DEMASIADO TARDE PARA LÁGRIMAS


En el recuento no definitivo, el candidato neoliberal Mauricio Macri, ha obtenido un aproximado de algo menos de 800.000 votos más que el candidato peronista Daniel Scioli. Significa, en pocas palabras que es el ganador de la segunda vuelta electoral.
Las matemáticas en política dicen poco si no se las contextualiza en el marco adecuado. Qué significa, además de lo obvio, para Macri, el haber sido consagrado presidente electo? Significa que tiene la necesidad urgente de construir poder, pues en la matemática política, está asumiendo con sólo tres puntos de ventaja por sobre su oponente. Es decir, que gobierno más débil de la historia nacional.
La coalición que llevó a ganar las elecciones a Macri fue (es, hasta cuando esto se escribe) una maridaje de necesidades. El aparato jurásico pero aún funcional de la UCR y el vecinalismo aspiracional del Puerto se necesitaron mutuamente porque ambos, por separado, eran inviables electoralmente hablando. El Pro venía de arañar un resultado ganancioso pero arduo en su propio e indisputado territorio capitalino y el radicalismo, que lleva unas larguísimas ocho décadas de decadencia ininterrumpida, está transformado en apenas un polvoso recuerdo de viejas glorias del siglo anterior sin perspectivas siquiera de presentar candidato. En resumen, la Alianza modelo 2015 se formó con los ávidos gerentes macristas y los viejos y astutos punteros radicales cuyo sello ya había estado en alquiler en varias oportunidades desde la muerte del último hombre con capacidad de conducción política surgido de sus filas, Raúl Alfonsín. A esta caravana, se fueron adhiriendo además las eternas sectas testimoniales del lirismo republicano gorila modelo Carrió y un progresismo cuya catadura "de izquierda" ya era dudosa en tiempos en que vivía Juan B. Justo. Ese recorrido alucinante, con una composición socio-política peligrosamente similar a la efímera Unión Democrática que enfrentó a Juan Perón en 1945, contó además con colectoras resbaladizas como el "partido" del economista Martín Lousteau y, en segunda vuelta, el apoyo calculado de los peronismos cavernarios de Córdoba y San Luis, rémoras del viejo lopezrreguismo setentista. Al Frente Renovador no se lo nombrará aquí como entidad política porque este posteo trata sobre cosas reales y no sobre decorados de fantasía para la televisión.
Finalmente, este, digamos, conglomerado de fuerzas, llegó al balotaje y hoy está estrenando presidente electo.
Vuelvo al principio. Macri necesita construir poder. Por qué, se preguntará el lector? porque es mucho más peligroso el vacío de poder que el abuso del mismo. Los intereses ocultos que palpitan detrás de la figura de Macri son de cuidado: grupos concentrados del poder financiero transnacional, los grandes pools de siembra y exportación de grano, los grandes empresarios, el Poder Judicial en franca rebelión contra el Ejecutivo y los medios concentrados, intactos después de seis años de "guerra" contra el gobierno kirchnerista. Más intactos que nunca y más transformados en usinas de propaganda política que jamás.
Todos ellos, son factores de presión que no se caracterizan por su paciencia. De hecho, llegan al poder detrás de Macri y recién en 2015 porque no dispusieron de la Fuerzas Armadas, como tantas otras veces en la historia, para saldar la ecuación y encaramarse en el gobierno para asegurar sus privilegios de clase.
Los errores del oficialismo kirchnerista que permitieron que esto ocurriera, será analizados en otro texto, porque merece una enumeración detallada. Una Ferrari no se choca igual que un Fiat 600, que me perdone Cristiano Ratazzi.
Pero llegaron. Y ahora el problema lo tenemos, por un lado quienes seremos las víctimas seguras y privilegiadas de las políticas que se van a desplegar (no hay fantasía en el mundo neoliberal: siempre 1+1 da 2, y siempre es con el pueblo fuera de la ecuación) y por otro, el propio Macri, que se encuentra con la tarea poco grata de desmontar pieza por pieza un Estado de Bienestar que, mal que bien, vuelca una ingente cantidad del gasto público presupuestado en diversos programas de ayuda social, jubilaciones, salarios, infraestructura y ciencia/tecnología.
Y digo pieza por pieza porque la dinamita suena a opción peligrosa, si bien más veloz. El uso de dinamita por parte de la anterior Alianza, degeneró en una estampida para huir del gobierno con 40 argentinos muertos por la represión, el país quebrado y sumergido en una crisis inédita. Algunos actuales funcionarios que acompañan al presidente electo, tienen el recuerdo seguramente a flor de piel de sus anteriores fechorías en este sentido.
Del salvajismo canchero modelo Colegio cardenal Newman de Macri diciendo que "el 11 de Diciembre" levantaba el mal llamado cepo al dólar, pasó el domingo a manifestarse "gradualista", plagiando a Scioli; para finalmente hoy negar que tal evento vaya a tener lugar en un futuro demasiado inmediato, aún ante la insistencia azorada de los empleados periodísticos de los grupos de poder. A veces la contabilidad es inexorable.
Macri sigue con las vaguedades y alejado de las precisiones que se esperan de un hombre que quería llegar al poder, suponiendo uno que si quería era porque ya tenía alguna idea de lo qué hacer con él una vez que lo tuviera. Pues no parece ser éste el caso.
Reside allí el problema: Macri tiene minoría franca en el Senado y debe recurrir a alianzas en Diputados para aprobar cualquier ley, al menos hasta las elecciones de medio término en 2017. Manejará los tres distritos más importantes del país (Nación, Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Puerto), las fuerzas federales, las Fuerzas Armadas, las aduanas, la petrolera estatal y la aerolínea de Bandera. Pero su legitimidad proviene de tres puntos de diferencia (si esto se confirma en el recuento definitivo) con el peronismo, que retuvo la mitad menos uno del electorado. Por mucho menos que esto, Carlos Menem renunció a la segunda vuelta en 2003. Y aún Néstor Kirchner tuvo que remar en dulce de leche por un 22% que era todo su capital político. Insisto, en este contexto, el capital político de Macri, nárrelo usted como prefiera, no llega a los tres puntos porcentuales.
Mamita.
En este frente tormentoso, los pícaros radicales han comenzado a abandonar silenciosamente el barco. Incluso la Gran Inquisidora de la moral pública, Elisa María Avelina Carrió, ha anunciado HOY su histórico renunciamiento. No ocupará cargos en el gobierno. Acompañará desde un humilde costado. Macri debe estar temblando.
Lo bien que hace, Lo mismo le hizo a De la Rúa. Nunca se hunde con el esquife, la doctora.
Y hoy fue el primer día de la transición. Faltan 17.
Quien esto escribe cree que los factores de poder intentarán un golpe de mercado. Un shock para apabullar a la población (puede ser obligando, como ya lo intentó el juez Bonadío. a una devaluación vía Mercado) y poder aplicar las medidas de "cirugía mayor" mientras la carne está trémula por el golpe. Es decir, hoja uno del manual del monetarismo friedmanita de la escuela de Chicago, intentando las mismas recetas desde 1973 en Chile y contando. En ese esquema, Macri muerde o es devorado, porque los intereses que representa son infinitamente más grandes que él y su partido de chicos elegantes  que hablan con el acento impostado de Palermo Chico. Lo que estos grupos necesitan hacer para restaurar sus privilegios dañados, requiere de algo más áspero que las fracecillas de autoayuda de Ari Paluch. Requiere sangre. Mire usted lector, la actualidad de Grecia, España y otros países de Europa o de la propia Latinoamérca, si no le interesan los libros de historia. Allí verá el modelo que los argentinos acaban de votar, en pleno despliegue.
Aunque sea demasiado tarde para lágrimas, anímese a mirarse en ese espejo. Hacia allí vamos. Con Macri a la cabeza o con la cabeza de Macri. Las fuerzas que se han desatado no se andan con chiquitas.
Es cuestión de esperar.
MP

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