DERECHOS Y HUMANOS


Macri (que es Maurizio, el inútil intendente de la ciudad de Buenos Aires) es el botón de muestra de la gestión de la "derecha moderna": la misma vieja mezcla rancia de liberalismo económico, darwinismo social y fascismo político.

El pedido de "disculpas" por haber incorporado a un ex comisario corrupto de la Federal como un nuevo y puro oficial de la policía metropolitana es una farsa, porque la incorporación de esta clase de elementos DISTA de ser azarosa. Es parte de un plan que apunta a poner en las incapaces manos de Macri una fuerza represiva. Porque hasta el más tonto comprende que las políticas socio-económicas que representa, el proyecto que impulsa, no se sostiene sin represión. Si las clases trabajadoras ven cercenados sus derechos a educar a sus hijos gratuitamente, de atenderse gratuitamente en hospitales públicos de calidad, de acceder a servicios mínimos. Si las clases populares contemplan el progresivo movimiento de trasferencia de esos derechos hacia las clases más privilegiadas, habrán de protestar. No puede ser de otra manera. Y la protesta será genuina, lejos de los aparatos troscos movilizados por la plata de Clarín que tanto barullo mediático meten. Será una protesta real, de ciudadanos que quedarán relegados por detrás de ese muro que es, virtualmente, la Autopista 25 de mayo. El "sur" psicológico donde el intendente derechista ha decidido depositar a esa masa de seres marrones que no cuadran en la imagen aria y palermitana de los "vecinos" que invoca constantemente en su dificultosa verba.

Para esto, para la ira social que provoca la exclusión planificada, la derecha siempre tuvo la misma receta: represión. Por eso es que la metropolitana fue y es el proyecto PRIORITARIO del Pro en Capital. Sin este elemento, no pueden perdurar.

El proyecto político derechista en la argentina, carece de sorpresas. Desde los balbuceos retardados de Reutemann a la labia garca, de vendedor de celulares, de De Narváez. Desde la media lengua de Maurizio Macri al admonicionismo estilo Savonarola de Carrió, desde el tartajeo cobarde e incomprensible de Cleto a las idioteces lisérgicas de Duhalde. Toda esta bolsa de bosta ofrece lo mismo que ofreció la derecha argenta desde siempre, con las variantes mínimas para la coyuntura y que se resume en dos palabras/concepto que engloban a todo lo demás: AJUSTE y REPRESIÓN.

Por eso no es casualidad que Carrió diga que los hijos apropiados de Ernestina Herrera son hijos de su sector político. Al decir "nuestros" no sólo cumple con su contrato laboral ante el Monopolio, sino que define un campo ideológico en el que se apiñan seres como Cecilia Pando o Mariano Grondona, unidos todos en la común defensa de los criminales de la dictadura cívico-militar de 1976. Si reivindicar el crimen de la apropiación de niños no fuera suficiente como para dejar en claro cuál es el proyecto que sostienen, allí vendrá detrás Duhalde y su sutileza de degollador para pedir el fin de los juicios y el comienzo de la impunidad. Derechos y humanos, los derechistas argentinos desconocen las variantes, ignoran los matices. A la hora de los bifes, y todavía con las invocaciones al diálogo y al consenso en la boca, se limitan a sacar la 38 y apuntar a la cabeza. Son eso: gerentes de un proyecto que requiere de la impunidad, porque requiere de la reivindicación de los crímenes sistemáticos de lesa humanidad como parte de esa "pacificación" mentirosa donde "querer a Videla" no será un crimen ni una apología del delito. Será parte de la "pluralidad" que la derecha ha planificado para el país que viene.

Imagine el mismo escenario, lector, en Alemania. Imagine a algún político pretendidamente democrático justificando el accionar nacionalsocialista. O diciendo que deben convivir "los que quieren a Hitler, los que no lo quieren". Imagine a periodistas defendiendo a los carniceros de Auschwitz porque "son viejitos", a periodistas negándose públicamente a adherir a la recordación de las víctimas del nazismo porque "el gobierno se apropió de eso", como dijeron a coro Nelson Castro y Ernesto TNembaum aquí. Es un ejercicio interesante, porque es fácil comprender que todos estos elementos provocarían el inmediato rechazo de la sociedad democrática.

Aquí, sin embargo, este tipo de apologías forman parte del discurso hegemónico político-mediático, parte del "sentido común" de cierto sector social que es cliente de este discurso. Quizás en algún momento llegue la condena para actitudes así. Lo de Castro y TNembaum, utilizando la palabra "apropiación" para criticar al gobierno mientras trabajan en la empresa de y se esfuerzan todos los días para defender a una apropiadora, es ciertamente grave por la carga de cinismo intolerable que guarda. Son provocadores de baja estofa, que juegan con cosas que no tiene repuesto.

Vivimos momentos de definición. Hay dos modelos bien definidos sobre la mesa, a consideración del pueblo. Son ellos o nosotros.

No hay otra cosa.

MP

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