24 noviembre 2011

UNA MUERTE MÁS


El asesino Bussi se muere lentamente en un sanatorio privado de la capital de la provincia en la que cometió la mayoría de sus múltiples crímenes. Muere lentamente, pero no lo suficiente. Eventualmente, se extinguirá. Si su cerebro criminal no estuviera ya licuado y muerto, acaso estaría sufriendo. 
Y bien que se lo merecería. 
Infligió el dolor y el tormento como método, violó cuerpos y voluntades. Mató y mandó matar. Y ahora muere él mismo, intocado de cualquier venganza, sólo víctima de su propio deterioro natural.
Qué pena que se le ahorre el sufrimiento final a este cobarde hijo de puta, a este criminal cagón que sólo se travistió de valiente cuando usó el poder armado del Estado para asesinar sistemáticamente al pueblo. Qué pena que ya esté cerebralmente muerto, que no se enseñoreen los dolores en su carne. Ojalá fuera diferente.
Morirá, hoy o mañana. Y será parte de una historia de horror que no permitiremos que se olvide. Y maldeciremos su memoria por generaciones. Pero si fuera posible, yo preferiría para él, que se imaginó como un guerrero valeroso, el olvido más absoluto. Quisiera que nadie se acordara de su nombre. En cualquier caso, su muerte será una más, la menos importante de toda esa cadena de desgracias que él mismo provocó. Porque cualquiera de sus víctimas es más importante que él.
Porque no fue un guerrero valeroso, ni siquiera un tirano sangriento. Fue, apenas, un gendarme asesino de un imperio que empleó a miles de siervos como él, que actuaron de verdugos de sus respectivos pueblos. Y de ser un césar todopoderoso, terminó lloriqueando patéticamente, asquerosamente, para que no lo metieran preso. No lloró ante una mesa de torturas, porque nadie lo puso ahí. Y se cagó igual.
El general Toranzo le escribió a Uriburu en 1930: "cuando pienso que una hiena como usted se disfrazó durante cuarenta años con el unforme de los defensores de la Constitución, no hallo monstruo con el que compararlo en los anales de nuestra historia". Bussi pertenece a esa camada de verdugos que se disfrazó también con el uniforme del Ejército de San Martín. 
Quiera Dios que agonice mucho tiempo más.
MP

UN DISCURSO PARA LA HISTORIA

17 noviembre 2011

LOS DESVÍOS IDEOLÓGICOS


Y sí, así como hay "más papistas que el Papa", hay algunos muchachos que por el interés sectorial matan a la madre. Si estamos todos dentro del mismo Proyecto y obedecemos a la misma conducción, ¿a santo de qué se sale a "alquilar" el discurso opositor? ¿Será para obtener algún rédito para el propio kiosquito?
Decía Perón que un compañero que empieza a trabajar en contra de otro compañero, es que se ha pasado al bando contrario. Y debe de ser así, nomás, dada la insistencia de algunos "compañeros" en atacar decisiones, proyectos y personas que representan cabalmente la esencia del Proyecto Nacional iniciado por Néstor en 2003 y continuado por la compañera Cristina.
Parece increíble que algunos se pongan en posición de ignorar olímpicamente las abrumadoras cifras de apoyo popular de Cristina, contraponiendo a semejante plebiscito una serie de dudosas representaciones acotadas a sectores decididamente minoritarios, como si fueran la misma cosa. Ser militantes es ser ORGÁNICOS. No hay vueltas.
Cualquier otra cosa, constituye una decidida desviación ideológica. Se trata de tránsfugas pequeños, enemigos travestidos de "amigos", gorilitas de cuarta, agentes de intereses corporativos que nada tiene que ver con las políticas de inclusión y ampiación de derechos que lleva adelante el Gobierno Popular.
En el día del Militante Peronista, los verdaderos compañeros, que no están en "rebeliones" de cartón pintado, sino que acompañan a pie firme el camino hacia concreción de la Revolución Justicialista, sin estupideces ni desviaciones, deben preguntarse si estos gorilas afeitados que declaman un peronismo que no sienten ni practican deben continuar compartiendo el mismo espacio con ellos.
Primero está la Patria. Lo demás es verso.
MP

10 noviembre 2011

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS (Y SUS COSTOS)


Ya se ha abordado aquí el tema de la anomalía que representa la ciudad de Buenos Aires como "estado autónomo" dentro del contexto de una república federal. No es una provincia, no es un estado cecesionista ni un estado "libre-asociado".  Es apenas un municipio demasiado pretencioso.
Hablemos claro, la situación porteña es un contrasentido histórico y constituye la anulación de facto del concepto de federalismo. Recuerdo que una tapa de la revista Barcelona ironizaba sobre las intenciones de la Sociedad Rural diciendo "Hay que retrotraer la situación a 1880" y eso es lo que efectivamente se hizo con la creación de la ciudad autónoma: retrotraer la situación de la ciudad al estado de cosas impuesto por los liberales, desde Rivadavia hasta Sarmiento (y no hablo de calles). Integrar a la ciudad-puerto a la Nación costó una guerra civil, librada entre las fuerzas nacionales bajo el comando de Roca y la presidencia de Avellaneda, y los irregulares porteños, armados y pertrechados por los corsarios británicos, a las órdenes del mitrista Carlos Tejedor. Sólo por la fuerza se pudo poner fin, en aquél tiempo, a semejante distorsión geográfica, política y económica. Dicha integración duró tan sólo 114 años.
Un monumental acto de aparcería política, un vergonzoso toma y daca entre Me*em y Alfonsín, cerró este ciclo. Lo llamamos Pacto de Olivos.
También se ha opinado aquí sobre la pretendida "sofisticación" del electorado porteño, un concepto abiertamente racista que, curiosamente o no, se ha naturalizado en el relato mediático y hasta en la cotidianeidad. El votante porteño se considera mejor, de hecho, que cualquier compatriota suyo de cualquier provincia. Más inteligente, más "fino" en el análisis político que genera su toma de decisiones a la hora de emitir sufragio. Una reverenda estupidez, además de una mentira xenófoba.
El porteño medio podrá considerarse un refinado europeo exiliado en el culo del mundo y rodeado de negros cabecitas que votan por el chori y el vaso de vino. Podrá creer que es un sofisticado árbitro de la política, con altos niveles de información y todo eso. También puede creer en los Reyes Magos. Lo único cierto es que, con la reelección de Mauricio Macri, con un porcentaje altísimo en segunda vuelta, confirmó a todo el país que no es ni refinado ni sofisticado, sino apenas tilingo.
Esa tilinguería tiene costos, claramente. Votar a un millonario inútil para gobernar significó, además de la enormidad de confiar la administración pública a un inepto que sólo puede exhibir retrocesos en los temas principales como la educación y la salud, sino también condonar de manera cómplice el retiro del Estado municipal de la obligación de controlar, fiscalizar e intervenir en las relaciones entre los ciudadanos y el "mercado".
Entre todos los contrasentidos históricos que representa la autonomía porteña, está el hecho de que gobierne en ella un grupo ideológico que representa una corriente de pensamiento que ha causado un genocidio social en los noventa. Aquí en la Argentina, no en Marte. Y que ahora mismo está arrasando Europa. Es decir, los porteño, este mismo año, han elegido ser gobernados por políticas que representan el saqueo, el desempleo masivo, el desguace del Estado y la ley de la selva económica.
Buenos Aires concentra una altísima renta per cápita, pero no produce nada. Y si no capean el desempleo y el caos social, es porque disfruta de las mieles de un Proyecto Nacional que ha puesto al país en una situación de bonanza general. Como un pólipo adherido al cuerpo del país, Buenos Aires sube sin empuje propio y goza de los beneficios del Proyecto del cuál sus votantes han elegido diferenciarse. En una palabra: tilinguería. Claro que esa actitud tiene costos. Y esos costos no se hacen esperar.
Cuando gobierna una ideología para la cuál el bienestar humano tiene interés cero, apenas se rasca la superficie, se nota la descomposición. El "dejar hacer" del estado municipal porteño ante la voracidad de las empresas privadas, rémora evidente de aquél viejo neoliberalismo conservado en formol por el macrismo, mata, perjudica, olvida, pospone. Los ciudadanos están inermes ante el derecho de las bestias ejercido por los grupos empresarios en esa zona liberada que es Buenos Aires. Que se lo pregunten sino al pobre hombre que murió bajo los escombros del edificio de la calle Mitre, derrumbado por la mala praxis de la empresa constuctora que levantaba una torre medianera de por medio. Y a tantas otras víctimas de la ley del más fuerte que rige en la ciudad. No se trató de un desastre natural, sino de la ineficiencia de un estado retirado de sus funciones. Los vecinos del edificio durmieron en la calle y después en los apestosos "refugios" de la ciudad; y lo harán durante bastante tiempo más. Eso sí, Macri y Rodriguez Larreta los acompañaron desde el Twitter.
Resulta bochornoso ver, no sólo la protección cómplice que el Grupo Clarín hace del elenco de inútiles que desgobierna la ciudad (un auténtico aguantadero mediático), sino contemplar cómo un ministro (Montenegro) miente con todos sus dientes para ocultar que NO SE BUSCÓ al hombre que había desaparecido, porque los "técnicos" macristas aseguraban que había peligro de derrumbe, aunque la parte del edificio que no había sufrido el socavamiento de sus cimientos sigue en pie, apesar de una terrible grúa de demolición que no pudo con él. Eso se llama abandono de persona y creo que tiene consecuencias legales.
Los muchachos macristas están habituados a dos cosas, históricamente: mentir y echar culpas hacia otro lado. En este caso, con la muerte de este hombre, sólo queda mentir. Pero quizás estamos todavía a tiempo, Grupo Clarín y Durán Barba mediante, de que sea el Gobierno Nacional el culpable del derrumbe.
De lo que no será culpable el Gobierno Nacional, es de que los porteños hayan votado a semejante inútil, solo para demostrar a todo ese país lleno de negros, que ellos son diferentes. Que pertenecen a una elite. Pertenecer tiene sus privilegios, y sus costos.
Lástima que siempre lo pagan los más débiles.
MP

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