LA CAÍDA


En 2004 el director alemán Oliver Hirschbiegel llevó al cine una catarsis nacional. La película La Caída (Der Untergang) retrató de manera nunca antes vista, los últimos días de Adolf Hitler en el bunker de la Cancillería del Reich, en los días finales de la guerra. Fue un impacto mundial. No sólo por la inolvidable interpretación de Hitler lograda por el actor suizo Bruno Ganz, sino por los detalles humanos que el ojo del director retrató con una minuciosidad obsesiva.
Como todo aquello que impacta en la cultura popular, en la versión contemporánea de ese fenómeno, la película generó una de las herramientas más efectivas de acción y reacción en las redes sociales: el meme. La Caída generó uno de los memes más difundidos globalmente: la tensa escena en la sala de guerra del búnker, con Hitler ordenando sobre el mapa, movimientos tácticos de ejércitos que ya no existían en la realidad. 
Más allá de las bromas o los memes, esa escena -o esa situación quizás-, referida como real por varios historiadores, desde Hugh Trevor-Roper hasta Joachim Fest o Anthony Beevor, revela la realidad profunda de ese Hitler casi póstumo: el aislamiento terminal, la desconexión absoluta con la realidad que ardía a escasos trescientos o cuatrocientos metros de donde él estaba. 
El encierro de Hitler, no sólo estaba provocado por estar a 20 metros bajo tierra y con las comunicaciones complicadas. Lo estaba, en gran medida, por causa de que nadie del estado mayor militar que lo rodeaba, se animaba a decir la verdad al Führer. En esa escena está graficado crudamente. Nadie interrumpe a Hitler mientras despliega regimientos y ordena acciones militares en la defensa de Berlín. Nadie dice nada hasta que la situación se vuelve insostenible y el señalamiento de que todo eso que aparece sobre la mesa ya no existe en la realidad, provoca una tormenta de ira por parte de Hitler, quien se queja de que ha sido traicionado por los militares y por todos los demás. Es una larga y agotadora escena, con un ambiente tan bien logrado que transmite al espectador una incomodidad tremenda.
Sirve esa escena de esa película para graficar, de paso y sin caer en el postulado de Godwin, la actitud política de este Mauricio Macri post derrota en las elecciones primarias: la negación de una realidad adversa, la esperanza en factores que no están ahí y finalmente, ante la evidencia, echar la culpa a todos los demás. La definición del autismo político.
¿Qué país puede soportar un Pato Rengo de 120 días? No la Argentina, desde ya, en donde todo parece estar empapado en nafta y a punto de estallar en llamas. Y en donde el principal incendiario es el oficialismo derrotado en las Primarias. Entre lunes y martes, la estrategia del banco Central, por órdenes del presidente Macri, ha sido provocar una brusca devaluación de más del 20% en venganza por el voto adverso y, de paso, para hacer terrorismo económico de cara a la primera vuelta electoral de Octubre. El mensaje es sencillo, porque ya lo verbalizó el propio Macri en 2018 "si me vuelvo loco, les puedo hacer mucho daño" y que fuera retraducido ayer en "es tremendo lo que puede pasar, no podemos volver al pasado. Porque el mundo ve el fin de la Argentina". En otras palabras, toda la sociedad argentina es hoy rehén del grupo gobernante y pasible de castigo si no "se vota bien" como exigían antes del domingo algunos conocidos periodistas oficialistas.
Ante lo que es percibido como "voto castigo" se aplica un "gobierno castigo". En dos días, Macri le quitó al salario real un 20% adicional de poder de compra. Con estos dos días, el macrismo completó un ciclo devaluatorio que totalizó 488% en tres años y medio. Y eso sumado a tasas de interés que paralizan cualquier actividad económica y una hiper inflación que ya se ha echado a rodar y que aún tiene efectos imprevisibles.
¿120 días así? ¿120 días de un gobierno encerrado, aislado, autista en lo político y vengativo en lo económico? ¿A qué niveles de crisis institucional pretende llevarnos esta gente? 
El macrismo está "apuesto a todo" como balbuceó la tristemente famosa "señora Bisman", fiel representante del macrista promedio. Quien esto escribe cree que es un incendio para cubrir la huída. Pero lo cierto es que se hace evidente, que el gobierno no tiene herramientas para solucionar el desastre que ha provocado. Un desastre para mayorías en beneficio de micro minorías. En cualquier caso, la situación se presenta como insostenible. El encierro político que revela el grupo gobernante, buscando comprar ahora el voto de la clase media a la que destrozaron a golpes de tarifazos e inflación, con dos o tres medidas que son una curita en una pierna amputada y que aún así sólo se podrán anunciar con permiso del FMI y el Departamento del Tesoro de EEUU. La nada misma.
El macrismo es un ciclo terminado. La falta de reacción política ante una derrota electoral que casi certifica el fin del sueño reeleccionista, ese evidente espíritu de venganza contra los votantes a los que perciben como desagradecidos, significan solamente un encierro imposible de revertir. El problema ya no es de Macri y su banda, es nuestro, de todos los argentinos. 

Volviendo a la pregunta previamente formulada: ¿120 días más de ESTO?

MP

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