LA RAZÓN DEL SILENCIO


¿Qué es lo que no se puede decir?

La ya muy trajinada situación evidente del "Rejunte A" y (principalmente) de sus socios mediáticos, indica que existe una deliberada estrategia de ocultar ciertas cosas que no conviene hacer públicas por razones obvias. Esto no es nuevo, desde ya. Pero sigue ocurriendo con una asiduidad cada vez mayor. Desde lo exponencialmente más grande, como la apropiación presunta de hijos de desaparecidos por parte de la dueña del Grupo Clarín, hasta lo micro, como es la falta de propuestas opositoras acompañando a las constantes críticas al accionar del Gobierno.

Dicho de esta forma, las cosas se vuelven cristalinas: en la cuestión de un crimen de lesa humanidad que sigue cometiéndose, a cada hora de cada día, ahora mismo; ante esto, el silencio es la más llana y pedrestre de las complicidades. Aquí la razón del silencio es más sencilla de dilucidar: los periodistas del grupo Clarín, por acción u omisión, están actuando como cómplices del delito presuntamente cometido por la dueña de la empresa, al obedecer la omertá decretada desde la cabeza de la compañía. Esto fue señalado recientemente por Héctor Timerman en un derecho a réplica publicado en el propio diario Clarín:

"¿Y los jóvenes Herrera Noble? En un país en que aun permanecen más de 400 chicos secuestrados por los asesinos de sus padres no intentar el esclarecimiento de la identidad de esos dos jóvenes no es haber sido un cómplice de la dictadura, es ser cómplice ahora, hoy, en este instante de un crimen que lesiona nuestra dignidad. ¿Los periodistas de Clarín no deberían exigir saber si trabajan para apropiadores de niños y empresarios que obtuvieron un bien perdido por una familia en una mesa de torturas?"

Este dilema moral abordado por Timerman revela la razón misma del silenciamiento de la información: la decisión empresaria es ideológica y en tal sentido, el encolumnamiento con las decisiones debe ser incondicional. Es eso o salir eyectado. Lo que resulta extraño (quizás no, no lo sé) es que no trasciendan casos resonantes de periodistas de primera línea que se resistan a este alineamiento, más en un tema de semejante significación. Periodistas que basaron su carrera previa, incluso, en la reivindicación de los derechos humanos.

Supongo que la razón reside aquí en el odio. Quiero decir, el odio al gobierno kirchnerista junta la mierda con el dulce de leche y forma, de resultas de esa mezcla, un nuevo tipo de periodista/militante de la causa empresaria, como quizás nunca antes en la historia de la profesión. Signifique lo que signifique, se defiende todo desde una postura ideológica que disculpa todo, en orden de combatir a un gran mal, optando por el mal teóricamente menor. Esto es varias cosas, pero principalmente es cobardía, pichonismo, el temor a perder el poder por carácter transitivo que otorga la posición dominante del grupo en el mercado informativo y el temor a perder el jugoso ingreso con que el Monopolio premia la lealtad de sus operadores. Esto no tiene disculpa, digámoslo de una buena vez, porque aún el colaboracionismo con la dictadura militar tuvo, quizás, como excusa el miedo. ¿Cuál sería la excusa ahora? Existe, pero tampoco se dice. Es el odio. Lisa y llanamente.

El los yermos territorios opositores, a nivel político quiero decir, la complicidad mediática es tan fundamental como el aire que se respira. Allí, lo que no se puede decir no tendrá, quizás en primera instancia, la enormidad del crimen de lesa humanidad, pero en el mediano plazo significa un daño serio a la economía del país y al bienestar del pueblo: el ajuste.

Está visto que el oposicionismo resulta mediáticamente redituable en lo inmediato. En esa alianza sucia de intereses cruzados, los políticos del Rejunte A y los dueños de los medios se necesitan mutuamente. La meta de ambos es la restauración de ciertos resortes del libre mercado que permitan la estabilización de las ganancias sin la molesta intervención del Estado. Endeudar al país es negocio para los bancos y las consultoras que forman parte del mismo entramado empresarial que necesita terminar con las trabas a las exportaciones/importaciones, con los subsidios y con los planes sociales. Cualquier libro de economía de cuño liberal (lo único que se enseña en las universidades argentinas) indica que la inflación se baja incrementando en cuatro o cinco puntos el desempleo y bajando consecuentemente el cosumo popular. En buen romance, enfriando la economía. ¿No le llama la atención a usted, lector, que los medios concentrados hagan tanto lío con una inflación que tiene causas bien claras y que es apenas más elevada que lo que se corresponde con este modelo económico? Si no le sorprende, vamos bien, porque lo que ocurre es que ellos tienen un plan, que es, palabras más palabras menos, lo que le he detallado arriba.

Le van a venir con el caso de Chile o de Uruguay. Y es fantástico, porque lo que no le van a decir ni Melconián ni Broda es que una de las principales diferencias con estos países que tiene el modelo argentino es la existencia de sindicatos fuertes que negocian salarios en espiral ascendente. O sea que el ingreso popular no se deteriora a la misma velocidad que lo haría si éstos estuvieran congelados, como en el menemato. Esta situación acelera el consumo. Si fuera solamente el libre juego de estos dos factores, estaríamos hablando de una inflación menor, pero aquí se han sumado una serie de datos reales que implican factores climáticos y especulación pura y simple. La carne es el ejemplo perfecto de cómo se puede desacomodar toda la cadena de precios, con sólo retener el ganado en los campos para aprovechar los pastos nuevos crecidos después de las abundantes lluvias.

Esto es lo que se elige no decir. Las recetas opositoras ante el brutal desfinanciamiento del Estado que proponen, via redireccionar el ingreso por el Impuesto al Cheque son impronunciables, porque signfica blanquear un ajuste salvaje que ya se practicó en la Argentina. Lo mismo que para la inflación y la deuda externa.

¿Hasta dónde nos conduce este camino? La cadena de complicidades es gigante. Y toda obedece a la razón del silencio. Lo que no se puede decir.

MP

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