de conttinuar con la costumbre de ir a recibir órdenes a la embajada, peregrinó hasta allá para hacer la venia y entregarles en sacrificio un país del que no disponen. Y pensarán, acaso: "la verdad que no les pedíamos tanto".
MP

01 mayo 2011

SABATO 2


Leí la famosa trilogía literaria de Ernesto Sábato en desorden, como corresponde a mi propia desordenada formación intelectual. El primero de sus libros que llegó a mis manos fue Sobre Héroes y Tumbas. Me fascinó la historia de Alejandra y de su trágica familia militar, tan en consonancia con el friso funerario del patriciado argentino, cuyas raíces nobiliarias yacen en la Recoleta, antes que en el pasado glorioso. Eso era, a mi ver, lo mejor de la novela: el texto sobre la historia de la legión que huye melancólica de la furia del general Manuel Oribe, con el cadáver de Lavalle pudriéndose sobre el lomo del caballo.
El Túnel me pareció mucho mejor novela, cerrada y oscura. Laberíntica y asfixiante. Supongo que es su mejor logro creativo, que quiso ser emulado con menor fortuna en Abbadón el Exterminador, de los primeros años setenta, en gran medida porque el contexto coyuntural de la historia nacional era más duro que cualquier ficción.
Si uno lee con atención, todos los componentes del Sábato público están dibujados en sus novelas, como no podía ser de otro modo. Su odio por el peronismo, su pesimismo forzado. Falta, quizás, esa temprana inmersión en el bronce que le brindó el alfonsinismo en 1983, el cual a cambio de condonar la Teoría de los Dos Demonios que tan bien venía para cerrar "en paz" el tema de la guerra sucia, lo transformó en el árbitro de la moral pública argentina.
El resto fue, en todos sus años hasta ayer, dejar fluir su pesimismo mecanicista, imbuído en una moralina republicana que se percibía demasiado afrancesada como para parecer inocente y demasiado reaccionaria como para ser simpática. 
Al igual que le ocurrió en la música a Tony Bennet con Sinatra, Sábato debió vivir toda su vida pública a la sombra insoportable de Borges, disputándose, además, el mismo mercado ideológico. Y eso es algo que nunca superó. Por eso fue un emo avant-la-letre, oscurecido a la fuerza para hallar un nicho donde hacer notar mejor su presencia. 
Bien mirada, su obra literaria más famosa (la trilogía) es lectura para adolescentes. Eso es bueno en tanto la constituye en formalmente iniciática. Es malo porque falla la prueba de los años. Y es innegable que Sábato mismo, despojado del Informe de la Conadep y el Nunca Más, quedó atrapado en aquellas tres novelas.
La muerte nos vuelve buenos, sabios y simpáticos. Cierra las disputas, en la mayoría de los casos. Salda las cuentas. Tal vez Sábato fue bueno y sabio en vida. No es imposible. Pero su figura fue siempre una sombra trágica sobre la joven democracia nacional, en tanto provenía impune de un pasado innegable. Por eso pudo pasar de la condonación de la dictadura de Videla a la Conadep. El derrotero de mucha de la clase media y media alta argentina.
Tuvo, ha de reconcocerse eso, la lucidez de pedir un funeral austero, acaso espantado por la fantochada que Clarín organizó para Raúl Alfonsín, en "otro" padre de la democracia que los chicos de Magnetto canonizaron para sus acciones de guerra. Igual, ese diario ilustró la nota sobre su funeral con un primer plano de Ricardo Alfonsín, candidato y "es lo que hay" del grupo oligopólico, dejando a sus pobres despojos en un triste segundo plano. No se les iba a escapar tan fácil.

MP

SABATO

 
 por Pablo Adrián Vázquez, Licenciado en Ciencia Política, Miembro de número del Instituto Nacional Eva Perón y del Juan Manuel de Rosas
 
 
«Si nos cruzamos de brazos
seremos cómplices
de un sistema que ha
legitimado la muerte silenciosa».

(La Resistencia – Ernesto Sábato).



Ernesto Sábato murió el 30 de abril del 2011 a los 99 años en su
casa de Santos Lugares. Iba a ser homenajeado al día siguiente en la Feria del Libro de Buenos Aires por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires en su
cumpleaños número 100, que sería el 24 de junio.

Compromiso y lucha, pero también contradicciones que lo
cruzaron en su producción literaria y en su vida pública. Quizás eso que
escribió sobre que: “el mundo es una sinfonía,
pero que dios toca de oído”, a veces le haya pasado a él.

Físico en el Laboratorio Curie, pero desengañado de las
ciencias duras; comunista es prematura edad, pero luego crítico del stalinismo;
antiperonista inicial que acusó al movimiento popular de ser guiado por el
resentimiento, pero que percibió el dolor popular y condeno la persecución
sobre dicha fuerza; detractor del militarismo, pero que aceptó una publicitada
reunión con el dictador Videla, y en donde fue el "nacionalista"
Padre Leonardo Castellani quien le pidió al dictador por la aparición de
Haroldo Conti; presidente de la
CONADEP, que visibilizó la vejaciones y desapariciones de la
última dictadura, pero avalando al teoría de los dos demonios.

El autor de la trilogía de novelas El Túnel (1948), Sobre héroes
y tumbas (1961) y Abbadón el
exterminador (1974) fue un escritor y un ser humano polémico, cruzado por
sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus personajes
literarios.

Como director interventor de la Revista Mundo
Argentino a fines de 1955 renunció al saber de torturas a presos políticos
peronistas, y entabló sendas polémicas con Borges en las páginas de la citada
revista, - y luego profundizando esa polémica frente a su postura sobre Cuba,
lo que le vale apartarse de SUR,- y contra Mario Amadeo, Canciller del general Lonardi,
el cual había publicado Ayer, Hoy y
Mañana denostando la experiencia peronista, aunque viendo algunos puntos
positivos. La respuesta de Sábato fue a través de su texto El Otro Rostro Del Peronismo (Carta abierta a Mario Amadeo), el cual fue contestado por carta por Arturo Jauretche,
la cual fue incluida en la introducción de Los
Profetas del Odio.

También Abelardo Ramos refutó
las posturas de Don Ernesto con relación a Jauretche y el peronismo, publicadas
en la revista CHE, en notas de su revista Política.
Dichos textos fueron incluidos luego en el libro de Ramos Crisis y resurrección de la literatura argentina.

Si embargo captó el dolor del
pueblo en 1955 por la caída de Perón al describir: “.. en un rincón de la antecocina
ví como las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de
lágrimas (…) Muchos millones de desposeídos y de trabajadores derramaban
lágrimas en aquellos instantes, para ellos duros y sombríos”.

A pesar de ello su aporte a las letras latinoamericanas fue
notable, y formó parte de mi aprendizaje y formación intelectual. Me quedo con
la frase de Abbadón el exterminador que
más me identifica como militante peronista:
“”la guerra podrá ser absurda o equivocada, pero el pelotón al que uno pertenece,
los amigos que duermen en el refugio mientras uno hace guardia, eso era
absoluto”.

Quizás su espíritu este recorriendo su Rojas natal, la
plaza Lezama como en El Túnel o
tomando un café con Dostoyiesky y sus admirados maestros más allá de nuestra
miradas acusadoras.

Mis condolencias y respetos a su familia por una
pérdida irreparable de un pensador argentino que, aunque muchas veces en la
vereda opuesta, compartíamos el mismo camino por el amor a nuestra Patria.

Que su alma descanse en paz.

Adiós Maestro!





     

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