LAS VERDADES OCULTAS DEL "DIÁLOGO"


Endeudar al Estado, devaluar, eliminar retenciones al pool exportador sojero. A esto se reduce la agenda del republicanismo opositor, en sus variantes properonista y gorila. El compromiso de estos sectores políticos con el reclamo patronal agrario y con los grupos concentrados del poder económico-financiero es de una conmovedora fidelidad.
Desde la asunción de Cristina Fernández a la presidencia de la Nación, tiene lugar una escalada (y como tal, creciente) de esta entente político-empresarial para perpetrar una auténtica e impiadosa restauración del rancio conservatismo económico que causó en estas tierras el peor desastre socio-económico de la historia.
Nada de esto es nuevo. Sin embargo, no deja de maravillar la impunidad con que el discurso mediático (gran factor de aglutinamiento sectorial, opositor y retardatario) "fabrica" instancias del intercambio político que, en una democracia sana, debiera corresponder a la espontánea dinámica del sistema de representación. Así, en lugar de que los partidos opositores expresen genuinas aspiraciones de cambio por parte de los ciudadanos, son apenas oficinas burocráticas del lobby empresarial, agrario o financiero y su agenda, como se dice más arriba, se corresponde exclusivamente con los objetivos de los sectores mandantes.
Esta construcción de una estructura política destinada a proteger los privilegios de los sectores de poder (siempre y por definición, contrapuestos con los intereses populares), tiene su entronización final en el relato mediático, totalizador y totalitario, que ejerce la tarea de "persuadir" a una buena parte del electorado, de que los objetivos políticos de los grupos poderosos expresados por los partidos, son en realidad, de su propia conveniencia. Dicho en términos sencillos, convencen al pueblo de votar en contra de sí mismos.
Esta situación perversa, de lastimosa tergiversación de la representación política democrática, intercambiada con una representatividad inversa, en la que los partidos terminan por ser lobbystas del poder sectorial económico ante el ciudadano común, conlleva una construcción discursiva destinada a ocultar las verdaderas intenciones de los mismos. En una palabra: hasta en el caso de una clase social anestesiada por el poder mediático hay cosas que no se pueden decir abiertamente.
En cambio, se discursea sobre ciertos tópicos "idealizados", que de tanto machacar, han terminado por ser naturalizados, convertidos en el "sentido común" construido para consumo masivo. La estrella de esta estrategia son las palabras mágicas de republicanismo restaurador: "diálogo" y "consenso".
Si algo ha demostrado la oposición más frenéticamente destituyente, desde 2007 en adelante, es la más absoluta negación para cualquier nivel de diálogo con el oficialismo. Entendido el diálogo como un intercambio en situación de relativa igualdad y respeto mutuo, esta instancia, en medio del terrorismo verbal opositor suena a sarcasmo. Es claro que el "diálogo" con el gobierno nacional que ciertos sectores políticos imaginan, se reduce a un dictado de condiciones de rendición. Este es el verdadero diálogo que esperan. El "consenso" será, en este contexto, que el gobierno acepte esas condiciones leoninas en los puntos claves de la restauración. Nada más.
Sin embargo, la construcción verbal es engañosa: pour la gellerie, como se retraduce en lenguaje formal el término "para la gilada", los lobbystas republicanos se pasaron casi dos años reclamando "diálogo y consenso" al gobierno, tan sólo para rechazarlo cuando el mismo es convocado.
Si hacía falta algo para entender las verdades ocultas tras el pedido mediático opositor es la actitud de Elisa Carrió, Gerardo Morales, Francisco de Nárváez y Felipe Solá ante la convocatoria gubernamental que se formalizó ayer. No les interesa dialogar, sino derrocar. Los tiempos de la democracia les son intolerables, amargos y lentos. Buscan el atajo. Allí está Honduras como ejemplo regional. El "diálogo" hondureño fue secuestrar al presidente y sacarlo del país. Y luego fingir una democracia legal (tarea difícil) con fuerte apoyo mediático. Son muchos los argentinos del bloque restaurador que miran con atención la lección hondureña. No crea el lector el fingido desinterés del republicanismo mediático (Grondona, Morales Solá, Mirtha Legrand, Enrique Pinti, etc) por la cuestión. El ejemplo está allí, el modelo a escala está en estudio. No nos engañemos ni osemos pecar de ingenuos.
En este clima político, en el que el ataque corporativo se expresa en una fanática representación política, el pueblo deberá darse un momento para reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones. Muchos no parecen comprender que lo que ocurra en el país será, en buena medida, responsabilidad suya. En esa "otredad" que propone el discurso antipolítico de ciertos medios y personajes, la responsabilidad es siempre de alguien más. Después, cuando todo estalla, a lo sumo se golpeará una cacerola para exigir, a voz en cuello y con patriótico ardor, "¡que se vayan todos!"
MP

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