SIN AGENDA, PERO...



La cadena nacional que brindó el presidente el 18 de marzo impactó por inesperada. Y por nada más.

Desde el arranque voy a avisar que acá no se critican las cadenas nacionales por sí mismas, un lugar común de la santurronería republicanista. Por el contrario, creo que se trata de una herramienta poderosa de comunicación directa de los actos y decisiones de gobierno. Una finta para esquivar los excesivos canales de reinterpretación que padecemos a la par y, como consecuencia de, la hiper concentración mediática.

Dicho esto, el primer uso de la herramienta hecho por el presidente de la Nación nos dejó en una situación de confusión: el "sabor a nada" -valga la cita al título de aquella canción de Ramón Bautista Ortega- propuso una situación poco frecuente, y es que no dijo nada. Habló, desde ya. Pero sin un sólo anuncio en el contexto de un evento que es (y debe ser) importante en sí mismo, con las decisiones diarias que impone la pandemia como telón inevitable de fondo y la crisis mundial por el incumplimiento de los fabricantes de vacunas contra el Covid19, sumado esto a la concentración plutocrática de dosis que 18 países centrales perpetraron en detrimento del resto del mundo y sus habitantes, una cadena nacional debía rendir para algo más que para un "se complicó, cuídense". 

El mensaje del presidente fue, en los hechos, el prefacio comunicacional de la conferencia de prensa de la ministra Vizzotti del día siguiente, luego de la larga reunión del CoFeSa con alguno de lxs ministrxs de salud de las 24 gestiones presentes y el resto por zoom. En la conferencia, la ministra dejó en claro que ya no hay tiempo para evitar el impacto de la segunda ola de la peste y de paso, hizo constar en actas que las vacunas escasean. Y que esa situación de escasez acaso no vaya a mejorar en lo inmediato.

¿Por qué era necesaria la aclaración sobre la situación de la falta de vacunas? Bueno, sencillamente porque la oposición (la política, la mediática y la judicial, tres cabezas de la misma criatura) mutó con liviandad de fanáticos antivacunas a fervorosos demandantes de las mismas. De campañas furiosas e intensivas que sembraron desconfianza, dudas, falsedades y terror, pasaron a ser los cruzados del "venga el líquido". Un acto de contorsionismo digno de verse por su espectacularidad.

Pero el problema no son ellos, que perpetran estas maromas de saltimbanquis sin el menor costo (en lo que refiere al ala política, por obra y gracia del inmutable Teorema de Baglini; y por puro y bruto poder en el caso de los otras dos elementos ya enumerados). El problema, si se me permite la repetición, somos nosotros.

No es la comunicación. No. Mejor dicho sí, es. Pero no es lo peor. No es el asunto principal. La falta de pericia comunicacional, los errores no forzados, el amateurismo evidente son instancias constitutivas de una situación particular: la coalición gobernante no ha acercado a los mejores cuadros a los puestos decisivos de la emisión del mensaje oficial. Pululan por allí señores de la guerra, tribus menores, y jugadores vocacionales. Todos haciendo la suya y, si se quiere ser benévolo, moviendo según su mejor y honesto saber y entender. Pero yo no soy benévolo. Punto.

Entonces, la comunicación no es. Bueno, ahí entra a jugar otro factor, fundante sin necesidad y prestigioso sin buenas razones. Los Rómulo y Remo de la progresía mediopelera: los gemelos Diálogo y Consenso.

Usados en dosis homeopáticas, estos dos engendros no hacen daño. Tampoco hacen bien, pero, como dijera en una línea gloriosa don Osvaldo Miranda en una película de hace mil años, son como la niebla: no hacen daño pero molestan. Simplemente porque el poder está para ser ejercido y la discusión política tiene ámbitos propicios para ser llevada adelante con todo el diálogo y consenso que se desee, tanto en el poder legislativo como en la calle. Pero las decisiones del poder no se dialogoconsensúan, se ejecutan. El poder decide. Cuando te toque a vos (SI te toca a vos), decidirás y afrontarás las consecuencias. Mientras tanto, correte que estamos gobernando. A esto se reduce mi concepto del poder, con la dispensa del florentino más famoso. 

Entonces es acá cuando llegamos al nudo del problema: tenemos una oposición en desbandada después de perder una elección que pensaban ganar y de quedar afuera de un gobierno que esperaban conservar de manera vitalicia. Una oposición sin agenda que porta desde el día uno la bandera de la irracionalidad y cuyo único comando estratégico son los medios de comunicación asociados al poder real. Y sin embargo, esa no-agenda suele permear la agenda del gobierno nacional de una manera alarmante. El ejemplo más vistoso: los destructores de la educación pública se transformaron, por causa de la no beligerancia del gobierno en defender su posición, en los adalides de la vuelta al colegio, concediéndoles razón implícita, además, en la cuestión del "regreso" como si los docentes, los pibes y las familias, no hubieran hecho nada en todo el año 20 y acá llegaran ellos con la antorcha de la luz en la noche de ignorancia. ¿Hacía falta entregar tanto? ¿Tanto miedo se le tiene a la tapa de Clarín? ¿Tanto miedo de quedar tachados de "irracionales K"? Bueno muchachis, les aviso que eso vino gratis. Ya está y no habrá cristo que lo cambie. O se asumen como parte de una guerra que ya está declarada y pelean (peleamos) o, bueno, ya sabemos todos qué hace esta gente cuando gana.

Vuelta a la cadena nacional. La razón de fondo es la misma: que "ellos no puedan sospechar que hay algo raro". Cuidarse siempre las espalditas ante unos orcos que en cuanto te ganan esa espalda no sólo te meten el gol sino que también, alegremente, te clavan un puñal para que no juegues más. Ojo con la tapa de los diarios de mañana y todas esas maricadas, como diría Pablo Escobar. Y así no es, chicxs.

Yo no doy consejos pero digo lo que me parece. Y me parece que hay que poner las cosas en claro. La segunda ola de la peste será inevitable en gran medida porque vastos sectores de la población tienen  comprado y digerido el discurso libertario. Y porque gobiernos de macrismo superviviente, como el de la ciudad autónoma, se rieron en la cara de la autoridad nacional sin consecuencias y validaron ese libertarianismo imbécil y peligroso desde el primer momento. Entonces todas las virtudes de la gestión, que son indudables y que salvaron miles de vidas (basta con mirar los resultados de las gestiones neoliberales de países vecinos para entenderlo), se pueden disolver en montañas de muertos si se sigue cediendo a la presión de unos lúmpenes sin política pero con el poder real detrás, a quien no le importa nada la vida o la muerte de nadie que no sean ellos mismos.

Basta de tratar de salir bien en la foto, gente. Somos peronistas, nunca salimos bien. Asuman eso y ejerzan el poder como se debe. Porque de eso depende todo lo demás. 

MP

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