VELOCIDAD 2.0


El ministro de Justicia, Garavano, justificó la fiebre decretista del nuevo presidente con varias razones de poquísima credibilidad. Por un lado argumentó que "estamos sin Congreso", lo cuál es literal, puesto que el gobierno macrista ganó raspando las elecciones y tiene amplia mayoría opositora en ambas Cámaras del Poder Legislativo. Pero en términos institucionales, el "estamos sin" no es real ni legal en tanto la Constitución Nacional faculta al Poder Ejecutivo para que convoque al Congreso a Sesiones Extraordinarias justamente cuando lo amerita la "necesidad y urgencia" que se invoca en el decreto 13/2015 (según me apuntan y corrigen los compañeros @lacorrientek y @chicoengels) del presidente Macri. Después, como un dato de color, el ministro agregó que, de todos modos, el Congreso Nacional había sancionado muchas "leyes insanas". Una puerta abierta a pasos político-institucionales más que graves que se mencionarán más adelante.
Como se verá, el intríngulis no es menor. El gobierno se hace el distraído, no sólo para soslayar la discusión política que inevitablemente generaría cada una de las más de doscientas medidas ya tomadas, sino que además, no convocando a Extraordinarias, se asegura que dichas medidas se cumplan con el apuro que caracteriza a la nueva gestión nacional. 
Macri NO HA cerrado el Congreso, desde ya. Al presente, no es ésa la situación institucional argentina. Pero gobernar entre Diciembre y Marzo a golpe de decreto sin convocar a los representantes del Pueblo pero en asociación con el Poder Legislativo, se parece mucho a un estado de excepción sui géneris.
Políticamente, existen pocas explicaciones racionales. Aún tomando en cuenta que este es el país de los hechos consumados (el mejor ejemplo son los aumentos de precios, los cuáles basta que existan para ser bendecidos por la realidad como "lo que hay" y nunca vuelve atrás), el presidente Macri se ha colocado en una situación de pocas salidas. Por ejemplo, la cantidad de decretos firmados en 15 días de gobierno (multiplicando por unas ocho veces la cantidad de los mismos firmados por su antecesora en ocho años) deberá ser explicada al pleno de la Asamblea Legislativa en el inicio de la Sesiones Ordinarias de 2016 por el mismo gobernante que se negó a convocarla, a pesar de existir, como se ha dicho, esa facultad otorgada por la ley. Por lo demás, se expone a que el Senado examine y eventualmente voltee cada uno de estos decretos, lo que generará un conflicto institucional de características poco previsibles, puesto que ante ese hecho, posiblemente el Ejecutivo se apoye en su poder co-gobernante, el Judicial y todo termine judicializado hasta el infinito. El país de la NO-política en todo su esplendor.
¿Qué explica el apuro del macrismo en desmontar los resortes básicos simbólicos del Kirchnerismo, como bien lo expone Tomás Boro aquí, sino la necesidad de contentar a los factores de poder real que lo pusieron en la Casa Rosada en una andanada restauradora feroz, que denota la ninguna paciencia que dichos factores tienen para con Macri, el que asumió el "puesto menor". 
Las restauración llevada a cabo por el macrismo no se caracteriza por ser sutil, por cierto: Una brutal transferencia de ingresos de los bolsillos de los trabajadores hacia los sectores concentrados del complejo agroexportador e industrial; la brusca devaluación que aún no ha terminado; la entrega de sectores estratégicos de la gestión del Estado a peces gordos del sector privado empresarial, la inflación y la angurria bancaria libradas al laissez faire del Mercado; el anunciado aumento generalizado de tarifas, los "regalos de navidad" al insaciable Grupo Clarín y muchos etcéteras, proponen un escenario socio-político asimilable a los dos años de gobierno de la infame Alianza de 1999, pero a velocidad 2.0 . Es decir, Macri y sus mandantes están "metiendo" ahora todo lo que pueden mientras el Congreso duerme, avanzan todo lo que dé y una vez que la democracia institucional esté funcionando a pleno, se verá qué se negocia. O cómo se sigue. Es una estrategia desordenada de prueba-error que atiende los reclamos más obvios y violentos de los poderosos a los cuales representa este gobierno. Factores que hace rato habían pasado de ser cirujanos a matarifes, pero que ahora tienen, por primera vez desde aquellos tiempos del fin del siglo, las manos libres para perpetrar su tarea. Que nadie dude de que lo harán, y a fondo.
En Marzo, se ha dicho ya, el presidente deberá explicar al Congreso por qué se salteó la ley para gobernar y puede que eso genere situaciones de gravedad política. Aún así, ya para entonces, las medidas implementadas habrán causado un daño de difícil reparación. No hay que ser Maquiavelo para entender que para cualquiera que quede en pie después del conflicto de poderes que se va a generar casi sin dudas (salvo que ocurra la mayor defección de la historia política argentina) será casi imposible volver a poner al derecho todo lo que Macri está dando vuelta, sin conflicto. Y conflicto serio.
Es decir, Macri está quemando en días lo que podría haber llevado años a un grupo social con urgencias menos animales.
Quedan incógnitas mínimas: si hasta ahora se las ha arreglado para prescindir del control parlamentario y el argumento esgrimido por el ministro de Justicia sobre "el Poder sancionador de leyes insanas" se lleva al extremo, ¿corremos el riesgo los argentinos que Macri intente emular al peruano  Fujimori o al uruguayo Bordaberry y decida gobernar sin parlamento hasta al menos 2017? La hipótesis puede parecer tremendista pero no es descabellada. No es muy factible que, habiendo llegado el poder, los grupos dominantes que ahora se han adueñado literalmente del país, contemplen impertérritos cómo un Congreso opositor los vuelve a cero. Como se ha dicho ya, la situación ofrece pocas salidas racionales.
Pasada la alegría vengadora de los sectores bajos y medio-bajos intoxicados con el relato mediático anti K y también hartos (debe decirse) de la propia innegable soberbia política del kirchnerismo, cuya percepción de la situación de su propia base electoral había desaparecido en los niveles de conducción tanto altos como intermedios; pasada esa resaca, el pueblo se encontrará en pocos días con la verdadera cara del gobierno de los empresarios y patrones de estancia.
Y allí se verán en realidad, los tiempos del presidente Macri.
MP

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